martes, 28 de septiembre de 2010

Cap. 36 ¿Qué? ¿Ya? Rayos, me tomó desprevenida

Caminamos horas, horas que se hicieron interminables al igual que el terrible sendero que recorríamos. No había nada a nuestro alrededor, y seguir caminando no tenía ya más sentido. Decidimos seguir la vía del tren apenas salimos de casa de Camille pues así nos llevaría a una estación donde habría gente y estaríamos medianamente seguros. Pero el camino era largo y era imposible recorrerlo en un solo día. La noche ya caía, y a nuestro alrededor no había más que hierba y montañas, rocas y árboles...
Me dolía todo el cuerpo, pues me había mal acostumbrado de nuevo a una vida "normal", y prácticamente olvidé lo que se sentían esas largas horas de caminata. Pero ahora teníamos un problema, y uno muy grave al que por fortuna no nos habíamos tenido que enfrentar antes: no había casas, ni gente, ni ningún sitio donde dormir.
Las montañas a nuestro alrededor ya no eran las mismas en las que nos habíamos refugiado pues se volvieron escarpadas y traicioneras y hubiera sido igual de insensato tratar de escalarlas en busca de un refugio, que seguir caminando toda la noche hasta encontrar la estación. Y ahí estábamos los tres, parados y en silencio mirándonos las caras mientras todos pensábamos lo que pasaba y nadie decidía que hacer; Thomas tenía cara de concentración, Matthew simplemente estaba frustrado y yo no sabía qué sentir ni cómo rayos comportarme. Una cosa era lo único de lo que estaba cien por ciento segura: jamás miraría atrás, jamás me arrepentiría de nada y de mis labios jamás saldría otra queja. Sí, suena extraño pensar en eso en una situación como la que estábamos viviendo, pero al ser lo único de lo que estaba realmente segura me sentí mejor, pues al menos tenía la certeza de alguna cosa, tenía algo a lo que agarrarme, algo en lo que seguir creyendo sin importar nada. No miraría atrás.
Los minutos pasaban y nosotros seguíamos allí, en silencio sin saber por qué opción decidirnos (y no es que tuviéramos muchas). Podíamos dormir allí, en el suelo; podríamos seguir caminando hasta encontrar un leve indicio de civilización, podríamos... ¿qué más podríamos hacer? eran nuestras únicas opciones.
-De acuerdo, no podemos dormir aquí al lado de la vía del tren, sería estúpido y peligroso- dijo de pronto Thomas- pero tampoco podemos subir a las montañas, eso es prácticamente imposible. Yo sugiero que caminemos un poco más, sólo un poco y luego nos adentremos en la maleza: entre los árboles estaremos más seguros.
Asentí secamente y Matt aunque no dio señal alguna de haber oído a Thomas se puso en marcha con nosotros. Una vez más, yo iba rodeada con los brazos de Thomas y para mi no había en el mundo un lugar más seguro que aquel. Caminamos un poco y mientras más avanzábamos veíamos más y más árboles; pues habíamos tomado un sendero alternativo que nos dirigiría hacía el bosque, si es que se podía llamar así a un pequeño conjunto de árboles en donde no se veía nada más que verde.
-Thomas, ¿dónde estamos?- preguntó de pronto Matt. Mirando a su alrededor con cara pensativa.
-Pues, no podría decirte con exactitud ¿por qué?
-Eh, por nada... Tenía curiosidad- pero había algo en el tono de su voz que me hizo pensar que tenía algo más que curiosidad, que estaba ocultando algo...
Lo miré un rato, pero su expresión era inescrutable así que decidí que quizás sólo lo hubiera imaginado.
Camille había metido en el bolso que nos dio unas mantas; cada quien tomó una y con ella hizo una pequeña cama. Eran tres, una para cada uno, pero eran muy delgadas y dormir sobre ellas en el frío suelo de tierra y piedras era demasiado incómodo; a demás no servían de mucho si querías arroparte. Los grillos comenzaron a trinar su incesable melodía, y las estrellas comenzaron a brillar por los huecos -pequeños y escasos- que había en el dosel de árboles que nos cubría. No me puse la pijama ni me cambie, pues no había razón para ello ya que sería igual de incómodo aunque durmiera con la mejor pijama de seda que si me dormía con mi ahora medio harapiento vestido turquesa; el mismo que había usado para conocer a Thomas, el mismo que había presenciado aquel hermoso primer encuentro, el primer momento en que me hundí en sus ojos, que me sentí por fin en mi lugar; a donde realmente pertenecía...
-Sugiero que hagamos rondas Matt y yo- dijo de pronto Thomas, con una cara muy seria pero aún así hermosa como ninguna-. No sabemos si hay alguna clase de animal por aquí y si uno vigilara los demás podrían dormir más tranquilos...
-Yo también puedo hacer rondas, no estoy tan cansada- dije, algo ofendida de que me hubieran pasado por alto tan inmediatamente.
-Elizabeth...- comenzó Thomas, con un tono de voz preocupado que, aunque muy dulce, en ese momento me volvía loca. No era una niña, podía cuidarme sola, y si oyera algo extraño simplemente los despertaría, no era que quisiera intentar enfrentarme a lo que sea que pudiera haber por ahí por mi cuenta.
