viernes, 25 de junio de 2010

Cap. 22 Héroes...

Desperté, y cada centímetro de mi cuerpo estaba engarrotado a causa del incómodo colchón. Me levanté de la cama y traté de estirarme un poco.
Tomé mi bolso y me vestí con lo primero que encontré para luego bajar a desayunar. En aquel lugar hacía mucho frío, y constantemente una suave brisa se colaba por los huecos de entre las tablas que tapaban las ventanas. Estando allí era imposible no recordar que estabamos en guerra.
Bajé cuidadosamente las escaleras que rechinaban sonoramente cuando se las pisaba y caminé hacia lo que creía que era la cocina. Thomas ya estaba ahí con Matt, y al parecer ya habían desayunado, pues los platos sucios reposaban ahora encima de la mesa sin que nadie hiciera ademán de recojerlos.
-¡Buenos días!- saludé cariñosamente.
-¡Buenos días señorita!- dijo Matt con una sonrisa tonta deformando sus nada delicadas facciones.
-Muy buenos días Elizabeth.- la sonrisa que curvó los labios de Thomas mientras hablaba no tenía ningún parecido a la que segundos antes había esbozado su compañero. La comparación causaba un poco de gracia, pero traté de no reirme para no ser descortés- ¿Dormiste bien?
-De maravilla- mentí.- ¿Qué hora es?- ahora que lo recordaba, no podía ser de mañana ya que habíamos llegado a esta pequeña casa al rededor de las cinco de la madrugada.
-Algo así como la una de la tarde, creo.- me respondió Matthew con un encojimiento de hombros.
-¿¡Qué!? ¿tan tarde?-mi voz sonaba alterada, no me esperaba que el día hubiera avanzado tanto. No podíamos perder mucho tiempo o llegar a Suiza en unos pocos días,como era el plan, sería totalmente imposible.
-No te preocupes- tranquilizó Thomas- estaba pensando en que hoy deberíamos quedarnos en casa de Matt para descansar un poco.
-Bueno...-no protesté, por dos razones principales: la primera era, que la verdad estaba muy cansada, y un día de descanso no me vandría nada mal. Y la segunda razón fue que por lo que había visto, Matt era un amigo cercano de Thomas y quizás querrían pasar un tiempo juntos. ¿Tiene hambre señorita?- preguntó Matt cortézmente.
-Por favor, no me diga señorita. Llámeme sólo Elizabeth.- le dije sonriendo dulcemente, y recordando cuando le decía a Thomas casi exactamente las mismas palabras.- Y la verdad es que si estoy un poco hambrienta.- mientras decía esto noté que Thomas me miraba fijamente con expresión tierna en el rostro. Sus ojos parecían perdidos viendo algo que sólo él veía. Me sonrojé un poco al darme cuenta que me estaba mirando a mi.
-No le de pena, aquí está en su casa. Ya le sirvo el desayuno.- dijo Matt pensando que la razón de mi sonrojo había sido él mismo.
-Muchas gracias.- respondí, dicimulando un poco y muy agradecida por que no hubiera notado la manera en que Thomas me miraba.
Thomas se levantó, y como todo un caballero me ofreció la silla contigua a la de él. Le sonreí coquetamente y me senté a su lado. La cocina era pequeña, pintada de un color amarillo ocre y con una pequeña mesita cuadrada en el centro.
El desayuno olía delicioso, aunque no logré adivinar exactamente qué estaba comiendo y preferí no preguntar. Cuando me di cuenta de que Matt no iba a recoger los platos, por pura cortesía los apilé todos juntos y los llevé al lavabo. Estaba topado de platos sucios y con comida, pero traté de no fijarme mucho en eso y lavar tan sólo los tres platos que me correspondían y sus respectivos tenedores y cuchillos.
Matt y Thomas estaban absortos en una conversación acerca de algún viaje que Matt había hecho recientemente, o eso creía, pues por las pocas palabras que pude comprender de la acelerada y grave voz de Matthew, lo que contaba tenía que ser sobre una aventura.
Traté de ignorarlos, y con un sueve movimiento encendí el agua. El sonido pareció poner alerta a Matt, que inmediatamente detuvo su relato para decirme:
-Ohh, muchas gracias Elizabeth. Pero no tienes por qué hacerlo, ustedes son los invitados. Por favor deja eso, yo luego me encargo.
-No te preocupes Matt, no me molesta. Ustedes sigan hablando.- le dije sonriendo tranquilamente.
-Insisto, no te preocupes por eso.
-De verdad, no me molesta.- esta vez pareció aceptar, pues después de dedicarme una mirada agradecida, enfocó sus ojos de nuevo en Thomas y siguió hablando.
Terminé muy rápido, y para no interrumpirlos subí a la habitación en la que habí dormido la noche anterior y de mi bolso de mano saqué el pequeño libro que había guardado para situaciones como esta. De terrible aburrimiento.
No estaba muy concentrada en la historia, sólo pasaba las páginas y miraba las miles de letras juntas sin siquiera tratar de descubrir que significaban.
Las horas pasaban y al parecer ellos aún no habían notado mi aucencia, y si se dieron cuenta, decidieron ignorarla.
Al rededor de las seis de la tarde, bajé de nuevo a la cocina, pues ya tenía mucha hambre. Para mi sorpresa, cuando entré, Matthew tenía lágrimas en los ojos y Thomas lo miraba comprencivo. Pasé de largo y me hice la desentendida, como si yo no hubiera notado nada.
Me senté en la mesa, no exactamente al lado de Thomas, pero sí muy cerca. La habitación estaba en completo silencio, y fue después de unos minutos cuando Matthew preguntó:
-¿Tienen hambre? El el refrigerador debe haber algo, ya me levanto.
-Muchas gracias Matt. Estoy hambriento.- contestó Thomas un poco extrañado, supuse que porque Matthew había usado el plural para preguntar si 'teníamos' hambre. Él no había notado mi presencia, quizás estuviera demasiado concentrado en la razón por la que, minutos antes, su amigo lloraba. Miró a su alrededor, y cuando su mirada se cruzó con la mía, confirmó mis sospechas diciendo-: Oh Elizabeth, no me había dado cuenta de que estabas aquí.
No se me ocurrió nada adecuado que contestarle, así que me conformé con mirarlo con una sonrisa en el rostro.
Se levantó, y recorriendo la distancia que nos separaba, se sentó a mi lado.
Poco tiempo después, Matt llegó con tres platos de algo que parecía pollo y una extraña ensalada -de noevo, preferí no preguntar-, estaba delicioso.
Comimos en silencio, quizás demasiado silencio. Ningún ruido perturbaba la paz del momento, y al principio fue agradable; pero después de un rato se hizo insoportable.
-¿Y cómo se conocieron?- dije cuando ya no aguanté más.
Ambos se miraron a los ojos por un corto tiempo, y luego Thomas asintió; como si le estuviera dando permiso de hablar.
-Bueno, es que yo también estaba en el ejército, en el mismo pelotón que Thomas.- dijo con una sonrisa que a mi parecer era algo forzada.
-Verás, ¿recuerdas que te conté que yo no tenía amigos hasta que conocí a Nicholas? la verdad es que, antes incluso de que Nicholas llegara al ejército, Matt era mi único amigo. Yo era un soldado solitario al que nadie se molestaba en mirar, pero con Matt siempre fue diferente; a él no le importaba ni mi padre ni nadie. Cuando comenzamos a conocernos, nos dimos cuenta de que podríamos llegar a ser grandes amigos, y poco a poco en eso nos fuimos convirtiendo. Un día, creo que era un martes, cuando acababamos de llegar en barco a Francia para dirigirnos a Italia, el ejército de Austria nos interceptó, y sin ningún motivo, empezó un tiroteo...
"Muchos soldados murieron de inmediato, pero algunos como...-su voz se tornó más baja, como si no supiera si lo que estaba a punto de decir era algo que debiera mencionar.- algunos como... tu hermano, Andrew, se mantuvieron luchando y protegiendo a sus compañeros. Muy pronto ya no había casi nadie con ganas de enfrentar a el enemigo, y muchos emprendieron la retirada. Matthew y yo decidimos quedarnos y luchar pues no era algo ético abandonar a tus compañeros. Andrew también se quedó...- un sabor agrio en la boca no me dejaba concentrarme del todo. Sentí como las lágrimas corrían por mis mejillas pero quería seguir escuchando, necesitaba saber qué le había pasado a mi... hermano.- Fue algo horrible, y de un momento a otro, sólo quedábamos diez soldados contra todo un ejército. Mi padre también se había quedado, era el único de nosotros con verdadera experiencia; y cuando se volvió imposible seguir ahí, nos ordenó que escapáramos.
"Al principio todos nos quedamos inmóviles, pues ahí donde estábamos, escondidos entre los arbustos y con armas que ya casi se quedaban sin municiones, escapar hubiera sido un acto suicida. Algunos no pensaron en esto, y de un salto se pusieron de pie y trataron de correr hacia donde la maleza era más densa, pero de inmediato los vieron y los mataron. Quedábamos no más de cuatro soldados, incluyendo a tu hermano, y no teníamos a donde ir ni qué hacer.
"En un acto de plena nobleza y valentía, Andrew se levantó de entre las plantas en las que nos escondíamos, tomó su arma y disparó al único soldado austríaco que estaba tan cerca de nosotros como para que sus hombres se dieran cuanta de nuestra retirada. Apenas el soldado cayó al suelo, todos corrimos hacia donde minutos antes nuestros compañeros habían intentado huír. Cuando de pronto sonó un disparo...
"En el momento en que nos dimos vuelta vimos a Andrew tirado en el suelo con una bala en el pecho, no sabíamos si estaba muerto; pero yo no estaba dispuesto a dejarlo morir ahí. Nuestros compañeros hicieron caso omiso de nuestras llamadas de ayuda, y ahora sólo quedábamos Matthew y yo. Entre los dos lo levantamos y lo llevamos lo más rápido que nuestras fuerzas daban a en nuevo campamento del pelotón. Si es que se podía llamar campamento a un lugar donde unos soldados ingleses se ocultaban del enemigo austríaco sin tener si quiera sus tiendas y la comida. Con las mochilas que teníamos hicimos en el suelo una epecie de cama y entre Matt y yo pusimos a tu hermano en el suelo. Sus ojos estaban perdidos, pero una media sonrisa curvaba sus labios, pues gracias a él habíamos logrado escapar, gracias a él se habían salvado cuatro soldados. Él era un héroe.
"Al verlo así, no pude más que decir gracias, y en respuesta su sonrisa se ensanchó. Murió inmediatamente después.
"Quizás creas que era innecesario contarte esto, pero si no te lo hubiera dicho no entenderías el resto de la historia. Al ver a Andrew morir de ese modo, después de habernos salvado la vida a todos, Matthew decidió que él no estaría en el ejército un segundo más. Dijo que no quería soportar cómo gente tan buena como tu hermano moría de ese modo. Tomó las pocas cosas que podría cargar en un viaje tan largo y me dijo que iría a Francia, a esconderse en una de las casas abandonadas que había a las afueras de Paris. Yo no quise acompañarlo, debía seguir luchando, y si tenía suerte morir de una manera tan noble como lo había hecho tu hermano.
"Yo no estaba seguro de que Matt hubiera llegado con vida a Paris, pero no perdía nada intentando buscarlo. No lo había visto en algo más de un año, pero mantenía vivas mis esperanzas. Necesitábamos un lugar donde pasar la noche, y supe a qué casa dirigirme ya que cuando habíamos ido hacia Italia, pasamos por este lugar y él señaló que le agradaba la pequeña casita.- dijo mirándome profundamente a los ojos.
Yo estaba en shock, no podía hablar y casi tampoco respirar. Yo no sabía cómo había muerto mi hermano, nadie se había dignado a decírmelo. Por una parte me alegró saberlo, ya que mi hermano había sido un héroe. Ahora sabía por qué tiempo atrás en casa de mi tía Thomas había dicho que su muerte afectó a todo el pelotón. Andrew era un gran hombre, eso lo sabía, pero ahora sabía también que era un héroe. Pero por otro lado, la sensación de vacío que se había apoderado de mi corazón hubiera preferido ahorrármela.
Silenciosas lágrimas corrían por mis mejillas, y ambas manos las tenía en el pecho, donde estaba el corazón, en un intento fallido por que no se desmoronara en pedazos.
Con cuidado Thomas se acercó a mi y dulcemente me abrazó. El dolor que sentía en el pecho disminuyó significativamente, y luego de un tiempo que me pareció eterno me separé de su abrazo para perderme en su mirada mientras le decía:
-Gracias Thomas. De verdad muchísimas gracias. Ahora se que mi hermano murió como todo un héroe.- mi voz sonaba quebrada, pues mientras hablaba tuve que reprimir las intensas ganas de echarme a llorar como una niña pequeña.
-Eso era.- fue lo único que respondió mientras me besaba la frente tiernamente.
Matthew observaba la escena desde el otro lado de la mesa, callado. Para mi sorpresa descubrí que las lágrimas también inundaban los ojos de Matt; por lo que decidí ser fuerte y calmarme un poco. Respiré profundo y dije:
-Ustedes también son muy valientes. Gracias por no dejar que mi hermano muriera solo.
No hubo respuesta a este comentario, pues al parecer a ellos también les afectaba el tema, aunque por supuesto, no tanto como a mi.
Thomas se sentó de nuevo a mi lado mirando al espacio con ojos de nostalgia, mientras Matt soltaba unas silenciosas lágrimas.
Me levanté de la mesa y abrazé a Matthew. Como pasaba casi siempre, su apariencia ruda no tenía nada que ver con quien era realmente.
Se calmó un poco y los tres nos dirigimos a la pequeña salita mientras hablábamos de temas agradables que nada tuvieran que ver con la guerra.
Ahora estaba contenta, por tres cosas: 1. Mi hermano era un héroe, y estaba totalmente orgullosa de ello. 2. De ahora en más, cuando hablara de Andrew no sentiría tanto dolor, y podría contar su historia a quien quisiera escucharla. 3. Thomas era mucho más perfecto para mi de lo que imaginaba... Era valiente y noble, había acompañado a mi hermano cuando los demás habían decidido dejarlo. Estabmos hechos el uno para el otro.
Como si hubiera oído mis pensamientos se levantó de su puesto al lado de Matthew y se sentó conmigo. Me abrazó tiernamente y nos miramos a los ojos. Como siempre, no hizo falta decir nada, nustras miradas hablaban por nosotros...

