miércoles, 29 de septiembre de 2010

Hey =;

Hola!! Bueno, hago esta pequeña entrada porque al publicar el Cap. 36 "¿Qué? ¿Ya? Rayos, me tomó desprevenida" sin querer había puesto el premio antes, es decir: comencé a escribir el capítulo y lo dejé por la mitad y luego publiqué el premio y después el cap. jaja ups $: Bueno, era para que supieran que allí está el cap nuevo debajo de la entrada "Premio :D"!! Y recuerden: 7 comentarios o no hay uno nuevo :D
De nuevo gracias a todas por su apoyo y por sus comentarios!!
Besos,
La autora(:

martes, 28 de septiembre de 2010

Premio :D




Normas: Crea un post en tu blog, copia la imagen y las preguntas. No olvides mencionar quién te ha taggeado. Luego respóndelas y finalmente taggea a 10 bloggeras.


Muchísimas gracias a Xcaret por este hermoso premio y a demás por tener un blog maravilloso!! De verdad se los recomiendo(:

Preguntas:

1. ¿Por qué te creaste el blog?
Pues desde pequeña me gusta escribir e inventar historias, y un día imagine esta y pensé que sería lindo publicarla :D. A demás, me encanta poder crear un mundo nuevo, donde yo soy la que pone las reglas y dicta lo que pasará y lo que no... Me encanta crear todo ese romanticismo que hay entre Thomas y Elizabeth y tratar de hacer que el lector se meta en este mundo (mi mundo) tanto como yo...(:

2. ¿Qué tipos de blogs sigues?
Novelas, Blogs-revista, blogs de libros, ambientalistas y muchos otros.

3. ¿Tienes alguna marca preferida de maquillaje?
Ehh.. No me maquillo :D

4. ¿Y de ropa?
Mmm, me gusta mucho aeropostale =;

5. ¿Tu producto de maquillaje imprescindible?
No uso (:

6. ¿Tu color favorito?
MORADO<3>

7. ¿Tu perfume?
Love Spell de Victoria's Secret :) Y adivinen qué? Es MORADO :D

8. ¿La película que más te ha gustado?
Me encanta Crepúsculo y todo lo que tenga que ver con la saga, y aunque sea mi libro favorito y (como muchas) muero por Edward y su historia, las películas pudieron haber sido mejores(: Si soy sincera, me gustaron MUCHO más las de Harry Potter (aunque obviamente no se comparan con los libros)

9. ¿Qué países te gustaría conocer y por qué?
París :D Y Londres(: Ohh, y no me molestaría ir a Venecia^^

10. Esta pregunta háztela tú y respóndela: ¿Cuáles son tus géneros literarios favoritos?
Romance, fantasía, etc etc etc, simplemente amo leer :D

Entrego el premio a:

Cap. 36 ¿Qué? ¿Ya? Rayos, me tomó desprevenida

Caminamos horas, horas que se hicieron interminables al igual que el terrible sendero que recorríamos. No había nada a nuestro alrededor, y seguir caminando no tenía ya más sentido. Decidimos seguir la vía del tren apenas salimos de casa de Camille pues así nos llevaría a una estación donde habría gente y estaríamos medianamente seguros. Pero el camino era largo y era imposible recorrerlo en un solo día. La noche ya caía, y a nuestro alrededor no había más que hierba y montañas, rocas y árboles...
Me dolía todo el cuerpo, pues me había mal acostumbrado de nuevo a una vida "normal", y prácticamente olvidé lo que se sentían esas largas horas de caminata. Pero ahora teníamos un problema, y uno muy grave al que por fortuna no nos habíamos tenido que enfrentar antes: no había casas, ni gente, ni ningún sitio donde dormir.
Las montañas a nuestro alrededor ya no eran las mismas en las que nos habíamos refugiado pues se volvieron escarpadas y traicioneras y hubiera sido igual de insensato tratar de escalarlas en busca de un refugio, que seguir caminando toda la noche hasta encontrar la estación. Y ahí estábamos los tres, parados y en silencio mirándonos las caras mientras todos pensábamos lo que pasaba y nadie decidía que hacer; Thomas tenía cara de concentración, Matthew simplemente estaba frustrado y yo no sabía qué sentir ni cómo rayos comportarme. Una cosa era lo único de lo que estaba cien por ciento segura: jamás miraría atrás, jamás me arrepentiría de nada y de mis labios jamás saldría otra queja. Sí, suena extraño pensar en eso en una situación como la que estábamos viviendo, pero al ser lo único de lo que estaba realmente segura me sentí mejor, pues al menos tenía la certeza de alguna cosa, tenía algo a lo que agarrarme, algo en lo que seguir creyendo sin importar nada. No miraría atrás.
Los minutos pasaban y nosotros seguíamos allí, en silencio sin saber por qué opción decidirnos (y no es que tuviéramos muchas). Podíamos dormir allí, en el suelo; podríamos seguir caminando hasta encontrar un leve indicio de civilización, podríamos... ¿qué más podríamos hacer? eran nuestras únicas opciones.
-De acuerdo, no podemos dormir aquí al lado de la vía del tren, sería estúpido y peligroso- dijo de pronto Thomas- pero tampoco podemos subir a las montañas, eso es prácticamente imposible. Yo sugiero que caminemos un poco más, sólo un poco y luego nos adentremos en la maleza: entre los árboles estaremos más seguros.
Asentí secamente y Matt aunque no dio señal alguna de haber oído a Thomas se puso en marcha con nosotros. Una vez más, yo iba rodeada con los brazos de Thomas y para mi no había en el mundo un lugar más seguro que aquel. Caminamos un poco y mientras más avanzábamos veíamos más y más árboles; pues habíamos tomado un sendero alternativo que nos dirigiría hacía el bosque, si es que se podía llamar así a un pequeño conjunto de árboles en donde no se veía nada más que verde.
-Thomas, ¿dónde estamos?- preguntó de pronto Matt. Mirando a su alrededor con cara pensativa.
-Pues, no podría decirte con exactitud ¿por qué?
-Eh, por nada... Tenía curiosidad- pero había algo en el tono de su voz que me hizo pensar que tenía algo más que curiosidad, que estaba ocultando algo...
Lo miré un rato, pero su expresión era inescrutable así que decidí que quizás sólo lo hubiera imaginado.
Camille había metido en el bolso que nos dio unas mantas; cada quien tomó una y con ella hizo una pequeña cama. Eran tres, una para cada uno, pero eran muy delgadas y dormir sobre ellas en el frío suelo de tierra y piedras era demasiado incómodo; a demás no servían de mucho si querías arroparte. Los grillos comenzaron a trinar su incesable melodía, y las estrellas comenzaron a brillar por los huecos -pequeños y escasos- que había en el dosel de árboles que nos cubría. No me puse la pijama ni me cambie, pues no había razón para ello ya que sería igual de incómodo aunque durmiera con la mejor pijama de seda que si me dormía con mi ahora medio harapiento vestido turquesa; el mismo que había usado para conocer a Thomas, el mismo que había presenciado aquel hermoso primer encuentro, el primer momento en que me hundí en sus ojos, que me sentí por fin en mi lugar; a donde realmente pertenecía...
-Sugiero que hagamos rondas Matt y yo- dijo de pronto Thomas, con una cara muy seria pero aún así hermosa como ninguna-. No sabemos si hay alguna clase de animal por aquí y si uno vigilara los demás podrían dormir más tranquilos...
-Yo también puedo hacer rondas, no estoy tan cansada- dije, algo ofendida de que me hubieran pasado por alto tan inmediatamente.
-Elizabeth...- comenzó Thomas, con un tono de voz preocupado que, aunque muy dulce, en ese momento me volvía loca. No era una niña, podía cuidarme sola, y si oyera algo extraño simplemente los despertaría, no era que quisiera intentar enfrentarme a lo que sea que pudiera haber por ahí por mi cuenta.