-¡Ah, vamos! Puedo cuidarme sola, ya no soy una niña- dije, haciendo eco de mis pensamientos.
Discutimos unos segundos, sólo él y yo; Matt se metía nada más cuando uno de los dos le pedía apoyo, pero él se conformaba con un: "a mi no me metan en eso".
-No te pondré en peligro- concluyó Thomas, con una voz seria que jamás había utilizado conmigo. Sus ojos, que siempre me habían parecido una cascada cálida de aguas cristalinas, profundas e inmensamente azules, ahora estaban fríos como el hielo y era casi imposible ver a través de ellos como de costumbre.
Fruncí el ceño, y me sentí como una niña pequeña cuando fue necesario contener el impulso de sacarle la lengua y cruzar los brazos mientras miraba a otra parte. Pero no lo hice, eso destruiría mi argumento de que yo era capaz de manejar aquella situación.
Hubo un rato de incómodo silencio, en el que Thomas y yo nos miramos airados y echando chispas, pero aunque mi expresión no había cedido para nada, él de pronto relajó la suya y me sonrió.
-Sabes que no lo hago con mala intención, simplemente me preocupas demasiado- sus ojos se descongelaron, y pude ver como de nuevo fluían todas las emociones que en ellos siempre encontré por ese infinito canal de luz que para mi era imposible resistir.
Sin quererlo, también sonreí.
-De acuerdo- aunque ya no estaba tan molesta, no pude evitar sonar un poco fría al contestar.
-Muy bien, yo tomaré la primera ronda y cuando calcule que hayan pasado tres horas es tu turno ¿está bien?- le preguntó a Matt, quien asintió y nos miró juguetón.
-Parecen una pareja de ancianos gruñones- y rió, esa risa suya gruesa y contagiosa-. Bueno, creo que me iré a dormir. Buenas noches- agregó, y luego miró al rededor como si estuviera esperando algo, como si estuviera seguro de que al mirar entre el mar de verde que nos rodeaba algo saldría de allí. Pero nada pasó, así que con un suspiro se tiró en la manta y casi inmediatamente sus ronquidos acompañaron a los grillos en la melodía de la noche.
Yo me estaba congelando, tenía demasiado frío y no pudimos prender una fogata porque para eso hubiéramos tenido que adentrarnos en el bosque en busca de leños secos, lo cual no sería del todo sensato tomando en cuenta la hora que era y el lugar en que nos encontrábamos (un bosque, tupido y, hasta donde sabíamos, posiblemente peligroso).
Aún cansada como estaba, no me era posible conciliar el sueño, y tampoco podía concentrar mi mente en algo específico; pues vagaba desde el hecho de que estábamos varados en un bosque donde muy posiblemente habrían animales salvajes, al hecho de que Thomas se preocupaba por mi, y tampoco podía evitar pensar en Amelie y Camille y lo que estarían haciendo en ese preciso instante.
Me tendí en mi cama improvisada sin cerrar los ojos, y miré a Thomas sentado en el suelo mientras vigilaba la noche.
Creo que casi una hora estuve allí, totalmente incómoda en el suelo de piedra observando como él escrutaba la oscuridad. De pronto me aburrí y muy lentamente me levanté y caminé hacia donde Thomas estaba sentado para posarme a su lado. Me senté abrazando mis rodillas para calentarme un poco.
-Oh vamos, creí que ya habíamos hablado de esto- me dijo Thomas cuando me vio allí sentada con él en la oscuridad.
-No es que tenga intención de "vigilar"- hice énfasis en la palabra-. Es sólo que no podía dormir y decidí acompañarte.
-¿No podías dormir? ¿Por qué?- preguntó curioso.
-Pues, no lo sé... Tengo la mente en muchas cosas.
-¿Cómo qué?- no respondí de inmediato, pues quería pensar muy bien en la respuesta; pero él, malinterpretando mi silencio, agregó:- No tienes que decírmelo si no quieres.
-No es eso... Es sólo que quería tener una buena respuesta y hasta ahora no la tengo. Creo que ni yo misma sé que me tiene tan alterada.
Se acercó a mi, pues yo me había sentado un poco apartada, y me miró a los ojos.
-No quiero que te preocupes, si estás conmigo nada te pasará. Yo no lo permitiría- prometió.
Le sonreí y estuvimos un rato así, mirándonos el uno al otro en la profunda oscuridad que nos rodeaba.
-Elizabeth, yo... tengo algo que decirte. Algo que desde mucho tiempo me muero por contarte, pero que no he tenido oportunidad de comentar- hablaba despacio, y me di cuenta del esfuerzo que imprimía en cada sílaba.
Pensé que quizás lo mejor sería hacerme la desentendida, hacer como si Amelie nunca me hubiera dicho nada. Aunque sabía que para él sería mucho más fácil si yo le decía que ya lo sabía y que no tenía que decir nada, sentí la infantil necesidad de escucharlo de sus labios.
-Dime...-susurré, más dirigiéndome a la noche que a Thomas.