jueves, 24 de junio de 2010

Cap. 21 Punto de partida

Frío, humedad, brisa y nostalgia. Fue lo único que pude sentir cuando traspasé la puerta y me encontré sola frente al mundo, un mundo que estaba en guerra. Aunque realmente, no estaba sola, la verdad tenía la mejor compañía que podría haber pedido. Este pensamiento me hizo sentir mucho mejor, y como quien no quiere la cosa me acerqué a mi 'compañero' y lo tomé del brazo, lo cual a él pareció no molestarle en lo absoluto.
-¿Y ahora hacia dónde?- pregunté aún aturdida, pues miles de sentimientos encontrados se apoderaban de mi cabeza como me había pasado cuando soñé con Andrew. Por una parte, quería irme pues estaría siempre con Thomas y vería a mi padre, sería una hermosa aventura y algo nuevo que vivir, pero por el otro lado no quería abandonar a mi tía, a Ricky, a David ni a Marie, sentía que me estaba marchando de un lugar al que realmente pertenecía, donde tenía todo a mi alcanze y donde era realmente amada. Si ponía en una balanza las dos opciones, estaban ambas casi a la misma altura, pero sabía que siempre tendría mas peso el estar con Thomas y volver a ver a papá, aún cuando tuviera que hacer tantos sacrificios para lograrlo.
-Pues tendremos que caminar bastante y si tenemos suerte encontrar un lugar donde pasar la noche mientras logramos llegar al tren.- dijo mirandome fijamente para calcular mi reacción.
-De acuerdo.- dije intentando sonar animada.
Caminamos muchísimo tiempo, en tan sólo unos minutos dejamos atrás la casa de mi tía y poco a poco me iba acostubrando a la idea de marcharme.
Las horas pasaban y llegó un momento en el que las casas ya no estaban, sólo los caminos de tierra y árboles de inmenso tamaño que nos rodeaban por doquier. Yo estaba realmente cansada, aunque según parecía, Thomas estaba perfectamente; aunque tuviera que llevar cargadas ambas maletas y después de un rato gran parte de mi propio peso, ya que me había recostado de él sin darme cuenta.
No solté su brazo en todo el camino, y de vez en cuando me besaba la coronilla para infundarme valor, aunque con esto sólo lograba que mi corazón latiera desquiciadamente y que me fuera mucho más difícil respirar.
Los primeros indicios de la guerra aparecieron ante nosotros cuando por fin nos acercábamos a la ciudad. Casas destruidas, calles llenas de profundos baches y ventanas y puertas cerradas con clavos y tablas.
Había vivido tan alejada de la realidad en casa de mi tía Lynette, que ver la destrucción de lo que antes había sido un hermoso sitio, me causó tal impresión que me puse tensa, tan tensa que el mismo Thomas lo notó.
-¿Estas bien? Aún puedes volver si cambiaste de opinión.- dijo con una voz extraña, como si en parte quisiera que yo volviera y por otra le costara dejarme ir.
-Estoy bien.- respondí secamente.
-¿Estás segura?- su tono sonaba preocupado, quizás por la expresión que tuviera mi rostro.
-Muy segura, sólo que me impresioné un poco. Viviendo en el campo uno casi se olvida de que estamos en guerra.
No respondió y yo tampoco volví a hablar.
Poco a poco el sol comenzaba a aparecer en el horizonte, y la oscuridad era lentamente remplazada por la luz mortecina de un día naciente.
El camino fue tedioso, aunque cada gota de sudor valió la pena estando con Thomas. Para relajar el ambiente, conversamos sobre temas triviales y cosas sin importancia, como si fuera un día cualquiera paseando por el jardín con Ricky siguiendonos mientras meneaba el rabito o perseguía a alguna mariposa.
Tenía mucho sueño, y todos mis músculos estaban engarrotados, pero al parecer aún no era momento de detenerse. Seguí caminando sin dar ninguna queja, pero cuando sentí que realmente no podía mas, comenté:
-¿Cuánto falta?
-No mucho, ya casi llegamos- respondió con una nota de emoción en su voz, lo cual me extrañó y no pude evitar preguntar:
-¿A dónde?
-Ya verás- esbozó una de sus hermosas sonrisas mientras me miraba a los ojos sin dejar de caminar, lo cual me hizo sentir un poco mejor y me ayudó a continuar.
Caminamos un tiempo más y cuando las casas ya estaban muy separadas la una de la otra, se detuvo.
-¿Qué te parece?- dijo señalando una casa un poco destartalada.- Aquí pasaremos la noche.
Dormir en una casa era más de lo que me esperaba, aunque ésta fuera un poco 'diferente'.
-Es estupendo Thomas. Pero, entraremos así como así. Y si allí vive alguien.- le dije después de pensar un poco.
-Pues claro que ahí vive alguien. Es un amigo que espero te agrade conocer.
-Ohh- suspiré aliviada- por supuesto.
Nos dirigimos al descuidado jardín de aquel lugar que sería nuestro refugio por una noche.
Thomas se acercó a la puerta y tocó estrepitosamente para que lo oyeran, y efectivamente después de unos momentos de espera un hombre apareció en la puerta.
No tendría más de unos veinte años, su cabello rojizo resaltaba unos ojos marrón chocolate. Tenía un rostro de rasgos muy toscos, nada parecidos a los de Thomas, que aunque fueran muy masculinos tenían un toque de delicadeza que lo hacía más hermoso. El hombre de la puerta se acercó inmediatamente cuando vió a Thomas, lo miró sorprendido por un instante y luego, para mi sorpresa, lo abrazó fuertemente provocando que mi brazo que aún estaba entrelazado con el de Thomas, sintiera la presión de su caluroso saludo.
-¡Thomas! Pero que gusto verte muchacho. ¿Qué te trae por aquí?- dijo dedicándome una mirada intencionada.
-Mat ella es Elizebeth, Elizabeth, él es Matt.- dijo cuando se dio cuenta de cómo me miraba su amigo.
-Es un placer conocerlo- dije un poco apenada.
-Pues el placer es todo mío. Matthew Cromwell a su servicio señorita.- le dediqué una sonrisa a la que él respondió amablemente y luego volvió a dirigirse a Thomas- bueno muchacho, no me has respondido ¿qué haces por aquí?
-Bueno Matt, Elizabeth y yo debemos llegar a Suiza lo antes posible. No hemos dormido mucho y yo me preguntaba si no te importaría...- Matthew no lo dejó terminar, pues al oír esto de inmediato dijo:
-¡Pero por supuesto! Pueden quedarse todo el tiempo que deseen.
Era un hombre bastante amable, a pesar de su apariencia un poco ruda.
-Oh gracias Matt. Sabía que no me fallarías.- dijo Thomas extendiéndole la mano para darle las gracias. Él estrechó su mano y luego dijo:
-Bueno, ¿qué esperan? ¡Pasen! Afuera hace mucho frío.
Pasamos juntos, y cuando estuvimos adentro Thomas me miró tiernamente y susurró a mi oído:
-No sabes cuánto me alegra que hayas venido.- una sonrisa pícara curvó de nuevo sus labios, y yo me sonrojé, como siempre.
Por dentro la casa no estaba del todo mal, aunque el desorden típico de un hombre que vive solo no podía faltar. En mi mente se habían formulado miles de preguntas: ¿Quién era este hombre? ¿Cómo lo había conocido Thomas? ¿Por qué eran tan amigos? ¿Qué pasaría mañana?.
Pero todo esto debía esperar, pues tenía demasiado sueño siquiera para caminar. Thomas lo notó, y le pidió a Matt que me mostrara el camino a una habitación donde pudiera descansar. Él aceptó amablemente, y subió conmigo las escaleras hacia una alcoba con una pequeña cama y sábanas un poco duras. No me importó, era mejor de lo que había imaginado. Cuando Thomas dijo: "si tenemos suerte encontraremos un lugar donde pasar la noche" me resigné a dormir en el suelo, por lo cual, la paqueña camita que hibiera sido totalmente incómoda en cualquier otra circunstancia, ahora me parecía un lecho de rosas.
Me senté en la cama y pensé en lo que pronto vendría. Alguien tocó la puerta, y yo lo dejé pasar. Thomas entró en la habitación y puso mi bolso a un lado de la cama, me miró a los ojos y me dijo:
-Buenas noches.- de nuevo (y sin querer) me hundí en sus pupilas, navegando en el mar de sus ojos. Por un momento me quede mirándolo sin responder, pero justo antes de que se fuera, pude decir:
-Buenas noches Thomas-. Dio media vuelta y sonrió de nuevo, para luego irse.
Tomé mi bolso y me puse un pijama. Tenía tantas preguntas que hacerle a mi príncipe... Pero debía esperar a mañana, tenía demasiado sueño.
El día de hoy había sido el punto de partida de todo lo que estaba por venir, la aventura a penas comenzaba y miles de cosas extrañas, quizás muchas noches sin dormir y millones de miradas que sólo entre Thomas y yo entendíamos tendrían que pasar para que llegáramos a nuestro destino. No pude evitar pensar que pasara lo que pasara, estaría con Thomas. Esta sola idea me reconfortó de una manera impresionante, miré por última vez la habitación y me recosté en el rígido colchón; estaba demasiado cansada para que este pequeño detalle lograra molestarme, así que cerré los ojos, y pronto me quedé dormida...

sábado, 19 de junio de 2010

Cap. 20 Sin mirar atrás...