-¡Ah, vamos! Puedo cuidarme sola, ya no soy una niña- dije, haciendo eco de mis pensamientos.
Discutimos unos segundos, sólo él y yo; Matt se metía nada más cuando uno de los dos le pedía apoyo, pero él se conformaba con un: "a mi no me metan en eso".
-No te pondré en peligro- concluyó Thomas, con una voz seria que jamás había utilizado conmigo. Sus ojos, que siempre me habían parecido una cascada cálida de aguas cristalinas, profundas e inmensamente azules, ahora estaban fríos como el hielo y era casi imposible ver a través de ellos como de costumbre.
Fruncí el ceño, y me sentí como una niña pequeña cuando fue necesario contener el impulso de sacarle la lengua y cruzar los brazos mientras miraba a otra parte. Pero no lo hice, eso destruiría mi argumento de que yo era capaz de manejar aquella situación.
Hubo un rato de incómodo silencio, en el que Thomas y yo nos miramos airados y echando chispas, pero aunque mi expresión no había cedido para nada, él de pronto relajó la suya y me sonrió.
-Sabes que no lo hago con mala intención, simplemente me preocupas demasiado- sus ojos se descongelaron, y pude ver como de nuevo fluían todas las emociones que en ellos siempre encontré por ese infinito canal de luz que para mi era imposible resistir.
Sin quererlo, también sonreí.
-De acuerdo- aunque ya no estaba tan molesta, no pude evitar sonar un poco fría al contestar.
-Muy bien, yo tomaré la primera ronda y cuando calcule que hayan pasado tres horas es tu turno ¿está bien?- le preguntó a Matt, quien asintió y nos miró juguetón.
-Parecen una pareja de ancianos gruñones- y rió, esa risa suya gruesa y contagiosa-. Bueno, creo que me iré a dormir. Buenas noches- agregó, y luego miró al rededor como si estuviera esperando algo, como si estuviera seguro de que al mirar entre el mar de verde que nos rodeaba algo saldría de allí. Pero nada pasó, así que con un suspiro se tiró en la manta y casi inmediatamente sus ronquidos acompañaron a los grillos en la melodía de la noche.
Yo me estaba congelando, tenía demasiado frío y no pudimos prender una fogata porque para eso hubiéramos tenido que adentrarnos en el bosque en busca de leños secos, lo cual no sería del todo sensato tomando en cuenta la hora que era y el lugar en que nos encontrábamos (un bosque, tupido y, hasta donde sabíamos, posiblemente peligroso).
Aún cansada como estaba, no me era posible conciliar el sueño, y tampoco podía concentrar mi mente en algo específico; pues vagaba desde el hecho de que estábamos varados en un bosque donde muy posiblemente habrían animales salvajes, al hecho de que Thomas se preocupaba por mi, y tampoco podía evitar pensar en Amelie y Camille y lo que estarían haciendo en ese preciso instante.
Me tendí en mi cama improvisada sin cerrar los ojos, y miré a Thomas sentado en el suelo mientras vigilaba la noche.
Creo que casi una hora estuve allí, totalmente incómoda en el suelo de piedra observando como él escrutaba la oscuridad. De pronto me aburrí y muy lentamente me levanté y caminé hacia donde Thomas estaba sentado para posarme a su lado. Me senté abrazando mis rodillas para calentarme un poco.
-Oh vamos, creí que ya habíamos hablado de esto- me dijo Thomas cuando me vio allí sentada con él en la oscuridad.
-No es que tenga intención de "vigilar"- hice énfasis en la palabra-. Es sólo que no podía dormir y decidí acompañarte.
-¿No podías dormir? ¿Por qué?- preguntó curioso.
-Pues, no lo sé... Tengo la mente en muchas cosas.
-¿Cómo qué?- no respondí de inmediato, pues quería pensar muy bien en la respuesta; pero él, malinterpretando mi silencio, agregó:- No tienes que decírmelo si no quieres.
-No es eso... Es sólo que quería tener una buena respuesta y hasta ahora no la tengo. Creo que ni yo misma sé que me tiene tan alterada.
Se acercó a mi, pues yo me había sentado un poco apartada, y me miró a los ojos.
-No quiero que te preocupes, si estás conmigo nada te pasará. Yo no lo permitiría- prometió.
Le sonreí y estuvimos un rato así, mirándonos el uno al otro en la profunda oscuridad que nos rodeaba.
-Elizabeth, yo... tengo algo que decirte. Algo que desde mucho tiempo me muero por contarte, pero que no he tenido oportunidad de comentar- hablaba despacio, y me di cuenta del esfuerzo que imprimía en cada sílaba.
Pensé que quizás lo mejor sería hacerme la desentendida, hacer como si Amelie nunca me hubiera dicho nada. Aunque sabía que para él sería mucho más fácil si yo le decía que ya lo sabía y que no tenía que decir nada, sentí la infantil necesidad de escucharlo de sus labios.
-Dime...-susurré, más dirigiéndome a la noche que a Thomas.