-Pues...- me miró y luego bajó la mirada- Yo...- soltó un gruñido de frustración y posó la cabeza en sus manos, para luego volver a erguirse- ¿Porqué tiene que ser tan difícil?- susurró para sus adentros- Lo siento, normalmente no me cuesta tanto decir algo, es sólo que cuando estoy contigo no puedo evitar sentirme diferente, como si pudiera ser yo mismo sin importar nada... Para ser sincero, creo que me pones un poco nervioso- me miró, fingiendo estar enojado conmigo y luego me guiñó un ojo. Tomó una profunda bocanada de aire que luego soltó en un suspiro, sus ojos estaban clavados en los míos- De acuerdo, aquí va...- dudó un segundo, pero cuando habló sonó más seguro de lo que jamás había oído a alguien:- Te amo. Te amo como nunca había amado a alguien y como estoy seguro que jamás podré amar a otra persona. Contigo me siento completo, como si mi corazón hubiera encontrado a su otra mitad y cuando miro en tus ojos, hay algo en ellos que me hace tener la certeza de que de alguna hermosa y quizás extraña manera tenemos que estar juntos. Te veo y simplemente siento como mis latidos se aceleran, y me quedó ahí, escuchándolos, creyendo que no podía hacer nada porque hasta ahora no había tenido el valor de decirte lo que siento, o mejor dicho, lo que me haces sentir. Te amo, te amo demasiado y quiero que lo sepas y que nunca lo dudes. No te imaginas lo que me pasa cuando te veo, esa sensación de embelesamiento que odiaría dejar de sentir algún día; pero eso no me preocupa, porque sé que nunca se irá. No tengo palabras para describir lo que significa para mi estar contigo, y quizás ésta sea una pobre explicación, pero simplemente no hay palabras que lo describan porque esto es algo único que nadie ha sentido antes. Sencillamente no se que más decir para expresarlo es como... como... no lo sé. Simplemente, no hay palabras- repitió al final, haciendo que mi respiración se entrecortara por tanta dulzura y sinceridad que había dejado flotando en el aire al decir aquello.
Me quedé pasmada. Esperaba que me dijera que me quería, ni siquiera estaba segura de que me fuera a decir que me amaba, pero de ahí a esa hermosa declaración que espontáneamente había soltado... Quizás lo que más me impresionó fue que se sintiera tan igual que yo, que él también percibiera que nuestros corazones morían por estar juntos y que él también creyera que había sido cosa del destino o algo así... Yo tampoco tenía palabras para describir lo que por él sentía, y aún hoy no las he conseguido y me sería imposible expresar la dicha que en ese momento me embargó.
Mi corazón latía quizás tan desbocado como el suyo, y de pronto y sin explicación empecé a llorar, pro no estaba triste, en ese momento todo lo demás se había borrado; lloraba de felicidad, y quizás también era un poco por la sorpresa de aquellas palabras tan hermosas.
-Thomas yo... Yo también te amo... Tanto y quizás más de lo que tu a mi, yo...- pero me interrumpió, con una hermosísima sonrisa pintada en su hermosísimo rostro.
-No digas que me amas más que yo a ti, eso es físicamente imposible- rió, bajita, dulce y melodiosamente-. Es más, simplemente no digas nada, con saber que al menos me quieres me basta y me sobra.
-Te amo- repetí, se sentía tan bien decirlo...
-Yo también, y lo sabes.
Se acercó a mi y lentamente sentí el dulce aroma de su respiración en mi rostro, por un segundo nuestras narices se tocaron pero de pronto en los arbustos algo se movió y, acto reflejo, me separé de él escrutando la oscuridad.
-¿Qué fue eso?- pregunté asustada. ¿Habría algún animal suelto por ahí?
-No lo sé... Iré a ver.
Y antes de que le dijera que por favor se quedara conmigo, se había levantado y se dirigía al lugar del que provenía el sonido. Desapareció en la oscuridad, y yo me quedé allí aguantando la respiración, sólo se oían los sordos ronquidos de Matt y los incansables grillos en la oscuridad.
Después de unos agonizantes minutos, Thomas reapareció entre las hojas, y me miró confundido.
-No había nada... Revisé todo el perímetro y no encontré absolutamente nada.
¡Rayos! Hasta en los lugares desiertos donde no había nadie ni nada más que él, yo, y Matt (que no contaba porque estaba dormido) tenían que interrumpirnos. Pero en ese momento, en ese preciso momento no me importó, estaba más que satisfecha con saber que me amaba tanto como yo lo amaba a él, con saber que no era una locura el pensar que de alguna manera teníamos que estar juntos.
Se sentó de nuevo a mi lado, rodeándome con sus brazos y entonces no tenía más frío... Pero el cansancio calló sobre mi como un balde de agua fría y, sin quererlo, me quedé dormida apoyada en su hombro mientras sentía que flotaba, como si lo que estuviera debajo de mi fueran nubes en vez de piedras. Ya dormida, decidí una cosa: aquel vestido turquesa sería mi vestido de la suerte, y mi favorito. No me importaba cuánto se estropeara, había presenciado los momentos más hermosos e importantes de mi vida...