Una agradable sensación de familiaridad me invadió cuando me vi rodeada de mi madre, mi padre y mi hermano...
Mi antigüa casa de Londres no había cambiado, era tal y como la recordaba. Estábamos los cuatro en la puerta principal, mi madre lloraba en silencio y mi padre sólo podía mirar al vacío mientras mis sollozos eran lo único que se oía.
-Andrew no te vayas. Por favor quédate conmigo.- él estaba en la puerta, ya vestido de soldado esperando a que llegara el transporte que lo llevaría a la base militar donde le sería asignado su pelotón. Estaba a punto de marcharse para no volver...
-Elizabeth, no te preocupes por mi, tu debes cuidar a mamá y a papá. Muy pronto estaré de regreso, te lo prometo.- me abrazó largo tiempo y me besó la frente. Nuevas lágrimas corrieron por mis mejillas y luego se despidió de mi madre y de mi padre.
-Te quiero Andrew.- dije con la voz ahogada en mis propias lágrimas.
-Yo también. Pronto volveremos a estar juntos.- sus ojos acaramelados brillaron con la intensidad de su mirada. Quería creerle, pero era tan difícil...
Salió de la casa y su dorado cabello -que era muy parecido al mio pero de un tono un poco más oscuro-, se empapó de inmediato bajo la lluvia. El transporte había llegado, y él dio media vuelta y se despidió con la mano por última vez...
De pronto, miles de sentimientos encontrados se apoderaron de mi. Era algo tan extraño...
Me desperté sudando y con el corazón latiendome muy rápido por la angustia. Hacía tanto tiempo que no soñaba con él...
El cielo seguía oscuro, por lo que deduje que era muy entrada la noche o muy temprano en la madrugada. Traté de volver a dormir, pero millones de pensamientos sobre mi hermano me impedían siquiera respirar.
Me levanté de la cama y fui al baño a secar las lágrimas que empapaban mi rostro. Traté de respirar profundo y relajarme... "No pasa nada, fue sólo un sueño..." pensé una y otra vez hasta que mis sentidos volvieron a la normalidad y lentamente volví a quedarme dormida.
No soñé con más nada aquella noche, pero tampoco pude dormir del todo tranquila con la imagen de mi hermano saliendo de casa por última vez aún en mis pensamientos.
El día siguiente llegó claro y despejado, la lluvia ya había cesado, y rezé porque no volviera a llegar al menos por el día de hoy. Me levanté cuidadosamente para no caerme, pues la falta de sueño me había dejado un poco mareada.
Mi reflejo en el espejo me sorprendió un poco, mi cara estaba hinchada por el llanto y unas profundas y amoratadas ojeras de veían claramente debajo de mis pestañas. No podía dejar que Thomas me viera así, o pensaría que no estaba preparada para irme y se negaría a que lo acompañara.
Contra todas mis costumbres abrí la gaveta de maquillaje que mi tía había dejado para mi. Lavé mi cara precavidamente para disminuir la hinchazón y con un poco de polvo tapé las ojeras. Funcionó mejor de lo que había pensado, parecía nada hubiera pasado.
Miré a Ricky que seguía dormido, y pensé por vez primera que tendría que dejarlo...
Lo extrañaría demasiado, y siempre pensaría en él, pero como había estado pensando el día anterior, viejos sueños dejan espacio a los nuevos; y pronto volvería a verlo. O eso creía...
Sacudí de inmediato los malos pensamientos de mi mente y me repetí a mi misma que no era un adiós, sino tan sólo un hasta luego. A demás, tenía todo un día para estar con él pues no partiríamos hasta el día siguiente.
Me vestí y bajé a desayunar. Thomas me esperaba en la cocina con una media sonrisa en el rostro, sabía cuanto le costaba dejarme acompañarlo...
-Buenos días señorita- dijo resaltando la última palabra y luego me guiñó un ojo.
Yo reí un poco y le contesté:
-Buenos días caballero. ¿Me daría usted el gusto de ser mi acompañante durante el desayuno?
-Pues el gusto será todo mío.- dijo haciendo una ligera reverencia.
Le dediqué la más tierna de mis miradas y nos dirigimos juntos a la cocina donde Marie nos sirvió el desayuno despues de saludarnos tan alegre como siempre, sin siquiera llegar a sospechar lo que en secreto estabamos planeando.
El desayuno se desarrolló en silencio, y sólo nuestras miradas hablaban entre ellas mientran ambos nos concentrábamos en no decir nada comprometedor frente al personal de la cocina.
Aunque el día estaba hermoso, cuando terminamos de comer fuimos directo a la biblioteca para dejar todo listo para el día siguiente. Yo tomé un libro de geografía e investigué toda la información que pudiera recordar sobre Suiza, mientras Thomas paseaba taciturno por la biblioteca.
Suiza
Capital: Berna
Superficie: 41.293,2 km
Idiomas: alemán, frances e italiano
Moneda: Franco suizo
Población: 7.725.200 habitantes
Fue todo lo que pude recordar, mi mente estaba demasiado llena de preguntas sobré mi futuro cercano como para dar espacio a algo más.
-¿Dónde nos encontraremos para salir?-pregunté cuando me di cuenta de que ese escencial detalle no había sido planeado.
-Umm... En la puerta de tu habitación a la 1:30 a.m. ¿estás de acuerdo?- preguntó mientras el nerviosismo que había estado ocultando se hacía notar más y más cada vez que nuevas palabras brotaban de su boca.
-Está bien...
La tarde transcurrió mientras nos asegurábamos de que los dos recordáramos que teníamos que hacer y a donde tendríamos que ir. A las seis en punto me dirigí a mi cuarto, para prepararlo todo para nuestra partida.
Tomé todo el dinero que me había dejado mi madre -que a decir verdad era bastante- y lo guardé en un bolso de mano con mis pertenencias más personales. Como una foto de mi familia, una de mi mamá y mi tía Lynette que había sacado de el baúl de la primera y un pequeño libro para estar precavida a las horas de posible aburrimiento que quizá estaban por venir. En la maleta más fácil de cargar que poseía guardé mi ropa más resistente para estar preparada a cualquier sutuación que se presentara, algunos zapatos y mi peine para poder cepillar mi cabello fuéramos donde fuéramos.
Ahora la parte más dificil... No había pensado profundamente en esto ya que sabía que sería demasiado doloroso.
En un papel escribí con mi letra más hermosa:
"Querida tía Lynette,
Mi estancia contigo ha sido maravillosa, no te imaginas como disfruto de tu compañía y lo mucho que te quiero. Eres para mi una madre, como ya debes saber.
Cuando leas esto yo estaré camino a Suiza con Thomas. Quiero que sepas que no me he ido por tu culpa, tu no has hecho nada malo así que no te culpes por esto; pero necesito ver a mi padre.... (no mencioné lo mucho que me costaba dejar a Thomas ya que no me pareció algo relevante)
Pronto nos volveremos a ver, eso te lo puedo prometer; y entonces seré yo quien te cuente las experiencias de mi viaje. Cuando vuelva me gustaría acompañarte a uno de los tuyos, y que así tengamos vivencias juntas que luego podamos contarle a cualquiera que esté dispuesto a escucharnos.
Mil gracias por todo lo que me has dado y el amor que me has brindado, jamás me sentí tan querida como me sentía estando contigo. Eres la mejor tía del mundo entero. Cuando vuelva te abrazaré tan fuerte que no podrás respirar.
Te quiere demasiado, tu 'hija' Elizabeth"
Doblé el papel y lo introduje en un sobre. Mi tía llegaría un cuatro días, y cuando llegara yo ya estaría muy lejos. Dejé la carta sobre mi cama. A la mañana siguiente David la encontraría cuando notara mi ausencia y subiera a revisar; la leería y se la guardaría a mi tía Lynette. Todo estaba perfectamente planeado.
Las lágrimas brotaron inclementes de mis ojos, y un agudo dolor en el pecho me hizo sentir por un instante que quería quedarme, aunque luego de considerarlo, la idea de dejar a Thomas me dolió aún más.
Alzé en vilo a Ricky y lo miré a los ojos por largo tiempo, cuando volviera estaría tan grande que ya no podría cargarlo.
Me costó un mundo dejar de mirar a mi mejor amigo, a mi compañero más fiel, a aquel que me daba un amor incondicional que solamente una mascota puede dar a su dueño. Besé su peluda frente y el lamió mi mejilla, sus ojos tiernos me miraban sin comprender. Estaba segura de que él sabía que algo pasaba.
-Volvere pronto, te lo prometo. Eres el mejor perrito del mundo y te quiero demasiado como para permitirme no volver a verte.- Volví a besarlo en la coronilla y me dirigí a mi mullida cama a dormir un poco antes del largo viaje que estaba por realizar.
Mis sueños fueron confusos e irreales, nada digno de mencionar.
Desperté alrededor de la una, justo a tiempo... Fui al baño y tomé una larga ducha, para luego arreglarme y vestirme con mi ropa más cómoda. Durante este laapso de tiempo sólo pude pensar en mi hermano, y como cuando me fui de Londres y vine a Paris, quise poder irme como él lo había hecho "Sin mirar atrás..."
1:25 a.m.
Faltaba poco. Mi corazón comenzó a latir violentamente y me acerqué a Ricky que dormía plácidamente en mi cama para acariciarlo y besarlo de nuevo.
1:29 a.m.
Ya era hora, tomé mis cosas y salí de mi habitación.
Justo cuando abrí la puerta encontré a Thomas parado frente a mi esperando para tomar mi bolso, con el suyo en la otra mano.
-Me alegra que seas puntual.- dijo en un susurro casi inaudible.-Aún no se por qué te dejo venir conmigo.
-No es momento para arrepentirse, vamos- dije igual de bajito y sonriendo ampliamente.
Bajamos juntos las escaleras y nos dirigimos a la puerta trasera, pues la principal estaba cerrada con llave por las noches.
Puse mi mano en el pomo de la puerta, y la abrí. Esa era mi entrada a una nueva vida, no permitiría que fuera la salida de una antigüa.
-¿Lista?- susurró Thomas a mi oído.
-Nunca antes había estado tan lista.
-Pues vamos.
-Sin mirar atrás...- fue lo único que pude responder.

viernes, 18 de junio de 2010

Cap. 19 Confesiones, planes y decisiones...