-Pues...- me miró y luego bajó la mirada- Yo...- soltó un gruñido de frustración y posó la cabeza en sus manos, para luego volver a erguirse- ¿Porqué tiene que ser tan difícil?- susurró para sus adentros- Lo siento, normalmente no me cuesta tanto decir algo, es sólo que cuando estoy contigo no puedo evitar sentirme diferente, como si pudiera ser yo mismo sin importar nada... Para ser sincero, creo que me pones un poco nervioso- me miró, fingiendo estar enojado conmigo y luego me guiñó un ojo. Tomó una profunda bocanada de aire que luego soltó en un suspiro, sus ojos estaban clavados en los míos- De acuerdo, aquí va...- dudó un segundo, pero cuando habló sonó más seguro de lo que jamás había oído a alguien:- Te amo. Te amo como nunca había amado a alguien y como estoy seguro que jamás podré amar a otra persona. Contigo me siento completo, como si mi corazón hubiera encontrado a su otra mitad y cuando miro en tus ojos, hay algo en ellos que me hace tener la certeza de que de alguna hermosa y quizás extraña manera tenemos que estar juntos. Te veo y simplemente siento como mis latidos se aceleran, y me quedó ahí, escuchándolos, creyendo que no podía hacer nada porque hasta ahora no había tenido el valor de decirte lo que siento, o mejor dicho, lo que me haces sentir. Te amo, te amo demasiado y quiero que lo sepas y que nunca lo dudes. No te imaginas lo que me pasa cuando te veo, esa sensación de embelesamiento que odiaría dejar de sentir algún día; pero eso no me preocupa, porque sé que nunca se irá. No tengo palabras para describir lo que significa para mi estar contigo, y quizás ésta sea una pobre explicación, pero simplemente no hay palabras que lo describan porque esto es algo único que nadie ha sentido antes. Sencillamente no se que más decir para expresarlo es como... como... no lo sé. Simplemente, no hay palabras- repitió al final, haciendo que mi respiración se entrecortara por tanta dulzura y sinceridad que había dejado flotando en el aire al decir aquello.
Me quedé pasmada. Esperaba que me dijera que me quería, ni siquiera estaba segura de que me fuera a decir que me amaba, pero de ahí a esa hermosa declaración que espontáneamente había soltado... Quizás lo que más me impresionó fue que se sintiera tan igual que yo, que él también percibiera que nuestros corazones morían por estar juntos y que él también creyera que había sido cosa del destino o algo así... Yo tampoco tenía palabras para describir lo que por él sentía, y aún hoy no las he conseguido y me sería imposible expresar la dicha que en ese momento me embargó.
Mi corazón latía quizás tan desbocado como el suyo, y de pronto y sin explicación empecé a llorar, pro no estaba triste, en ese momento todo lo demás se había borrado; lloraba de felicidad, y quizás también era un poco por la sorpresa de aquellas palabras tan hermosas.
-Thomas yo... Yo también te amo... Tanto y quizás más de lo que tu a mi, yo...- pero me interrumpió, con una hermosísima sonrisa pintada en su hermosísimo rostro.
-No digas que me amas más que yo a ti, eso es físicamente imposible- rió, bajita, dulce y melodiosamente-. Es más, simplemente no digas nada, con saber que al menos me quieres me basta y me sobra.
-Te amo- repetí, se sentía tan bien decirlo...
-Yo también, y lo sabes.
Se acercó a mi y lentamente sentí el dulce aroma de su respiración en mi rostro, por un segundo nuestras narices se tocaron pero de pronto en los arbustos algo se movió y, acto reflejo, me separé de él escrutando la oscuridad.
-¿Qué fue eso?- pregunté asustada. ¿Habría algún animal suelto por ahí?
-No lo sé... Iré a ver.
Y antes de que le dijera que por favor se quedara conmigo, se había levantado y se dirigía al lugar del que provenía el sonido. Desapareció en la oscuridad, y yo me quedé allí aguantando la respiración, sólo se oían los sordos ronquidos de Matt y los incansables grillos en la oscuridad.
Después de unos agonizantes minutos, Thomas reapareció entre las hojas, y me miró confundido.
-No había nada... Revisé todo el perímetro y no encontré absolutamente nada.
¡Rayos! Hasta en los lugares desiertos donde no había nadie ni nada más que él, yo, y Matt (que no contaba porque estaba dormido) tenían que interrumpirnos. Pero en ese momento, en ese preciso momento no me importó, estaba más que satisfecha con saber que me amaba tanto como yo lo amaba a él, con saber que no era una locura el pensar que de alguna manera teníamos que estar juntos.
Se sentó de nuevo a mi lado, rodeándome con sus brazos y entonces no tenía más frío... Pero el cansancio calló sobre mi como un balde de agua fría y, sin quererlo, me quedé dormida apoyada en su hombro mientras sentía que flotaba, como si lo que estuviera debajo de mi fueran nubes en vez de piedras. Ya dormida, decidí una cosa: aquel vestido turquesa sería mi vestido de la suerte, y mi favorito. No me importaba cuánto se estropeara, había presenciado los momentos más hermosos e importantes de mi vida...