7 motivos para escribir(::

★•°Gяaςэ°•☆ dijo...

ja! yo quiero un vestido de la suerte, jaja.
ay que lindo todo lo que le dijo, pero que desgracia, falto el beso.
escribe pronto, por favor.
besos!!!
.

Xcaret dijo...

AWWWWW AME EL CAPITULO, perfecot. Potr fin se confesaron su amor :D siii. Publica prontooo, ya quiero saber que pasa, cuidate, besos, adios, nos leemos.

Patricia :D dijo...

Wuaaaaaaay me encantóo TT peroo yo quiero que se besen de una maldita veeez! joo jajaja xD
Besooos!

PK dijo...

OMG...
AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH... te botastecon este cap!!!! con todo!
SIMPLEMENTE PERFECTO... super buenoooo... hermoso! fue el mejor cap dioooooooossss ... me encanto su declaracion tan bella sincera tierna amorosa ooooh diooosss... ame el cap el vestido q risa hahahaah q imginacion tienes y ahora capas q matt no estaba dormido y lo escucho todo hahahaha


AME EL CAP
NO TARDES TANTO
PORQ AHORA SI Q MAS A VER TU SABS DONDE...hahaha
FELICIDADES POR ESE CAP!!!!!
xoxo
pk

Allison dijo...

ooooh
Me encanto el capitulo, muy muy muy lindo espero poder leer pronto el proximo, besos que estes bien y por fa sigue escribiendo

Angy dijo...

regalos en mi blog,espero q te gustan,espero q te gustan-feliz finde...... besos
http://checktheseblueskiesout.blogspot.com/2010/10/regalos-de-fin-semana.html

Hiram dijo...

Okk, estee si que es ell mejorr de los mejores que he leidoo!!
Tan bello, cuando le dijoo te amo mas que a nadiee!!!
QUE HERMOOSOO!
Ojala exitiera un vestido de la suertee!! Jajjaa

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