Cuando desperté aquella mañana, el día estaba nublado y gris.
-Genial.- dije sarcásticamente habando conmigo misma.
¡Que mala suerte! Justo el día anterior había estado pensando en lo poco que llovía en aquel sitio. Me resigné a que tendría que pasar el día adentro, y me vestí para bajar a desayunar.
Al llegar a la planta baja de la casa, miré hacia todas partes buscando a Thomas, pero no estaba en ningún lado... "Quizás sigue durmiendo" pensé muy poco convencida, ya que según me había dado cuenta, él solía despertarse muy temprano pues en el ejército así lo hacían y debía haberse acostumbrado.
Desayuné en soledad y al terminar subí a mi habitación a buscar a Ricky. Al pasar por el pasillo en el que estaba su alcoba, la puerta estaba abierta. No le di mucha importancia y seguí mi camino.
Cuando estuve de nuevo abajo con Ricky en mis brazos -pues todavía no era lo suficientemente grande como para no poder cargarlo- miré de nuevo cada rincón pero no vi a Thomas en ninguna parte. Comenzé a sentirme un poco ansiosa, pero traté de no hacerle mucho caso.
Ya que estaba lloviendo, tendría que quedarme adentro y aburrirme a muerte si Thomas no estaba a mi lado...
No tenía muchas ganas de leer, así que ir a la biblioteca no era una opción, y tuve que quedarme en la sala jugando con Ricky. Si es que se le podía llamar jugar a sentarnos en un sillón a vernos fijamente.
Los minutos comenzaban a pasar y cada vez estaba más aburrida, así que fui en busca de David para preguntarle si había visto a Thomas, o en segunda instancia, hablar con él un rato. Caminé en silencio por la casa y al llegar al corredor que daba a la puerta trasera me encontré a David caminando en dirección contraria a la mia.
-¡Buenos días David!
-¡Buenos días señorita!
-David, ¿por casualidad no has visto a Thomas hoy por aquí?- le pregunté rogando que la respuesta fuera un sí.
-Pues sí, se despertó muy temprano y fue a la biblioteca sin desayunar.
-Oh, gracias David- le respondí realmente agradecida.
Aunque no tenía ganas de leer, me dirigí sin pensarlo a la biblioteca; pues estar con Thomas era todo lo que yo quería hacer, aún cuando tuviera que estar en silencio observándolo mientras las páginas de algún libro tomaban total pocesión de sus pensamientos.
Que envidia le tenía a ese libro que tenía la suerte de estar en sus manos y ser el centro de toda su atención, esa atención que yo día a día luchaba por conseguir. Recordé las supuestas 'indirectas' del día anterior y no pude evitar sonreir para mis adentros pensando en que quizás porfin estuviera logrando capturar un poco de ella.
Entré sigilosamente en la biblioteca, y para mi sorpresa cuando lo miré no estaba leyendo...
Estaba apoyado en el balcón mirando hacia afuera, mientras la inclemente lluvia empañaba las ventanas.
No me atrevía a hablar, y como él no había notado que yo estaba ahí, me pareció buena idea mantenerme callada y simplemente pararme a su lado hasta que él decidiera que quería conversar.
Me situé a su lado y el silencio se mantuvo por varios minutos, hasta que ladeó la cabeza y muy bajito susurró:
-Elizabeth, tengo algo importante que decirte.- su voz sonaba lejana y un poco ronca, no era para nada la voz que yo moría por oír, esa voz con la que soñaba de noche y que de día llenaba mi mente...
Se me desmoronó el alma, pues me imaginé que quizás estuviera a punto de declararme su amor o de decirme que no podía vivir sin mi. Todo lo que en ese momento pasó por mi cabeza eran pensamientos agradables. Jamás imaginé que era lo que en realidad estaba a punto de confesar...
-Dime...- le respondí aún más bajo, pues la emoción que sentía ahogaba mi voz.
-Esto es... Dificil- dijo como si tratara de reunir coraje y encontrar las palabras adecuadas para decirme lo que sea que tuviera que contar.- Nunca pensé que sería tan duro para mi...- la frase quedó inconclusa, y noté un tono de histeria en su voz que me hizo dudar de que lo que tenía para decir fuera algo bueno.
Volvimos a quedarnos ambos en silencio, yo esperando a que hablara y él sin saber que decir.
-Debo irme...- no lo comprandí en el momento en que lo dijo, y pensé que se refería a irse de la bibloteca o algo así, a algún lugar lejos de mi para ordenar sus pensamientos, pero lo menos que pensé fue que se refería a irse de mi vida.
-Pues, si quieres te espero...- dije inocentemente.
-No lo entiendes, debo irme de aquí. Debo volver a Suiza y acompañar a Nicholas para decirle que todo estará bien. Él me pidió que volviera. Y debí hacerlo hace mucho tiempo pero no tuve el... valor.- nunca lo había oído hablando así. El dolor imprimido en sus palabras era más que notorio y la tristeza que su ser emanaba era más que palpable.
La luz grisásea provocada por la lluvia -si es que a eso se le podía llamar luz- iluminaba sus ojosy hacía que parecieran fríos y sombrios, no eran los ojos en los que inconcientemente me hundía, aquellos que daban una sensación de calidez que te llenaba por dentro...
-Pero Thomas... Yo no...-las lágrimas amenazaban con asomar, pero las contuve lo major que pude, respiré profundo y mirándolo a los ojos le dije:- No te puedes ir, no me dejes sola.
Una sonrisa impregnada de nostalgia curvó sus labios, y un extraño brillo en sus ojos los iluminó con sinceridad cuando me dijo:
-No tienes la menor idea de cuánto quisiera hacerlo... Pero no puedo.
Esto no podía ser, no me podía estar pasando a mi... Mi príncipe por fin llegaba y después de unas pocas semanas, así como así, debía irse y dejarme de nuevo, quizás para siempre...
Por un instante concideré la posibilidad de dejarlo ir, con la condición de prometerme que volvería; pero, ¿y si no lograba hacerlo? ¿Y si por cuestiones del destino no podía llegar siquiera a Suiza con alguna de las batallas que quizás se cruzara? No, de ninguna forma podía dejarlo ir.
-Thomas quédate. Mandaremos a alguien que le de las noticias a papá. No puedes irte, por favor, no lo hagas...
-Elizabeth, te ruego que no insistas. Lo haces mucho más dificil de lo que ya es...
En ese momento un terrible rayo cortó el cielo, y acto seguido un estruendoso trueno hizo vibrar los vidrios de la ventana.
Que ironía.
En aquel hermoso lugar nunca llovía, y justamente hoy el cielo había decidido llorar las lágrimas que luego a mi me tocaría derramar por la partida de mi primer y único amor.
Levanté la vista y lo vi a los ojos. Sus perfectas facciones estaban deformadas por el dolor y el sufrimiento, me había rogado que no le insistiera y yo seguía haciéndolo. Me odié a mi misma por causarle tanto dolor, pero no podía dejar que se fuera.
-Thomas se razonable, deja que enviemos a alguien que vaya a Suiza por ti y así...-no pude terminar la frase, pues las lágrimas que había estado guardando en mi interior ya no consiguieron espacio para alojarse, pues tal vez mi corazón estuviera totalmente inundado, y mis sueños y deseos ahogados.
Se colaron de mis ojos varias de esas escurridizas lágrimas, y para mi sorpresa al verme llorando Thomas se acercó y me estrechó fuertemente contra su pecho. Inmediatamenmte me sentí protegida en su abrazo, como si ese fuera el lugar al que yo pertenecía...
-Iré contigo.- lo dije sin dudar, mi voz sonóo fuerte y no había rastro de duda alguna en mis palabras.
-Elizabeth... No puedes. Es demasiado peligroso, yo no podría arriesgarte a que...- lo interrumpí.
-Thomas, si no me dejas ir contigo sabes que me escaparé, y estando sola quizás me perderé, así que considerando todo, lo mejor es que me dejes acompañarte.
-Oh Elizabeth eres imposible... Tan testaruda y tan dulce...- no podía creer lo que estaba diciendo, ¿era esto alguna clase de declaración? Quizás sí, o quizás no...
Reí bajito, tanto que casi ni yo misma me escuché.
-Entonces... ¿cuándo nos vamos? debe ser de noche para que no nos vean, y mientras más pronto mejor pues si llega mi tía sera mas dificil y yo no podría...- esta vez fue él el que no me dejó terminar poniendo un dedo en mis labios.
-Yo no he dicho que irás conmigo. Es demasiado arriesgado.
-Ohh vamos Thomas. No seas así.- puse mi mejor carita de niña malcriada e hice algunos pucheros.
Estaba totalmente decidida a acompañarlo, quizás fuera una idea descabellada, pero dejarlo ir no era para nada una opción. Mis sentimientos cambiaron inmediata y radicalmente. En un momento una profunda tristeza traspasó mi ser como una lanza, y al otro estaba... ¿entusiasmada? con la idea de huír con Thomas.
-No me hagas eso, ya es muy dificil para mi tener que dejart... dejar todo esto. No hagas que sea más duro,- ¿mis oidos me engañaban? ¿había estado a punto de decir que no quería dejarme? Tal fue la dicha que me inundó que no me importaba ahora lo que él dijera. Aunque no quisiera me iría con él; lo acompañaría hasta el final del mundo si eso fuera necesario.
-Thomas, no te estoy pidiendo permiso para acompañarte. Te estoy informando que iré contigo. Digas lo que digas no cambiaré de parecer. Mira, la vida me ha enseñado que uno debe luchar por lo que quiere, y que las decisiones deben ser tomadas sin dudarlo. Lo que yo quiero es estar contigo, así que no me obligues a quedarme aquí sola de nuevo...-"te necesito" estas últimas palabras sólo las pensé, no tuve el valor suficiente para confesarle cuánto lo necesitaba.
Lo que le dije, era totalmente cierto, la vida a duras penas me había demostrado que uno debe luchar por lo que se quiere y que si debemos abandonar los sueños que hace poco estabamos construyendo, debíamos hacerlo sin pensarlo dos veces; pues una nueva vida traería nuevos sueños y los anteriores no serían abandonados. Tan sólo dejados de lado momentáneamente hasta el momento de volver a retomarlos.
Eso era precisamente lo que haría, aunque Thomas dijera lo que dijera, me iría sin mirar atrás... Tal como se había ido mi hermano al ejército, tal como se había marchado mi padre, tal como yo me había transladado a Paris por mi cuenta, tal como debemos hacer cuando las decisiones por tomar son demasiado difíciles.
Solo debes irte "sin mirar atrás..."
Lo meditó un largo tiempo y yo lo dejé pensar sin hacer ni un sonido. Al cabo de unos minutos respondió:
-Aunque se que es una locura, soy demasiado egoísta para dejarte. No sé por qué hago esto. ¡Me estás volviendo loco!- me dijo jugando. una ancha sonrisa iluminó su semblante; y mi corazón dio tres vueltas en mi pecho para luego latir descontroladamente. El ambiente se relajó un poco, y ambos nos sonreimos mirándonos a los ojos y dejándo que nuestras miradas dijeran las cosas que nuestros labios no se atrevían a decir.
Estaba hecho. Me iría con él y nos dedicaríamos los dos a buscar a mi padre. Esto no podía ser más perfecto.
Lo paneé todo a su lado, dejaría en mi cama una nota para mi tía y en dos días partiríamos a lo desconocido.
Comenzaría una nueva vida, sería algo que muy pocas personas han experimentado, y que yo tendría la suerte de experimentar.
Cada momento fue sincronizado, y cada detalle planeado cuidadosamente, todo saldría bien, no había márgen de error. Mientras hacíamos esto Thomas no dejaba de decir lo egoísta que era y esa clase de cosas que eran imposibles de él. Yo me dediqué a decirle que mas bien me estaba haciendo un favor, y que así no me perdería en la calles de Paris tratando de buscarlo cuando se fuera; él reía bajito y decía que quizás estaba en lo cierto.
Bajamos a almorzar, pues Thomas no había desayunado y yo tenía ya bastante hambre. Tratamos de mantener serenos nuestros rostros para que nadie se diera cuenta de nada, y al terminar de comer volvimos a la biblioteca para dejar todo perfectamente planeado.
Cuando anocheció nos fuimos ambos a dormir, y ya estando en mi habitación después de pensar un rato me pareció que lo había convencido demasiado fácilmente, quizás fuera porque enserio no soportaba estar sin mi... Mas de lo que yo podía imaginar. No me lo había dicho con palabras, pero era algo que cualquiera hubiera podido deducir.
La lluvia no paró de caer en toda la noche, y no dejó de atormentarme con el incesante sonido que producía al golpear el techo de la casa, pero poco a poco logré quedarme dormida.
Me dormí soñando con nuestros planes, y lo perfectamente bien que todo saldría.
Las confesiones de aquel día, si es que eran confesiones lo que había pasado en la biblioteca, también tomaron parte de mis sueños, y en un momento determinado terminé soñando con Thomas arrodillado en el césped de un gran jardín rodeado de muros mientras yo oía sus palabras de amor desde un alto balcón...