lunes, 13 de septiembre de 2010

Cap. 35 ¿"Nos veremos pronto"? Me parece demasiado tiempo.

El día siguiente fue... incómodo. Camille nos recibió en la mañana con un desayuno monumental como anticipación a lo que tenía preparado para la cena. Nos dijo que sería tan impresionante y que habría tanta comida que no creía que fuera necesario siquiera almorzar, ya que a demás lo haríamos temprano para que pudiéramos dormir bien para nuestra partida...
Ella estuvo revoloteando de aquí para allá, de un lado a otro por la cocina murmurando entre dientes los ingredientes que necesitaba y las medidas que buscaba; pero cuando traté de ayudarla con algo, se negó rotundamente ya que sería nuestra "cena de despedida".
Amelie, por su parte, no quiso dejarnos solos a ninguno de los tres durante todo el transcurso del día. Algo que me pareció extraño, pues ella la tercera persona más interesada -aparte de Thomas o de mí misma- en que tuviéramos un segundo a solas Thomas y yo... Después de pensarlo, la razón me pareció lógica: nos extrañaría y quería pasar cada segundo que pudiera en nuestra compañía; ella estaba segura de que tendríamos tiempo de sobra para hablar de lo que quisiéramos.
Varias veces ella y yo nos sorprendimos de pronto con los ojos llenos de lágrimas, mientras Thomas nos miraba con comprensión y Matthew ponía, como siempre, los ojos en blanco ante nuestro terrible sentimentalismo, pero había en esa mirada un dejo de la misma nostalgia que había en la mía.
-Thomas, Matt, prométanme que volverán a visitarme. Por favor...
-Te lo prometo- dijo Thomas sonriendo encantadoramente-. No te sorprendas si el día más inesperado aparecemos de nuevo ante tu puerta.
-Sí, no te preocupes. Volveremos a vernos- dijo Matt y sonrió, esta vez sin la más mínima gota de exasperación impresa en el tono de su voz.
-Oh chicos... Cuánto me gustaría acompañarlos... Pero ya ven, debo quedarme aquí con mamá.
-No te preocupes, créeme que no te pierdes de nada- bromeó Matt, tratando de animarla.
-Me da mucha pena con Camille... Está trabajando tanto con lo de esta noche... No ha descansado desde la mañana- comenté, realmente avergonzada por el hecho.
-Ah, no te preocupes. ¡Le encanta tener algo que hacer! Eso aleja su mente de mi padre... Ya sabes... La afecta mucho no saber dónde está, o si está bien.
Me quedé callada. Cuando aún vivía en Londres con mi madre ella solía hacer exactamente lo mismo: siempre estaba buscando alguna actividad con la cual distraerse. Tejía afanosamente, cambiaba radicalmente los muebles de la casa, se empeñaba a fondo limpiando cualquier rincón, cocinaba como para un batallón y solía poner cuatro platos a la mesa aunque sólo estuviéramos ella y yo...
No pude evitar dejar que una lágrima se me escapara y corriera por mi rostro, dejando a su paso un húmedo e intrincado sendero de nostalgia por el que se guiarían ahora mis penas...
Me la quité de un manotazo, pero el ahora invisible sendero que había trazado se juntó sigilosamente con las muchas otras huellas de lágrimas pasadas y ya olvidadas para no borrarse nunca más.
Nadie se había dado cuenta de la silenciosa lágrima que no pude contener, pero de ese momento en más me pareció que el ambiente había cambiado súbita y deliberadamente de uno más o menos alegre a uno lleno de... no lo se... quizás fuera sólo tristeza, pero a mi me pareció algo más, mucho más. No sabría describir la sensación, como si se juntaran en uno solo la tristeza, soledad, añoranza, nostalgia, más tristeza y un poco de... qué se yo... no tenía ánimos para averiguarlo.
Conversamos unas pocas horas más, y de pronto apareció Camille en la sala de estar. Sonreía satisfecha y muy contenta; cuando todos notamos su presencia, dijo:
-Ya casi está todo listo. Sólo falta que se termine de cocer el pavo y...
-¿Pavo? Oh Camille no debiste...- para aquella época, y totalmente debido a la guerra, alimentos de ese tipo eran completamente difíciles de conseguir. Tenías suerte si encontrabas un poco de arvejas o quizás unas pocas patatas y una pequeña pieza de pollo. Pero.. ¿pavo? Prácticamente imposible.
-Vamos vamos, no tiene importancia. Ustedes son nuestros invitados especiales, así que tenía que darles algo especial.
A Matt los ojos le brillaron de anhelo al saber que íbamos a cenar pavo y quien sabe qué otras delicias.
Thomas también dio las gracias a Camille por su amabilidad y ella se sonrojó ante tantos agradecimientos.
Pasamos un rato hablando también con ella, pero mi extraña sensación había desaparecido y pronto volví a sentirme tan dichosa como al principio. La comida estuvo lista y nos dirigimos todos hacia una habitación que estaba al lado de la cocina, algo apartada y un poco pequeña, pero hermosa. Era el comedor, y tenía en el centro una mesa larga de madera de roble, con detalles tallados que se veía realmente antigua; había también doce sillas a juego y en cada esquina de la estancia se podían apreciar hermosos retratos pintados con acuarelas, reflejando paisajes diversos y siempre hermosos. Las paredes estaban pintadas de color blanco marfil, sencillo, pero elegante.
Camille se fue a la cocina y regresó con un gran plato con un enorme pavo en los brazos que depositó en el centro de la mesa. Volvió a la cocina y trajo de nuevo toda clase de comida. Había de todo, si me pusiera a enumerar todo lo que esa noche tuvimos para comer tendría que disponer de mucas horas, pues a demás no podría evitar describir lo deliciosa que estaba cada una de las cosas que Camille nos preparó; la mesa parecía un carnaval de colores, olores y sabores, todo era exquisito y la verdad había algunas cosas que tenía tanto tiempo sin comer que al probarlas de nuevo sentí que me trasladaba a mi infancia, cuando solíamos hacer una cena igual de maravillosa para las navidades y cumpleaños...
Matt comió hasta que no le quedó un solo rincón sin llenar en su ahora abultado estómago. La cena fue de lo más agradable y también lo fue estar acompañada de aquellas personas que podía considerar ahora sin dudarlo siquiera como mi familia, o los nuevos integrantes de la ya comenzada y un poco rota, pero maravillosa familia que tenía.
Conversamos durante toda la cena, y de pronto no pareció que estuviéramos a punto de irnos ni que quizás no nos viéramos nunca más; éramos solamente una familia grande y feliz que se reunía para cenar y compartir. Pero lastimosamente eso no podía durar para siempre y sin darnos cuenta el reloj anunció las diez y todos tuvimos que subir a dormir... Parecía irreal, y de pronto caí en la cuenta de que realmente tendríamos que partir y que no volveríamos a vernos en quizás un larguísimo tiempo -estaba negada a pensar que no nos veríamos de nuevo jamás- que estaba segura se me haría eterno. Amelie y yo subimos las escaleras una al lado de la otra pero sin mirarnos a la cara pues estaba segura que al igual que como ahora mi rostro estaba surcado de lágrimas el suyo estaría igual y quizás peor; pues ella tendría que volver a la soledad y la impaciencia por no tener noticias de nadie a las que fácilmente y sin arrepentirse se había desacostumbrado.
-Elizabeth...- murmuró Amelie cuando llegamos a su habitación- Aquí tengo la foto de mi padre y la dirección de nuestra casa... Yo...
-No te preocupes, la guardaré ahora mismo. Él está bien, ya lo verás. Nunca pierdas la esperanza- le dije en un susurro casi inaudible.
-Gracias, gracias por todo. Por haber venido y por haber cambiado mi perspectiva de la vida, gracias por ayudarme con mi papá, gracias por todo... -su voz era aún más baja que la mía, y unas espesas lágrimas le caían en el cabello después de recorrer todo su rostro.
-No me lo agradezcas, yo debería agradecértelo a ti. Has hecho tanto por mi... Y antes te trataba tan mal... Yo lo sien...
-No digas lo siento. Te entiendo, cualquiera hubiera reaccionado igual. Pero ahora somos amigas, y eso nadie ni nada, ni siquiera una estúpida guerra, lo cambiará.
No pude evitar sonreír, y tampoco que luego mi rostro se llenara de lágrimas.
La abracé fuerte, y ella hizo lo mismo. Me levanté y guardé en mi maleta la foto de su padre para después dedicarle una última sonrisa y darle la espalda en la camita que tenía en el suelo justo al lado de la suya.
Me dormí de inmediato quizás por el temor de que la realidad comenzara a llenar mi mente e inundara mis pensamientos ya de por si medio ahogados...
Para mi alivio, dormí esa noche sin soñar, y al día siguiente no me costó nada levantarme temprano y salir sigilosamente de la habitación sin mirar a la cama de Amelie e ir a la alcoba de Thomas y Matt para despertarlos. Me sorprendió sentirme casi igual que como me había sentido cuando me marché de la casa de mi queridísima tía Lynette (en la cual trataba de no pensar, pues me dolía demasiado) pero con algo nuevo, algo que en ese momento no pude identificar.
Me sorprendió encontrar la habitación vacía, y al bajar las escaleras los encontré a los dos, rígidos como estacas mirando hacia algo que sólo ellos veían mientras murmuraban palabras de agradecimiento a Camille; que por lo que pude ver había preparado un bolso lleno de comida y de otras cosas como mantas. Pero me sorprendí más aún cuando vi que también Amelie estaba ya despierta y parada al lado de su madre con la misma expresión ausente que Thomas y Matthew sostenían en sus rostros.
No había echado un vistazo a su cama, y seguramente cuando yo me desperté ella ya estaba abajo. Saludé tímidamente con un débil "buenos días" y tan pronto como se dieron cuenta de mi presencia Camille anunció que sería buena idea que saliéramos lo más pronto posible. Abracé estrechamente a Amelie y luego también a Camille y no dejé de darles las gracias hasta que subí corriendo a tomar una ducha y a vestirme. No saludé a Thomas e igualmente pasé por alto a Matt, pues no creía que sería lo suficientemente fuerte como para hablar más de lo que era necesario; y a ellos los tendría siempre a mi lado: no hacía falta gastar palabras que me harían sucumbir a el llanto.
Me bañé rápidamente y de la misma manera me vestí, bajé con la maleta a la planta baja y dije:
-¿Quién se bañará ahora?
-Beth, Thomas y yo nos bañamos hace horas. Creo que llegas un poco tarde dormilona- me dijo Matt riéndose, y entonces me di cuenta de la razón por la que no me había costado levantarme lo que yo consideré "temprano".
-Eh... Lo siento- murmuré algo sonrojada.
-No te preocupes cariño, la cena de ayer se prolongó más de lo esperado, es de imaginar que estuvieras cansada- dijo Camille mientras me sonreía maternalmente y yo le devolvía el gesto.
Ahora sólo Amelie seguía con una expresión ausente; Matt volvía a bromear como siempre y Thomas -aunque en silencio- se había acercado a mi y con la más leve de las sonrisas me rodeó la cintura con uno de sus brazos.
-Pues... Nos veremos pron...- susurré cuando ya estábamos frente a la puerta principal con las tres maletas y el bolso de la comida; pero no pude terminar pues la voz se me quebró y me volví hacia Amelie y Camille tomando aire y tratando de no romper a llorar- Se que quizás un "nos veremos pronto" o un "hasta luego" parezca demasiado tiempo, pero les prometo que esta no es la última vez que nos veremos o que estaremos juntos... Pensaré en ustedes todo el tiempo y siempre estarán en mi corazón.
Camille rompió a llorar y nos abrazó a todos por mucho rato. Aunque Amelie no lloró, era palpable el esfuerzo que esto le causaba. Con Thomas aún abrazado a mi, me dirigí a ella y la abracé fuerte, y luego Camille vino y ella, Amelie y yo nos abrazamos; a lo que luego se unió Matt y Thomas.
Fue un momento hermoso, que jamás olvidaré. Cuando nos separamos encontré a Matt llorando con tanto sentimiento como yo, y para aligerar la situación le dije:
-Vaya, miren quién está llorando. ¿Eh, "señor sentimentalismo"?
Él se rió estruendosamente, la verdad todos lo hicimos.
-De acuerdo, de acuerdo, admito que todo esto me conmueve.
Thomas se rió armoniosamente y me besó la frente para luego agregar:
-Si vuelves a poner los ojos en blanco por algo así- y volvió a besarme cuidadosamente en la coronilla- te juro que no te dejaré olvidar lo sentimental que puedes ser hasta que los dos seamos muy viejos y ya no puedas oír, y sólo por eso dejaré de decírtelo.
Nos reímos de nuevo todos a carcajadas y nos dedicamos las últimas despedidas.
Salimos de la casa de Camille, y cerramos la puerta cuidadosamente. Thomas seguía teniendo su brazo alrededor de mi cintura, y yo tomé a Matt de la mano y lo acerqué a mi para también abrazarlo a él. Y así, los tres entrelazados y recientemente golpeados por la nostalgia les pregunté:
-¿Listos?
Matt me miró y dijo:
-Completamente- yo sonreí y les dije:
-Pues vamos.
Thomas me beso de nuevo en la frente y repitiendo las palabras que yo dije al salir de casa de mi tía, susurró en mi oído:
-Sin mirar atrás...
Sí, frío, humedad, brisa y nostalgia. Exactamente lo mismo que sentí al marcharme de la gran casa a las afueras de París, pero de pronto pude descubrir cual era la diferencia de aquella vez: esperanza.
Esta vez me inundó ese maravilloso sentimiento, y súbitamente supe que todo estaría bien. Ya no habían dudas ni arrepentimientos estaba segura de que llegaríamos a nuestro destino y de que, de alguna manera, volveríamos todos a ser felices.