miércoles, 16 de junio de 2010

Cap. 18 Indirectas

-Ahora es tu turno- dijo mientras me ponía en las manos la pelota con una sonrisa en la cara. Cuando su cálida piel rozó la mia ma sonrojé un poco y un escalofrío recorrió mi columna.
-De acuerdo, pero no creo poder llegar tan lejos como tú- le contesté mientras fingía estar frustrada y ponía una bien fingida cara de drama.
Él a su vez rió por lo bajo, como siempre lo hacía, y contestó:
-Eso no lo sabrás si no lo intentas.
Lancé la pelota lo más fuerte que pude y aunque, como era de suponerse, mis intentos de que la pelota llegara 'lejos' parecían totalmente nulos al lado de los de Thomas, Ricky fue inmediatamente tras ella.
El día era hermoso, el sol brillaba en lo alto del cielo y la dulce brisa me rozaba haciendo ondear al aire cada uno de mis dorados cabellos. Desde mi llegada a Paris había llovido tan pocas veces que vagamente recordaba haber tenido que quedarme adentro un día completo.
La última semana había sido... ¿Única? Sí, quizás fuera una buena palabra para describirla.
Mi tía aún no llegaba, y en respuesta a la carta que yo le había enviado unos días atrás, me había dicho -después de disculparse un millón de veces- que no estaba segura de cuándo volvería, pero que no la esperaramos hasta dentro de una semana más.
Todos los días salíamos al jardín y hacíamos miles de cosas diferentes; mis días favoritos eran aquellos en los cuales simplemente nos mirábamos el uno al otro por largo tiempo y dejábamos que nuestras miradas hablaran por nosotros, y aunque no podría afirmarlo, a mi parecer Thomas también lo disfrutaba...
Cada segundo que pasaba con él hacía que mi corazón se hiciera más grande, y que cada nuevo espacio fuera llenado con su nombre, sus miradas y sus sonrisas.
-¡Muy bien Ricky!- dijo Thomas acariciándole la cabeza cuando apareció con la pelota en la boca.
-Ahora te toca a ti. Veamos por cuánto me superas esta vez- le dije riendo.
Otra de sus desgarradoras sonrisas curvó sus labios, y sus hoyuelos se hicieron más profundos mientras la sonrisa se ensanchaba.
Sacudió la cabeza en señal de desaprobación y me dijo:
-Bueno, tienes que tomar en cuenta que estuve mucho tiempo en el ejército y eso me da un poco de ventaja, si no, serías muy buena.
-¿Un poco?- le dije sarcásticamete.
-Esta bien, 'mucha' ventaja- dijo poniendo énfasis en la palabra y guiñándome un ojo.
El color acudió a mis mejillas, otra vez. Ya era algo totalmente común que me sonrojara cuando estaba con Thomas, así que no me esforzaba mucho en ocultarlo pues estaba casi segura que él ya se había dado cuenta de que me ponía un poco nerviosa cuando estaba a su lado.
-Tengo una idea, hagamos algo en lo que 'yo' tenga ventaja.- le dije en forma de juego para retarlo. Una vez más rió dulcemente.
-Está bien. ¿Qué quieres hacer?
-Mmmm...- no se me ocurrió absolutamente nada en lo que yo pudiera ser mejor que él así que para disimular, le espeté- Ya que esta vez seré yo la que tenga la ventaja y yo soy muy justa, elige tú qué quieres hacer- dije con un tono de bondad algo exagerado, para molestarlo un poco.
Se rió de mi comentario y me dijo:
-La verdad es que eres buena en tantas cosas que no sabría elegir una...- me dijo mirando el espacio como si estuviara visualizando todas las cosas en las que yo era 'buena'.
Como era de esperarse, me puse roja inmediatamente, pero igual contesté a su... ¿alago? no estaba segura de que fuera tal cosa... En fin, le contesté diciendo:
-¿Ah sí? Pues para ser sincera yo no me imagino haciendo cualquier cosa mejor de lo que tú lo harías- le dije como para provocarlo. Era la primera vez desde que nos conociamos que nos 'alagabamos' el uno al otro aunque fuera de una manera bastante indirecta. Le sonreí abiertamente, pensando que yo había tenido la palabra final; pero de pronto un ocurrente comentario me tomó desprevenida.
-¿Lo ves? Ahí lo tienes. Tu sonrisa no se compara con la de nadie. Eres mejor en eso que cualquier otra persona.- al oír estas tiernas palabras me puse más roja que nunca, al punto de que parecía que me hubiese pegado un par de pétalos de rosa en las mejillas.
Era la primera vez que me decía algo así...
Un silencio pesado se apoderó del aire y de nuevo fue su hermosa voz la que acabó con la tensión cuando lo oí reir armoniosamente.
-¿De qué te ríes?- le pregunté aún apenada.
-¡Mira a Ricky!
Giré un poco el cuello y vi a mi mascota detrás de nosotros tratando de atrapar a una pequeñísima y colorida mariposa que había tenido la mala suerte de llamar su atención. Era una escena bastante graciosa, ya que mi Husky Siberiano de ocho meses de edad, no era tan pequeño como cuando tenía tres meses, que fue cuando me lo regalaron. Como estaba creciendo, sus movimientos no eran nada delicados, entonces se dedicaba a dar tumbos de acá para allá tratando de alcanzar al insecto.
Reimos juntos, y toda la tensión que se aculumó durante aquel momento, se evaporó instantáneamente.
De ese momento en más, el día transcurrió entre agradables charlas. Jugamos con Ricky y cuando llegó de nuevo la noche, miramos juntos las estrellas imaginando lo que se sentiría estar en una de ellas. Fue un día perfecto, y cuando ya estaba en mi habitación, a punto de recostarme en mi cama, para dormir, pensé por primera vez que quizás lo que sentía por Thomas fuera mutuo... "Tonterías Elizabeth, simplemente piensa que tienes una linda sonrisa. No te hagas ilusiones" Me dije a mi misma cuando me di cuenta de que quizá estuviera exagerando.
Como de costumbre, soñé con Thomas, lo cual causó que durmiera plácidamente.
Cuando desperté a la mañana siguiente y bajé a desayunar, después de buscar la leche, encontré a Thomas hablando animadamente con Marie.
-¡Buenos días!
-Buen día señorita- contestó Marie a mi saludo.
-¡Muy buenos días Elizabeth!- dijo Thomas sonriendo de oreja a oreja.
Les sonreí a ambos y me senté en la mesa a esperar que el desayuno estuviera listo. Thomas no tardó mucho tiempo en situarse a mi lado para acompañarme, ya que él ya había comido.
La comida estuvo estupenda, como siempre.
Le di las gracias a Marie y miré a Thomas, que en ese momento se encontraba acariciando a Ricky que acababa de bajar las escaleras para saludar.
-Y... ¿qué quieres hacer hoy?
-Mmm... Podríamos ir a la biblioteca, o quizás al jardín. Lo que tu quieras hacer estará bien para mi- me dijo con una mirada tierna que podría lograr que a cualquiera se le paralizara el corazón. No pude evitar suspirar ligeramente, auque por fortuna él no se dio cuenta.
-¿No quieres hacer algo distinto hoy? Podríamos quedarnos adentro y hablar,o ir a la biblioteca a leer un poco. Lo que tu prefieras.- le dije sonriendo.
-Pues, la verdad es que no tengo problema en quedarnos hoy en la biblioteca.
-Perfecto, vayamos.- una sonrisa pícara curvó sus labios e inmediatamente se puso en camino a la sala para subir las escaleras que nos llevarían a la biblioteca.
Ya sentados los dos en las butacas, nos sumergimos en diferentes libros y no hablamos por horas. No se oía en toda la casa un solo sonido, y mientras la lectura avanzaba me iba desconectando de la realidad cada vez un poco más.
En el instante en que sentí que estaba a punto de quedarme dormida, alguien tocó la puerta y me hizo dar un salto del susto.
-Pase- susurré aún sobresaltada.
David apareció en el salón y nos pregutó si ya teníamos hambre y queríamos almorzar. ¿Tanto tiempo habíamos pasado allí?
Thomas aceptó gustoso, y aunque yo no tenía aún nada de hambre, bajé con él las escaleras para comer.
El almuerzo se desarrolló entre agradables comentarios de los libros que cada uno había estado leyendo, y cuando ambos terminamos de comer salimos de la cocina para dirigirnos esta vez al jardín.
Nos sentamos en el césped y conversamos por horas, sobre el primer tema que se nos viniese a la mente.
-Me gusta mucho estar contigo Elizabeth.- me dijo cambiando radicalmente el tema. ¿Habría sido una indirecta? Los últimos días me había estado diciendo cosas que cualquiera podría tomar precisamente como eso. Una indirecta.
-A mi también me encanta pasar el día contigo.- le dije sonriendo, y para mi sorpresa, sin ponerme roja.
Me devolvió la sonrisa y de inmediato retomó el tema de conversación anterior a su comentario.
Esta vez me pregunté mucho más enserio si mis sentimientos por Thomas podrían ser mutuos, pero al igual que la vez pasada que planteé esa pregunta, mi mente se negó rotundamente como si fuera algo imposible, una locura...
Mientras hablábamos Ricky correteaba alrededor de nosotros, y cuando ya el sol se ocultaba, decidió que estaba demasiado cansado para seguir corriendo y se acostó a mi lado posando en mi pierna su cabezota.
Yo también tenía algo de sueño, así que me despedí de Thomas y me fui a dormir.
Las 'indirectas' de aquel día me pusieron a pensar. ¿Y si estaba intentando decirme algo pero era muy tímido para hacerlo de frente? Si fuera así, jamás llegaríamos a nada, ya que yo era demasiado... ¿Cómo decirlo? Desconfiada... pues solía ilusionarme muy facilmente y no sabía reconocer cuando estaba bien hacerlo y cuando estaba exagerando (lo cual era lo más común).
No le di mas vueltas al asunto, y me fui a dormir tratando de no pensar... Aunque, claro, me fue totalmente imposible...