lunes, 6 de septiembre de 2010

Cap. 34 Y comenzaron las despedidas...

Salí de la habitación como un torpedo, bajé las escaleras con toda la rapidez de la que fui capaz y llegué zumbando a la cocina. Pero ahí no estaba él...
Salí al salón y tampoco lo encontré, pero vi a Matt sentado en el sillón, tranquilo y sin hacer nada; decidí acercarme a él y preguntarle dónde se había metido Thomas.
-Eh... ¿Matt?- pregunté tímidamente, estaba demasiado avergonzada por mi actitud para hablarle con normalidad (aunque quizás él creyera que mi confinamiento de aquel día había sido producto de que yo me "sentía mal")
-¡Oh! ¿Estás mejor?- preguntó sonriente. Sí, definitivamente creía que me había estado sintiendo mal.
-Muchísimo- nada podía ser más cierto que eso, no me había sentido tan bien en semanas-. ¿No sabes dónde está Thomas?
-Se está dando una ducha, creo que él también se siente un poco mal... Ha tenido cara de embobado todo el día; quizás sea un virus o algo por el estilo.
Pobre Thomas, que se sintiera "mal" era completamente mi culpa. Yo era una idiota, y una de las más grandes que había -y eso que el mundo estaba lleno de ellos- y que podría haber. ¿Quién rayos lastimaría a alguien como Thomas? Sólo se me ocurría a mi.
-Si quieres puedes sentarte aquí mientras baja, estoy aburrido a muerte- dijo riendo y palmeando el sitio a su lado.
Me senté y no pude evitar sonreír, Matt era la persona perfecta para animar a cualquiera, aunque ni él mismo lo supiera.
-De acuerdo- mi voz ya era mucho más animada, y eso me gustaba.
De pronto pensé que Thomas pudo haberle dicho a Matt lo de su plan, ya que en la mañana él no parecía nada extrañado. Tenía aún muchas cosas que preguntar, y no había tenido mucho tiempo para hablar con Amelie, pues me precipité a bajar para encontrar a Thomas y ahora que debía esperar sentía como poco a poco las preguntas surgían en mi mente; así que decidí hablar con Matt. Con mi reciente decisión de dejar a un lado la inseguridad pude tomar el valor necesario para preguntarle:
-Eh... Matt... ¿Cuánto tiempo tenía Thomas planeando lo de esta mañana? Es decir... ¿Desde cuándo...?
Pero Matthew me interrumpió:
-Vamos Beth, no puedo creer que no te hayas dado cuenta antes de que estaba como ido, siempre pendiente de algo más. La única razon de eso eres tú... Te ama tanto que es difícil de creerlo, siente una extraña necesidad de protegerte que yo no logro entender y que quizás jamás entienda ni tampoco sienta por nadie...- nunca había oído a Matt hablando tan seriamente y eso me dejó pasmada por un segundo pero, de pronto agregó de nuevo jugando- tienes que estar ciega- rió estruendosamente- no puedo creer que en serio no lo notaras.
Reí bajito.. La inseguridad y la timidez me habían cegado mas de lo que creía... Hasta Matt, que aunque fuera el mejor amigo de Thomas era la última persona que yo imaginaría siendo romántica o algo por el estilo, había notado los desesperados intentos de este por acercarse a mi.
Aunque quizás todo el mundo lo hubiera notado, excepto yo...
Me quedé muda. No sabía que decir, y de pronto todas mis intenciones de hablar con él acerca del tema carecieron de sentido para mi, pues al hablar con Matthew sobre el tema en vez de con Thomas, estaba demostrando que aún quedaba en mi un resquicio de inseguridad pues, prácticamente lo hacía para confirmar lo que Amelie me había dicho y eso no estaba bien. Esperaría a hablar con Thomas, pero tampoco podía dejar a Matt allí sentado sin responderle nada así que decidí al menos admitir:
-Tienes razón, soy una tonta.
Él se rió y yo me uní a su risa, nos reímos tanto que me dolían los músculos del estómago y cuando al fin paramos me sentí tan bien que casi no lo creí. Sí, era obvio que para descargarse era mil veces mejor un buen rato de risa que de llanto; era bueno reírse de nuestros propios errores, pues así al menos demostrábamos que los aceptábamos, en cambio si lloramos nos estamos cerrando sin siquiera pensar en buscar una solución.
-¿Qué es tan gracioso?- preguntó una voz melodiosa, como de campanas desde el piso de arriba. Subí la vista y vi a Thomas bajando las escaleras con su perfecto cabello del color de la noche mojado y aún goteando- Las carcajadas se oían hasta arriba.
Sonrió y bajó las escaleras. Matt me dedicó una mirada significativa, y luego de guiñarme un ojo dijo:
-Bueno, creo que ahora yo iré a tomar un baño.
Y salió de la habitación sonriendo maliciosamente. No sabía por donde empezar, así que decidí que el hecho de que hubiera dejado de ser insegura no significaba que ya no fuera tímida: dejaría que Thomas me dijera lo que me tuviera que decir cuando quisiera, yo no podría decir nada sin quedarme trabada o algo parecido.
-¡Estás chorreando!- dije para molestarlo, pero él sonrió y dijo:
-Que bueno que ya te sientas mejor- no era una pregunta, seguramente mi aspecto pálido de la mañana debía de haber cambiado radicalmente.
-Sí, mucho mejor- y reí ligeramente mientras lo observaba acercarse y sentarse a mi lado.
No me dijo nada, y yo tampoco quise hacerlo; dejamos que nuestros ojos se encargaran de esa parte y poco a poco me sumergí en él, en el dulce refugio de su mirada...
Me sentía trastornada, como transportada a una dimensión paralela donde sólo Thomas y yo existíamos.
Me di cuenta de que, al igual que la mañana nos habíamos ido acercando el uno al otro lentamente, él acomodó con movimientos delicados de su mano derecha un cabello suelto que me caía en la frente detrás de mi oreja, dejando a su mano allí, a un lado de mi cuello.
Nuestras narices casi se tocaban, y de pronto me sobresalté cuando él susurró:
-Elizabeth yo...
Pero se detuvo, e inmediatamente supe por qué: arriba se oían pasos que se acercaban, y luego una voz (que reconocí como la de Amelie) hablando en fluido francés:
-¡Mamá te he dicho que no bajes!
-¿Pero por qué?- contestó Camille con voz confundida.
-Pues simplemente porque no.
Pero ya era muy tarde, Camille comenzaba a bajar las escaleras y yo me separé inmediatamente de Thomas. Él, en cambio, rodeó mis hombros con su brazo y se sentó normalmente a mi lado, como si no hubiera pasado nada.
Y entonces apareció Camille en el salón, poniendo los ojos en blanco y con una cara de disgusto. Al vernos, nos sonrió y luego dijo:
-Ah, esta muchacha está loca. Pero ¿quién comprende a los adolescentes?
No pude contener una sonrisa, que se intensificó cuando detrás de Camille apareció Amelie también con cara de pocos amigos.
Camille se fue del salón para lavar los trastos que habían quedado de la cena, y Amelie volteó a vernos y en silencio articuló con los labios: "lo siento"; nos dedicó una mirada de disculpa que pudo haber sido la más sincera que jamás vi si no conociera antes a Thomas, quien en cada una de las miradas que me dedicaba imprimía un dejo de sinceridad tan profundo que no creía posible que hubiera en el mundo una mirada más hermosa.