miércoles, 9 de junio de 2010

Cap. 17 Primer amor

Aquella mañana desperté con la mente y el corazón -pero sobretodo el corazón- llenos de expectativas acerca de el día que estaba por comenzar. La sencilla promesa de que Thomas estaría conmigo era algo simplemente alucinante...
Cuando desperté, encontré a Ricky aún dormido en la esquina inferior izquierda de mi cama; debía de estar muy cansado después de lo mal que había dormido la noche anterior.
Me levanté con cuidado, tratando de no mover mucho la cama para no despertar a mi mascota y me dirigí al baño. Luego de cepillar pacientemente todos mis rizos, y de asegurarme de haberme puesto la cantidad exacta de perfume, me encaminé al armario.
Tomé un hermoso vestido de un color morado claro y me lo puse. El día de hoy sería perfecto, y eso nadie lo podría arruinar.
Puse mi mano en el pomo de la puerta, y cuando estaba a punto de abrirla alguien del otro lado tocó tres veces.
Cuando abrí me encontré a David, le sonreí ampliamente y él a su vez me devolvió una gran sonrisa de alegría.
-Muy buenos días señorita. He venido a avisarle que su tía ha tenido que salir de viaje la noche de ayer. Ella quizo despedirse, pero usted ya estaba dormida y le dio mucha lástima despertarla.
En esta oportunidad no me desilusioné tanto como la vez pasada, puesto que así podría pasar todo el día con Thomas sin tener que dejar de lado a mi querida tía.
-Buenos días David. Oh, bueno le enviaré una carta para decirle que la quiero y que no se preocupe; si no ya sabes como se pone...-dije bromeando un poco.
David se rió conmigo y me dijo:
-Esa es una buena idea- me guiñó un ojo y bajó conmigo las escaleras.
Al pasar por el pasillo donde se encontraba la habitación de Thomas noté que la puerta ya estaba abierta, así que mi corazón se aceleró pues imaginé que tal vez se encontrara abajo... Esperándome...
¡Ni yo misma podía creer cuán facilmente me emocionaba por tonterías! Bueno, la verdad es que no estaba segura de que fueran tonterías ya que, aquella era la primera vez que me enamoraba de tal forma y no podía saber cómo se sentía el primer amor.
-Bueno señorita, aquí la dejo. Debo terminar mis deberes del día de hoy.- Estaba tan sumergida en mis pensamientos que oir la voz de David me sorprendió un poco. Sonreí ampliamente y le dije:
-No te preocupes, nos vemos luego ¡Que tengas un bonito día!
-Igual para usted señorita.
Él torció a la derecha, en dirección a la puerta trasera, y yo encambio me dirigí a la izquierda para buscar la leche en la puerta principal. La recojí y me dispuse a ir a la cocina para entregárcela a Marie.
Hablé un rato con ella, ya que tenía mucho tiempo sin hacerlo y a demás aquello me ayudaría a mejorar aún más mi francés que todavía no era del todo perfecto.
No hablamos mucho rato, pues al parecer, como David, ella también estaba ocupada. Me senté en la mesa y pregunté en voz alta:
-Marie, ¿Thomas no ha venido hoy por aquí?
-Disculpe ¿quién?- me dio un poco de gracia que aún no supiera su nombre; aunque pensándolo mejor, nadie había tenido todavía la descencia de presentarlos.
-Un chico alto, de pelo negro y ojos azules... Tiene durmiendo aquí un par de días.
-Oh claro. Pues sí señorita, esta mañana muy temprano cuando bajé a la cocina a comenzar con la jornada, él estaba sentado en la mesa desayunando solitariamente. En el momento en que llegue ya estaba casi terminando, pues después de un rato se levantó, y luego de dedicarme un agradable saludo se marchó.- Era la primera vez que Marie me decía algo tan largo (en francés) y yo lograba entenderlo todo a la perfección. Sonreí por el hecho de que mi francés estuviera cada vez mejor, pero a mi parecer el setenta por ciento de la sonrisa que esbozé, se debía a que Thomas sí estaba despierto.
Tomé mi desayuno rápidamente, me despedí de Marie y me dediqué a buscar al chico que hacía de mis días un hermoso cuento que, aunque no tenía principio ni fin, lograba mantenerme despierta por las noches pensando en qué pasaría después.
El primer sitio que se me ocurrió revisar fue el jardín, pero al parecer no estaba ahí. Cuando iba a subir las escaleras para buscarlo en la biblioteca, apareció Ricky meneando el rabito a manera de saludo.
-¡Vaya que estabas cansado! Creo que es la primera vez que duermes tanto.- en respuesta a mi comentario, ladró juguetonamente y salió corriendo al jardín que estaba a mis espaldas. Quizás tuviera pendiente un juego con una pobre ardilla que sería perseguida por los alrededores de la casa por más de dos horas.
Subí las escaleras y entré en la biblioteca. Cuando abrí la puerta mi corazón se aceleró y se detuvo al mismo tiempo.
Allí estaba él, con toda su perfección, sentado en una de las butacas en las que yo había pasado tardes enteras leyendo historias de amor e imaginándome a mi príncipe sin siquiera llegar a pensar en que podría estar tan cerca de mi el primer amor.
Entré sigilosamente tratando de no hacer ruido, pues al parecer estaba muy concentrado en su lectura. Me senté en la butaca más cercana a la suya y cuando ya me sumergía en un libro, subió la cabeza, me miró, y me dijo:
-Muy buenos días, señori... Elizabeth- se corrigió automáticamente.
Me reí un poco y contesté sonriendo a su saludo.
-Buenos días Thomas.
Un silencio incómode se apoderó de la atmósfera por unos instantes, hasta que una hermosa voz angelical rompió el silencio diciendo:
-No sabía que te gustara leer.- me dijo mirándome profundamente a los ojos.
-Pues la verdad es que me encanta, es mi pasatiempo favorito.
-¿De verdad? A mi también me gusta mucho, extrañaba tener un libro entre mis manos...-dijo pensativo y mirando al espacio.
-Ohh, supongo que en la guerra no hay muchos libros que escoger. ¿Cuánto tiempo tenías allí?
-Pues, creo que un poco más de dos años... Fue algo espantoso.- era impresionante cómo habíamos logrado entablar conversación tan rápidamente. También me di cuenta de cómo un tema de conversación te puede llevar a otro totalmente distinto en sólo un momento. En un instante nos encontrabamos hablando de libros, y al siguinte me contaba sus experiencias en la guerra...
- Me lo imagino...
-Yo no tenía ningún amigo hasta que conocí a Nicholas. Todos temían hablar conmigo porque no sabían si eso podría molestar al general Anthony...-traté de hacerme la desentendida y pregunté. -Disculpa, ¿quién es el general Anthony?
-Mi padre.- dijo secamente.
-Oh, comprendo.- si yo estuviera en su lugar, me costaría mucho hablar de las experiencias que había vivido los últimos dos años, y sobretodo si la mayor parte de mis desgracias hubieran sido causadas por mi propio padre, pero al parecer Thomas no pensaba igual pues hablaba de eso con mucha naturalidad.
Justo cuando me disponía a cambiar de tema, una idea asomó en mi cabeza como si de pronto un ciego viera de nuevo.
-Thomas, si estuviste tanto tiempo en el ejército entonces tú, quizás tú...-aún me dolía un poco pronunciar su nombre, pero tenía que preguntarle...- bueno, tú... ¿conocías a... Andrew?- quizás hablé un poco más alto de lo normal, pero hablar de mi hermano me ponía ansiosa.
-Sí, lo conocía... Pero como ya te dije yo no tenía muchos amigos. Era un buen hombre, eso se notaba aún sin haberlo conocido. Su muerte afectó a todo el pelotón...
Bueno, de acuerdo, ya había sido suficiente, lo que había dicho de Andrew me había tocado en lo más profundo de mi ser -para bien- pero yo no podría soportar mucho más hablar del tema sin echarme a llorar, así que pregunté:
-Y... ¿qué leías?- dije con la voz un poco entrecortada.
-Shakespeare, Romeo y Julieta para ser más exactos.- sonrió dulcemente y logró que mi corazón se hinchara en mi pecho.
-¿De verdad? Me encanta la historia...- me podía imaginar claramente en un balcón, con Thomas debajo recitando los versos de Romeo...
Rió melodiosamente.
-A mi también me gusta mucho.
Sentí que el calor subía por mis mejillas, y yo no quería que él se diera cuenta de que me había sonrojado. Así que dije:
-¿No quieres salir un rato al jardín?, hoy el día está hermoso.
-¡Claro, vamos! Ricky se debe estar sintiendo solo- dijo y luego me guiñó un ojo provocando que el rubor en mis mejillas se acrecentara haciéndo que fuera mucho más evidente.
Se levantó de su asiento y me extendió la mano para ayudarme a mi a levantarme. Tomé su mano sin dudarlo y acepté sonriente su gesto de caballerosidad.
Bajamos las escaleras en silencio, y cuando llegamos al jardín encontramos a Ricky gruñendo a un pobre pajarito que estaba tranquilamente posado en las ramas más bajas de uno de los árboles de 'puchis'. Ahora que lo pensaba, hacía algún tiempo que no comía uno...
Me acerqué al árbol, y después de mover ligeramente las ramas para que el pájaro alzara el vuelo, tomé una de esas extrañas frutas que tanto me gustaban.
-¿Te gustaría probar uno? Yo les digo 'puchis', la verdad es que no se cuál es su verdadero nombre, pero son muy ricas.- ya había tenido antes la sensación de que al poner mis pensamientos en palabras, sonaban mucho más ridículos que en mi mente; pero nunca como aquella vez. Me sentí un poco tonta y bastante avergonzada, pero al parecer Thomas no lo notó y me dijo riendo sutilmente:
-La verdad es que se ven deliciosas. Nunca había visto una fruta como ésta.- me reí bajito y el rubor de mis mejillas se dispersó un poco.
-Yo tampoco las había visto antes. Las desubrí en mi primer día aquí.
Fuimos a la cocina, y al pasar por la puerta encontré a Marie preparando el almuerzo.
-Buenos días señorita- dijo Thomas con un perfecto acento francés. Lo miré un poco sorprendida pero no comenté nada.
- ¡Hola Marie! Él es Thomas. Thomas, Marie. Marie, Thomas- dije señalándolos a la vez que mencionaba sus nombres.
-Mucho gusto mademoiselle.- al parecer Thomas hablaba francés desde mucho tiempo atrás.
-Un placer conocerlo.
Después de aquello, Thomas y yo picamos en rebanadas un par de 'puchis' y nos los llevamos al jardín de nuevo.
Cuando ya estuvimos los dos sentados le comenté:
-No sabía que pudieras hablar francés tan bien.
-La verdad es que hablo varios idiomas. Cuando era pequeño, a mi padre le gustaba mantenerme ocupado- dijo con un encojimiento de hombros.- A mi no me molestaba el hecho de aprender algo nuevo, así que nunca me negué.
-Ja, ja, ja pues debe ser muy útil saber tantos idiomas.
-Sí, sí lo es.- dijo deslumbrándome de nuevo con su sonrisa.
Nos dedicamos a comernos los 'puchis' y cuando Thomas probó el primer bocado esbozó una mueca de extrañeza, pero luego de un rato comenzó a cambiar la cara y a asentir para si ligeramente en señal de aprobación.
-Son realmente muy ricos.- comentó cuando ya se había comido su parte de la fruta.
-Lo se- dije muy contenta de que tuvieramos gustos parecidos al menos en cuanto a libros y frutas.
La tarde transcurrió lentamente, y a medida que el día iba avanzando, sentía que quería más y más a aquel extraño chico que podía causar estragos en mi rítmo cardíaco con tan sólo sonreír.
Almorzamos juntos y luego volvimos al jardín. No tuvimos señales de Ricky en todo el día, pues al parecer seguía ocupado persiguiendo a cualquiera que fuera su víctima de aquella tarde.
Al caer la noche, ambos nos miramos a los ojos profundamente. Era la primera vez que nos mirabamos directamente, sin evadir la mirada del otro. El sol comenzaba a esconderse en el horizonte, y yo comenzé a sentir que por enésima vez aquel día, mis mejillas se tornaban de un color rojo carmín.
Las primeras estrellas iluminaron el cielo nocturno y Thomas miró hacia arriba con expresión dubitativa. Como si tratara de descubrir los misterios del universo...
Cuando ya nos encontramos envueltos en la obscuridad de la noche, me dijo:
-Gracias por el día de hoy. Ha sido realmente maravilloso; espero que mañana podamos repetirlo.- Mientras decía esto me miraba a los ojos y aunque yo traté de evitarlo, no pude dejar de sumergirme en su mirada y perderme en ella...
-Eso espero... Que tengas buenas noches.- le dije un poco apenada.
-Igual para tí.- Se levantó cuidadosamente, y después de ayudarme a mi a ponerme de pie, se dirigió a su habitación.
Me quedé sola en el jardín un tiempo más. Parada en la obscuridad. Mi mente estaba llena de hermosos pensamientos acerca del primer amor, que a mi parecer, era lo más hermoso que podría pasarle a cualquier chica... Aunque quizás fuera sólo porque había tenido la suerte de que Thomas fuera la persona que había elegido para enamorarme esa primera vez.
Cuando comenzó a hacer mucho frío, llamé a Ricky y me fui con él en mis brazos a mi habitación.
Tomé un largo baño y luego me fui directo a dormir.
El día siguiente fue igual de perfecto -aunque de diferente manera- al anterior. Todos los días los pasaba con Thomas, y nunca me aburría de ello.
Comentábamos libros, buscábamos formas en las nubes, jugábamos con Ricky y a veces simplemente nos sentabamos uno al lado del otro a mirarnos por largo rato sin decir una sola palabra.
La semana siguiente transcurrió de esta manera, y pronto Thomas se convirtió en el centro de mi existencia. Aunque tal vez esto fuera totalmente normal cuando se trataba del primer amor...

jueves, 3 de junio de 2010

Cap. 16 Plan de ataque

Desperté al dia siguiente muy temprano. Abrí bruscamente la primera gaveta de mi mesa de noche. Habían dos papeles, pero sólo uno de ellos era el que yo quería ver. La nota que mi tía había dejado el primer día de mi estancia en Paris estaba justo al lado de la carta de mi padre.
Entonces, no había sido un sueño...
Thomas no había sido sólo un producto de mi imaginación y mi papá sí estaba vivo.
Miré a mi alrededor en busca de Ricky, pero no lo veía por ninguna parte. Entonces recordé que la noche anterior estaba tan distraida que ni siquiera lo llamé antes de cerrar la puerta de mi dormitorio para que él pudiera pasar. ¡Pobre Ricky! Seguro había estado toda la noche muriéndose de frío en el duro piso.
Me dirigí rápidamente a la entrada de mi alcoba, abrí la puerta y lo encontré hecho un ovillo en el suelo. Ni siquiera estaba dormido, así que cuando oyó mis pasos, de un brinco se puso de pie y me miro resentido. Lo tomé con delicadeza en mis brazos y luego de abrazarlo puse sus ojitos azules al nivel de los míos
-Lo siento Ricky, no volverá a pasar- Quizás fuera ridículo hablarle a un perro, pero debía disculparme con él, pues me sentía muy culpable por haberlo hecho pasar tan mala noche.
Cuando en su mirada ya no quedó ni una pizca de resentimiento, y sus ojos se tornaron dulces de nuevo, una extraña sensación de familiaridad recorrió mi cuerpo. Pero ¿por qué? Yo jamás había visto unos ojos tan azules, profundos e hipnotizantes como los de mi mascota, estaba casi segura...
Lo dejé pasar, ya que no era un asunto de relevancia y me metí de nuevo con Ricky a mi habitación.
Cerré la puerta silenciosamente para no despertar a nadie y me dirigí directo a mi armario. Hoy debía usar un atuendo especial para así quizás lograr llamar la atención de Thomas...
Debía idear una estrategia, un plan de ataque, tal y como se hacía en el ejército. Me reí para mis adentros, pues la idea sonaba bastante graciosa.Teniendo en cuenta que hasta ahora Thomas había demostrado ser un chico bastante tímido y reservado, se me haría muy difícil lograr hablar con él como amigos, sin presión alguna.
Aunque, si lo pensaba bien, quizás no fuera así necesariamente; tal vez no era ni tímido ni reservado, quizás tan sólo estuviera todavía aturdido por la brusca manera en que nos habíamos conocido. Mi tía ni siquiera sabía quien era, de dónde venía, ni nada que tuviera que ver con él y de pronto lo había invitado a quedarse en casa.
Sí, había sido una manera muy brusca de conocer a alguien.
Tendría que elaborar mi estrategia cuidadosamente, sin pasar nada por alto y así tal vez él se fijara en mi.
Decidí que usaría un vestido rosa, bastante inocente y a mi parecer muy adecuado para la ocasión.
Salí de mi cuarto con Ricky a mis espaldas y me preparé para bajar las escaleras cuando de pronto una puerta algunos metros más allá se abrió y de ella salió Thomas vestido con la ropa que mi tía le había dejado...
Se veía tan perfecto con ese atuendo... Sus ojos azules resaltaban con las rayas grises de la camisa de botones que llevaba puesta. Un momento... Sus ojos azules... Azules como los de... ¡Pero claro! Ya había descubierto a quién me habían recordado.
¡Los ojos de Ricky eran exactamente iguales a los de Thomas! No pude contener la risa, y sin dejar de mirarlo unas suaves carcajadas se escaparon de entre mis labios.
Thomas me miró con cara de desconcierto y dijo:
-¡Buenos días, señorita! ¿Podría yo saber qué le ha causado tanta gracia?- en sus ojos se veía claramente que estaba totalmente confundido, y esto me hizo reir un poco más.
-¡Buenos días, Thomas! Por favor, llámame Elizabeth. Oh, es sólo que acabo de darme cuenta de que tus ojos me recuerdan mucho a los de Ricky- expresado en voz alta sonaba bastante ridículo...
-Disculpe, pero ¿quién es Ricky?
-Mi mascota- sonreí y señalé con un gesto de la mano a la bolita de pelos que en ese momento trataba de morder los zapatos de Thomas. Él se rió por lo bajó y agregó.
-Pues la verdad es que sí son bastante parecidos. Es usted muy detallista, ¿no es así?
-Pues eso creo- dije soltando unas risitas.
-¿Quiere que la acompañe a desayunar, 'Elizabeth'?- dijo, haciéndo incapié en mi nombre para que yo notara que había recordado no llamarme señorita.
Le dediqué la más brillante de mis sonrisas y asentí con la cabeza.
Mi tía ya había desayunado, y estaba en la biblioteca. Pasé por ahí un momento para saludarla y volví a la cocina con Thomas a mi lado.
Cuando estuvimos sentados en la mesa preguntó:
-¿Y tu madre? Nicholas me ha hablado mucho de ella, y me gustaría conocerla.
Todo a mi alrededor comenzó a dar vueltas, yo no me esperaba eso...
-Pues, yo...
Mis ojos se llenaron de repentinas lágrimas, y Thomas no lograba deducir por qué estaba yo llorando.
-Es que, mi mamá murió varios meses atrás, verás, lo que pasó es que...-le conté toda la historia, sin obviar ningún detalle, no supe por qué le dije todo tan directamente y sin dar ningún rodeo; pero así lo hize y después de pensarlo un poco me pareció la mejor manera, quizás fuera porque Thomas inspiraba confianza con su sola prescencia... Le conté la razón por la cual había decidido no decírselo a mi padre y el se mostró de acuerdo. Estuve llorando todo el tiempo que hablamos y él me miraba con ojos de comprención y un poco de tristeza.
Cuando terminé de relatar la larga historia de mi madre, mi viaje a Paris y demás Thomas me abrazó repentinamente, según yo con la intención de consolarme, pero aunque fuera sólo por esa simple razón; no pude evitar que mi corazón quisiera salir disparado de mi pecho al sentir su roze en mi piel...
-Te comprendo más de lo que crees, y me parece que lo que hiciste fue muy valiente. Cuando yo era muy pequeño mi madre también murió. Ella era una persona estupenda, pero mi padre... Bueno, él no era precisamente el mejor papá que uno puede imaginar. Era militar, murió en un tiroteo hace unos pocos meses; quizás Nicholas te lo haya comentado.
Asentí ligeramente y lo miré a los ojos, perdiéndome en su mirada.
-Ohh, lo siento tanto... Seguro te pareces mucho a tu madre.
Rió tan bajito que casi no lo escuché, y asintió con la cabeza cabeza tan impersectiblemente como yo lo había hecho antes.
-Thomas, te ruego que no le digas nada a papá, se pondría frenético, y en su estado no me Parece que sea algo bueno.
-No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo.- dijo guiñándome un ojo y haciendo que mi corazón se acelerara y latiera tan rápido como el de un colibrí.
Tenía razón, no era tan tímido como parecía; tan sólo había que romper el hielo.
Deseché mis ideas de desarrollar un complicado plan de ataque y decidí que lo mejor sería dejar que pasara lo que tuviera que pasar.
Esa tarde estuvimos juntos paseando por los jardines, pero esta vez sí hablamos, y mucho.
La mayor parte de los temas de conversación eran cosas triviales y sin importancia. Le comenté lo ágil que era Ricky y él me pidió que le mostrara lo que podía hacer.
Al parecer, a mi peludo amigo le caía muy bien Thomas. Yo pensé que se iba a negar a mostrarle sus habilidades; pero después de algunas horas, cuando traía la pelota se la entregaba directamente a Thomas ignorándome olímpicamente.
Fue un día maravilloso que me sirvió para conocer a mi príncipe con mucha más profundidad.
Al caer la noche, todavía estabamos en los jardines y fue Ricky el que decidió que era hora de dormir cuando salió corriendo hacia mi habitación.
-¿Nos vemos mañana?- preguté tímidamente.
-No lo dudes- me dijo con la sonrisa más encantadora que había visto esbozar a una persona...

miércoles, 2 de junio de 2010

Cap. 15 Respuestas

"Mi adorada niña,
Lamento no haber podido responder a tus numerosas cartas. Quiero que sepas que las he leído todas, y cada una de ellas ha hecho que mis ojos se impregnen de lágrimas. Yo también te extraño mucho, más de lo que te imaginas. Desearía poder volver pero ahora no es posible. Elizabeth, hay algo importante que debes saber. Es una larga historia, y para llegar a la parte que me involucra tendrás que ser paciente y leer con precaución. Hubo hace meses un terrible tiroteo en el cual muchos de mis compañeros de pelotón perdieron la vida. Incluido el padre de Thomas que supongo que ya conoces...
Como debes saber, no tengo ningún cargo importante en el ejército, pues sólo soy uno más de los reclutados sin experiencia. El padre de Thomas sí era importante... Era un capitán-general. Thomas sólo había venido a la guerra por que su padre lo había obligado. Vivía en Inglaterra, como nosotros. Su padre era el ser más mezquino y estricto que jamás conocí; pero Thomas lo amaba, después de todo, era su papá. Su nombre era Arthur. Se la pasaba gritando a los soldados y a todos los hombres que tuvieran rangos inferiores al suyo; pero ponía especial empeño en hacer sentir miserable a Thomas. No te imaginas la rabia que me llenaba por dentro cuando lo oía denigrar a su propio hijo en frente de todos; pero no era sólo eso lo que sentía, una terrible frustración me invadía cada vez que esto pasaba pues ya que Arthur era capitán, yo no tenía el más mínimo derecho a exigirle nada y debía sentarme a oír cómo Thomas era pisoteado.
Se que no tendría que molestarme, pero Thomas me recuerda tanto a Andrew...
Cuando lo conozcas bien podrás entenderme. En fin, un día, todos estabamos reunidos preparando la siquiente estrategia de ataque. El capitán Arthur nos enseñaba unas maniobras para poder pasar desapercividos ante en ejército enemigo cuando de pronto Thomas bostezó (algo entendible pues eran más de las dos de la madrugada). El capitán se enfureció a tal punto que gritó a Thomas como jamás lo había hecho. Al terminar la reunión decidí que quizás fuera bueno conversar con el muchacho, para calmarlo y decirle que todo estaría bien, pero lo que menos me esperaba era encontrarlo llorando... Me recordó tanto a tu hermano que no pude soportar abrazarlo y tratar de consolarlo. Hablé mucho con él esa noche y desde entonces fuimos prácticamente inseparables. Me decía que yo era como su padre, el padre bueno y cuidadoso que nunca tuvo.
Elizabeth, te pido por favor que no comentes nada de esto a Thomas. Es algo personal que nadie querría que se supiera.
De eso en más, Thomas aguantaba con pie de hierro cada uno de los insultos de Arthur. Y mientras más le gritaba, más lograra que Thomas me quisiera a mi.
Llegó un momento en el que según el propio Thomas, me valoraba y me quería más que a su propio padre.
Era imposible no encariñarse con ese niño, tiene uno de los corazones más puros que ha latido en el pecho de alguien.
Para resumir un poco, una noche los alemanes atacaron nuestro campamento y masacraron a casi todos nuestros compañeros. Arthur fue uno de los primeros en caer...
Yo me encontraba lejos con Thomas y otro compañero, pues estabamos recogiendo madera para poder prender una fogata.
Al llegar, ya casi no quedaban soldados alemanes, pero uno logró vernos a lo lejos y disparó...
Mató a el hombre que nos acompañaba y el segundo disparo me dio a mi en el pecho. Por fortuna ni siquiera rozó mi corazón pero mis pulmones estaban muy mal.
Thomas no se dio cuenta de que me habían dado, pues frente a nosotros yacía el cadáver de su padre...
Aunque lo maltratara, era su papá; no podía evitar entristecerse por su muerte. El dolor en mi pecho era tan intenso que sentí que pronto perdería la conciencia, o moriría. De pronto oí un tiro y un grito.
Thomas había matado al único soldado aleman que quedaba, el que me había disparado. Pude ver cómo luego de tirar del gatillo y sersiorarse de que hubiera acertado el disparo, giró en redondo y me observó.
De sus ojos salieron lágrimas desesperadas que pronto se conviertieron en gritos. Lo último que pude oír antes de perder por completo la conciencia fueron los gritos de Thomas que clamaba mi nombre.
No se cómo, Thomas me trasladó hasta Suiza en tan sólo dos días. Estabamos en la frontera de Suiza con Alemania cuando nos tirotearon, y él valientememte se hizo cargo de mi todo el tiempo que duró el trayecto hasta cruzar esa frontera que nos separaba de un país que no estaba en guerra.
No se si lo sepas, puesto que es muy difícil que las notocias viajen rápido en estas circunstancias, pero Suiza se declaró país neutro, no participa en la guerra y dentro de sus límites es como si nada hubiera pasado. En fin, estuve en estado de coma mucho tiempo, tuvieron que realizarme varias operaciones y no fue hasta algo así como un mes atrás que volví a estar conciente. Los doctores dicen que es un absoluto milagro que no haya muerto en el camino al hospital. Gran parte de ese milagro es obra de Thomas. Le debo la vida...
A penas pude escribir, redacté esta carta para que supieras que me encuentro bien.
Sigo en Suiza, pues todavía quieren monitorear mi evolución. Me enteré de que tu madre y tu están viviendo en Paris. Mándale saludos a tu mamá de mi parte y hazle saber que la amo. Te pido que no le des muchos detalles de mi ubicación y que tampoco le cuentes completa la historia; conozco a Elizabeth y estoy seguro de que es capaz de cometer una locura.
Supongo que estarán en casa de la tía de tu madre. No puedo recordar en este instante su nombre, pero dale las gracias por cuidar de mis dos princesas.
Te amo pequeña. Y espero que podamos reencontrarnos pronto. Quizás una carta no es suficiente para que sientas que estoy de nuevo contigo, pero quiero decirte que nunca me he ido. Estoy siempre en tu corazón, y pase lo que pase ahí me quedaré.
Muchos besos, tu padre que te ama, Nicholas"
Leí una y otra vez aquellas palabras que habían sido trazadas por mi papá. Me sentí terriblemente mal por mentirle acerca de mi madre, pero era lo mejor para él. No quería llorar frente a Thomas, aquel chico que había salvado a mi padre, pero para mi fue imposible no hacerlo. Lloré en silencio unos minutos, fingiendo que estaba sola y nadie me veía.
Subí el rostro y miré a mi acompañante a los ojos.
-¡Muchas grracias!- le dije de la manera más sincera que pude. Sabía que él entendería qué era lo que le estaba agradeciendo.
No fui capaz de refrenar el impulso y lo abrazé fuertemente y por largo tiempo.
Él rió por lo bajo.
-No hay de qué señorita. Es el deber de un soldado acompañar a sus hombres.
-Por favor, llámame Elizabeth.
-De acuerdo, Elizabeth- sonrió, haciendo que los hoyuelos en sus mejillas se hicieran más profundos. No cabía en mi de alegría. Mi padre estaba vivo, y mejor aún, ni siquiera estaba ya luchando en la guerra. Jamás había sentido tal alegría y quizás Thomas fuera también responsable de lo que sentía.
Ahora estaba totalmente segura de que había hayado a mi príncipe. Era él. Nadie más podría ser tan perfecto para mi como Thomas.
Era obra del destino, eso estaba claro.
-¡Buenos días Elizabeth! ¿Quién es nuestro apuesto visitante?
La voz de mi tía me hizo volver a la realidad sin ninguna sutileza, pero al verla sonreí.
-Muy buenos días tía. Te presento a Thomas. Thomas esta es mi tía Lynette- los presenté y los dos se saludaron con un gesto de la mano.- Tía, Thomas es soldado, y ha traido una carta de mi padre. ¿No es maravilloso? ¡Está vivo tía!
- ¡Gracias al cielo! Bienvenido querido. Puedes quedarte el tiempo que gustes.
-Muchas gracias señorita- gracias a Dios no la había llamado "señora"- La verdad es que estoy muy agotado. No es un camino fácil de recorrer.
-Pues no te preocupes, ya mismo le pido a Marie que prepare una habitación.
Mi estómago rugió de nuevo, y entonces recordé el hambre que tenía.
-Bueno Thomas, imagino que estarás hambriento. ¿Qué te parece si vamos a la cocina y comemos algo?- le pregunté inocentemente.
La verdad es que el muchacho se veía un poco incómodo, pero ¿cómo no estarlo si se encontraba en un lugar con personas que no conocía y que para colmo lo trataban como si fueran amigos íntimos de toda la vida?.
-Eso me encantaría- me dedicó una hermosa sonrisa que me hizo sonrojar.
Nos dirigimos a la cocina y Marie nos sirvió de inmediato el desayuno. Ni siquiera me esforzé en saber qué estaba comiendo, pues tenía demasiada hambre para pensar.
-¡Qué pena que no has llegado antes!- dijo mi tía dirigiéndose a Thomas.- Ayer Elizabeth cumplió dicisiete años y tuvimos una hermosa fiesta. Por cierto ¿Cuántos años tienes querido?
-Sí, es una lástima. Feliz cumpleaños atrasado, Elizabeth- dijo sonriendo y mirandome a los ojos; yo estaba demasiado aturdida para contestar, así que le devolví la solrisa- Estoy por cumplir deciocho señorita. Gracias por la comida, estaba realmente deliciosa.
-No hay de qué.- dijo curvando sus labios en una sonrisa.- Oh, y no me llames señorita, es algo muy formal, dime sólo Lynette.
Él sonrió y mi tía le devolvió el gesto.
De ese momento en adelante, fue el día más maravilloso que alguien hubiese vivido. Estuve todo el día con Thomas mostrándole los alrededores a petición de mi tía; y aunque no hablamos mucho, con esas deslumbrantes sonrisas había logrado cubrir todos los silencios.
La carta de mi padre me había dado muchas respuestas a preguntas que habían sido formuladas mucho tiempo atrás. La mayoría de ellas estaban incluso olvidadas por el tiempo que había pasado desde que pregunté lo que hoy me respondió mi padre en una sencilla carta.
Al caer la noche, mostré a Thomas el camino a su alcoba y yo me dirigí a la mía.
Dormí incluso mejor que la última noche, sabiendo que quizás pronto vería a mi padre; pero lo que más me entusiasmó fue que por fin había llegado mi caballero de brillante armadura a rescatarme de mi mista y de mis desdichas. Thomas era... Simplemente perfecto, estaba hecho para mi y eso nadie lo podía cambiar.