Amelie se retiró, pero el momento ya se había arruinado pues cuando oí los platos tintineando al lavarse recordé el hambre que tenía y -sin quererlo- dediqué una mirada de añoranza al pasillo que daba a la cocina .
Thomas me miró y captó al instante.
-Vayamos a la cocina. Debe quedar algo de la cena- su voz era un susurro, y sus ojos más tiernos que nunca.
Traté de negarme, pero la verdad era que estaba muriéndome de inanición, así que fui con Thomas a mi lado a tomar un bocadillo.
Camille había guardado un plato con pollo y papas asadas para mi, y después de darle las gracias lo devoré rápidamente. Seguía con hambre, y por suerte la nevera estaba repleta; así que comí hasta que ya no pude más y cuando estaba a punto de volverme hacia Thomas para sonreírle, el habló dirigiéndose a Camille (que nos había acompañado).
-Eh... Camille, pasado mañana reemprenderemos nuestro viaje. La verdad nuestra estadía aquí ha sido maravillosa y tu has sido extremadamente amable... Pero el deber llama, y debemos cumplir.
-¿¡Qué!? ¿Se van tan pronto? Bueno, era obvio que no podrían quedarse para siempre pero... ¿están seguros de que ya están listos para marcharse? Saben que aquí pueden quedarse el tiempo que deseen...
Matthew había aparecido en la cocina sin que nadie lo oyera.
-¿Ya nos vamos? ¡Rayos! ja, ja, casi me acostumbro a la vida relajada, pero qué más da.
Miré a Thomas inquisitivamente, habíamos pautado aquello desde la mañana y Matt ya debía estar enterado. Pronto comprendió, y se encogió de hombros sonriéndome.
Pasamos largo tiempo discutiendo el tema, y yo me notaba muy ansiosa pues quería estar con Thomas a solas para poder hablar de aquel tema que por meses me había perturbado.
Pero la conversación se prolongó hasta muy tarde, pues también apareció Amelie y al escuchar la noticia de nuestra partida se acongojó tanto que hasta brotaron lágrimas inclementes de sus ojos almendrados...
Pronto decidí, que no podía forzar el tiempo y que debía disfrutar de cada momento. Así que dejé de lado la ansiedad y conversé con ellos; esta ves sinceramente triste por el hecho de que tuviéramos que marcharnos.
Nos fuimos a dormir bastante tarde, pero de todos modos fue una de las noches más hermosas y tranquilas que jamás tuve. Sentía que flotaba y que por fin podía estar segura de lo que más me importaba: Thomas. De acuerdo, no me lo había dicho; pero eso no importaba pues yo simplemente lo sabía.
Soñé con él y con todo lo que habíamos vivido... Casi no pude creer que en tan poco tiempo tantas cosas nos hubieran pasado. Tantas aventuras, tantas sorpresas, tantos sufrimientos y tantas alegrías juntas parecían imposibles.
Me sentía en una nube de felicidad, como si volara a través del cielo dejando tras de mi una larga estela de felicidad.
Sentí de pronto como si sacudieran todo mi cuerpo. Traté de ignorarlo, pero volvió a pasar y más fuerte.
De sopetón desperté, pero no abrí los ojos y me di cuenta de que no zarandeaban mi cuerpo, sino que nada más alguien me daba pequeños golpecitos en el hombro. ¿Quién era?. Seguía demasiado atolondrada para pensar con claridad; hasta que una voz me hizo poner los pies en la tierra.
-Elizabeth ¿estás despierta?
-¿Thomas?- pregunté, aún confundida. Pero escuché una risita nerviosa que no podía provenir de él, una mucho más aguda.
-No, tonta. Soy yo, Amelie. Vamos despierta.
-¿Ah? Oh, sí claro- traté de poner en orden mi mente, y entonces abrí los ojos-. ¿Qué pasa?
-Nada, es que yo... Bueno, no podía dormir.
-¿Por qué?- me estiré y bostecé un poco. Me volví completamente hacia ella para verla mejor y la escuché hablar.
-Es que no soporto la idea de volver a quedarme sola... Los extrañaré demasiado, no soporto más estar encerrada en estas cuatro paredes. Extraño a mi papá y te envidio inmensamente porque pronto podrás ver al tuyo. He estado calculando, y hay algunas posibilidades de que mi padre esté también en Suiza pues a él también lo enviaron a la frontera con Alemania y como no hemos recibido noticias suyas en meses...
Un momento. ¿Cómo sabía ella algo de Alemania? Yo no lo había mencionado; hasta donde sabía ella sólo conocía la parte de la historia en que mi papá estaba en Suiza.
-¿Cómo sabes todo eso?- pregunté entre mi atolondramiento.
-Pues... Thomas me contó toda la historia, y la verdad estoy conmovida...- pues claro, ¿quién no se sentiría así al oír las heroicas hazañas de Thomas contadas por él mismo con esa insoportable modestia?
-Sí, muy conmovedor...- a esas alturas estaba más dormida que despierta, pero sería de muy mala educación ignorarla ahora que éramos algo así como amigas.
-¡Muchísimo!- miró al vacío con ojos ensoñados, y en ese breve instante de silencio casi vuelvo a caer dormida; pero de pronto volvió a enfocar su vista en mi y me habló despacio- Me parece que ya comenzaron las despedidas... Debes prometer que en el camino de regreso volverán a venir para acá. ¿Lo prometes?
-Claro, prometido- lo hacía más para que me dejara dormir que porque enserio quisiera cumplirlo, pero luego me sentí inmensamente agradecida hacia ella recordando todo lo que había hecho por mi y a demás por haberme disculpado sin miramientos. Por eso repetí, esta vez con total sinceridad:- No lo dudes, volveremos a vernos.
-¡Oh eso espero! Quería pedirte un favor, es algo sencillo pero no tienes que hacerlo si no quieres... Por favor, pregunta por mi padre cuando llegues al hospital a ver al tuyo. Su nombre es Robert Peterson y...
-Espera, creí que tu apellido era A...
-Sí sí, pero ya sabes. Con todo eso de que vivimos aquí en Francia y que el apellido inglés de mi padre sería difícil de pronunciar, me dejé el de mi mamá...
Esa era la cosa más extraña que jamás hubiera oído, hasta donde mis conocimientos alcanzaban, al casarse las mujeres tomaban de inmediato el apellido de sus maridos... Bueno, cada quien con sus cosas...
-Te daré una foto de él y escribiré su nombre al reverso para que no lo olvides. Por favor, te lo pido como amiga... Si fuera por mi haría ahora mismo mis maletas y me marcharía con ustedes; pero no puedo dejar a mi madre aquí sola. Iba a pedírselo a Thomas pero sé que tú me entiendes mejor pues has vivido lo mismo...
-No te preocupes. Preguntaré por tu padre y cuando vuelva te daré la respuesta. Es más, para que no tardes tanto en saber de él, te diré lo que encontré por correo; deberás anotarme la dirección exacta de la casa.
Me sonrió y yo le devolví la sonrisa. Ya no tenía sueño y tampoco me sentía ni pizca de desconcertada.
-Bueno, pero eso no significa que igual no vengan a vernos de nuevo. ¿Vendrán, no es así?
-Ya te lo prometí- le dije sin dudarlo.
Pasamos horas hablando, pues ninguna de las dos tenía sueño, y no fe hasta que vimos en el cielo despuntar el alba que las dos al fin nos quedamos dormidas sin soñar, rendidas por el tedio de haber compartido todo lo que desde más adentro nos molestaba...

¡Cuidado! Oh, bueno, puedes ver que hará^^

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