martes, 1 de junio de 2010

Cap. 14 Primer encuentro

Luces, miles de brillantes luces me impedían la vista. Cerré los ojos y aguerdé un instante...
Cuando abrí mis párpados me encontré en un extraño mundo de colores y risas donde todos me miraban admirados. ¿Quienes eran? No conocía a nadie. Miré todos los rostros desesperadamente una y otra vez esperando encontrarme con una cara familiar que al verme abriera sus brazos y me dejara ampararme en su abrazo, pero no pude encontrar en aquella gente algo más que sólo adoración. Me miraban impactados, como si fuera lo mejor que jamás habían visto; lo cual fue algo que nunca comprendí.
Di vueltas y vueltas pero no reconocí a un solo ser. Comenzaba a desesperarme y de mis ojos brotaron lágrimas de rabia y frustración. ¿Dónde me encontraba? Todo aquello era realmente extraño. No podía ser un sueño, era demasiado ¿real? pero, ¿acaso podía ser real aquel mundo? La verdad, no lo creía. Pero tampoco podía ser producto de mi imaginación algo tan hermoso y único, tan brillante y colorido ¿o sí?
Me senté en el suelo, un suelo blanco como las alas de un ángel y traté de calmarme para no cometer ninguna idiotez.
"Tranquila Elizabeth, todo está bien" me repetí a mi misma sin cesar hasta que de repente, una luz iluminó el paisaje, una luz tan brillante que aún a través de mis ojos cerrados pude notar.
De inmediato abrí los párpados sobresaltada y en medio de la multitud vi por fin un rostro familiar. Y como había querido antes, me abría los brazos queriendo abrazarme.
Un aura de luz iluminaba su silueta y cuando me dirigí hacia ella tuve que entrecerrar los ojos para que la encandescente luz no me cegara.
En ese momento me di cuenta de que sí estaba soñando, si no fuera un sueño ¿cómo podría verla? Decidí dejarme llevar ahora que estaba calmada por haber descubierto que después de todo yo sí había inventado en alguna parte de mi subconciente todo aquello.
Los verdes ojos me miraban con ternura, y al acercarme me tomó en sus brazos. En aquel momento sentí tanta paz que no supe que pasó luego; yo sólo sabía que me encontraba por fin mecida en los brazos de mi madre una vez más.
De ese momento en más, mi sueño fue casi perfecto - y digo casi porque sabía que esto tendría que acabar y esas expectativas no me agradaron en lo absoluto- fue el sueño ideal.
Cuando abrí los ojos después de un largo tiempo, me di cuenta de que esas numerosas personas que había visto antes, habían desaparecido por completo sin dejar rastro o siquiera alguna prueba de que alguna vez estuvieron allí.
Sólo estabamos mi madre y yo. Mirándonos profundamente una a la otra y de cuando en cuando soltando por lo bajo una risita nerviosa.
Ahora todo al rededor de nosotras era de un blanco impecable, no había más luces (excepto, claro, la que rodeaba a mi madre) y ningún ser extraño nos podía perturbar.
-Nunca olvides, que cuando me necesites ahí estaré. Sólo tienes que buscar en tu corazón. Jamás me alejaré de ti, mi pequeña. -Oír después de tanto tiempo la voz de mi madre con tal claridad me impactó. En mi pechó sentí un nudo y el corazón se me encogió hasta el punto de dejarme sin aliento. Lo último que me esperaba era tan elocuente comentario. No pude evitar que mis mejillas se empaparan de lágrimas de tristeza.
Recordé las lágrimas que creí que brotaron de los ojos de mi tía al verme con el vestido de mi madre: lágrimas que sólo salen de tus ojos cuando el dolor agudo de los recuerdos impregna cada gota cristalina de tristeza y añoranza.
Sabía que había muchas maneras de llorar y quizás también muchos tipos de lágrimas para hacerlo, pero yo nunca había llorado de aquel modo y con esta clase de lágrimas. Jamás.
Fue una sensación extraña. No era desagradable, pero tampoco maravillosa.
Mi madre no dijo más nada durante el tiempo que duró mi sueño, así que poco a poco esas lágrimas dejaron de enmohecer mis pestañas.
Nos miramos largo rato. Fue uno de los sueños más largos que nunca tuve.
De repente, y sin previo aviso, la figura de mi mamá empezó a perder nitidez en los bordes, y así poco a poco fue desapareciendo hasta que me encontré de nuevo sola y desesperada en aquel extraño lugar.
No, esta vez no dejaría que mi propia conciencia me hiciera sentir miserable. Yo me mendaba, ese era mi sueño y podía hacer lo que quisiera con él.
Despertaría en cuanto yo lo deseara, pero aún me sentía muy cansada para hacerlo; así que forzé todo el poder de mi imaginación y pensé en una mullida cama. De pronto, como por arte de magia ahí estaba.
Satisfecha de mi misma me recosté en ella y me quede dormida, en sueños...
Desperté.
¡Qué hermoso sueño el que había tenido aquella noche! A pesar de todo lo malo, fue realmente bello.
Por muy extraño que pareciera todavía estaba muy cansada, aunque por lo brillante del día imaginé que ya era tarde. Me desperezé un poco y miré a mi alrededor en busca de Ricky.
Mi pobre mascota estaba parada frente a la puerta de mi habitación, que permanecía cerrada. En sus ojos noté la desesperación y las ansias de salir que estaba guardando quizás desde muy temprano en la mañana. Antes de ir al baño a lavarme el rostro y a cambiarme lo dejé salir. Tal era su desesperación que ni siquiera se dignó a saludarme, pero no le di mucha importancia; pobre de Ricky, tal vez llevaba horas ahí esperando a que alguien abriera esa puerta para que él pudiera salir disparado al jardín a jugar con las mariposas o lo que sea que se le antojara.
Caminé despacio hasta el baño soltando en el camino algunos bostezos. No quise mirarme en el espejo, ya que sabía la clase de "sofisticado" peinado que tenía: cada mechón de cabello en un sitio equivocado y posiblemente unos gigantes nudos que luego tendría que desenredar.
Lavé mi cara y tomé un cepillo para comenzar con la ardua tarea de arreglar el nido de aves en el que se había convertido mi dorada cabellera.
Cuando por fin terminé, parecía que mis bucles hubieran estado siempre en su lugar, como si nada hubiera pasado y como si ningun pajarraco hubiera querido poner sus huevos en mi cráneo.
Salí del baño y abrí el closet. Escojí el vestido turquesa que había querido ponerme en mi primer dá aquí. Por alguna extraña razón, jamás lo había usado.
Ya lista, me dispuse a tender mi cama, pero de repente mi estómago gruño causando un sonido extraño y aterrador.
Debía desayunar antes de hacer cualquier cosa o si no, me daría un desmayo por el hambre. Me dirigí despacio a la planta baja, pisando con cuidado cada uno de los escalones y tratando de no tropezar por el sueño.
Sólo por costumbre me dirigí a la puerta principal para recoger la leche (que ya no estaba, pues era muy tarde y quizás Marie la había recogido). Ýa que no había nada que recoger, cerré la puerta y cuando estaba llegando a la cocina el timbre sonó...
¿Quién sería? No tenía la menor idea... No esperabamos más visitas que yo supiera.
Giré en redondo y fui a abrir la puerta, de nuevo. Con la caminata ya casi no tenía sueño, pero el hambre no se había ido y yo realmente deseaba comer lo que sea que Marie me hubiese preparado. ¿Quién rayos me estaría impidiendo comer?
Abrí la puerta y quedé totalmente impactada...
Un joven realmente apuesto y con una sonrisa desgarradora me miraba desde el umbral. Abrí mucho los ojos por la impresión y él me miró extrañado y quizas algo divetido de mi reacción. Su pelo negro azabache brillaba a la luz del sol y sus ojos azules eran... perfectamente azules. Alto y de tez pálida me miraba aún extrañado. De pronto ya no tenía ni hambre ni sueño, mi mente estaba ocupada en una sola cosa, bueno, no en una cosa cualquiera, en esa cosa. Era totalmente perfecto, los hoyuelos en sus mejillas hacían notar que quizás fuera tierno. Su desordenado pero lacio pelo negro cubría su frente y debajo de las pobladas cejas estaban sus ojos... No podía dejar de mirarlo a los ojos. Era un azul en el que podías hundirte, claro en el centro y mas oscuro al rededor. Había algo familiar en ellos que yo no lograba descubrir. Carraspeó un par de vezces y me hizo salir de mi estado de shok. Ya que estaba demasiado ocupada observando su rostro no me había dado cuenta de que venía vestido de soldado... ¡Ohh no! ¿Que habrá pasado? ¿Tendría acaso algo que ver con mi... con mi... papá?
-Buenos días, imagino que será usted la señorita Donovan.
-Elizabeth- le corregí con una amplía sorisa. Me miró y también sonrió.
-Mi nombre es Thomas. He venido desde Suiza a traerle un recado de su padre.- de su espalda sacó un sobre y sentí que se me deshilachaba el alma. ¡Mi padre estaba vivo! ¡Qué dicha!
-¿M-mi pa-padre?- tartamudeé por la sorpresa.
-Si señorita, lamento la tardanza pero es un largo camino. Y en tiempos de guerra es dificil llegar.
En ese momento sus ojos brillaron de sinceridad, y yo no pude resistir tal hermosura.
Un hondo suspiro salío de mis labios entrecerrados y el me miró sin comprender.
Volví a mirarlo demasiado tiempo, así que él tuvo que volver a carraspear. Me puse roja al entender que no estaba siendo nada discreta y le dije con una dulce sonrisa en los labios:
-¡Oh! Lamento mi distracción. Pero esto era algo que no me esperaba. ¿Gusta usted pasar? Debe estar agotado.
-¡Cuanto se lo agradezco, señorita! La verdad es que aunque no me guste admitirlo, si lo estoy.
Sonrió de nuevo ampliamente y mi corazón latió ruidosa e incontroladamente. Tal hermosura no podía ser real...
Abrí más la puerta para dejarlo entrar y él pasó. Lo llevé a la sala y nos sentamos en uno de los sillones. Puso la carta en mi regazo y me olvidé de todo lo que me rodeaba, hasta del mismo Thomas; que acababa de convertirce en ese príncipe de brillante armadura que tanto había deseado. Quizás fuera infantil enamorarse tan rápido de alguien que no conoces, pero mi corazon lo había susurrado a mi oído en el primer momento en que me hundí en sus ojos: "Es él" dijo simplemente, pero yo desdeluego lo comprendí. Volví a concentrarme y me di cuenta de que en esa carta quizás decía algo realmente importante como la fecha del regreso de mi querido padre o algo mejor. Abrí cuidadosamente el sobre y saqué el papel que estaba adentro. Lo apreté contra mi pecho; mi padre había tocado aquello recientemente...
Y leí:

...

¡Cuidado! Oh, bueno, puedes ver que hará^^

El botón que no hace nada El botón que no hace nada