sábado, 19 de junio de 2010

Cap. 20 Sin mirar atrás...

Una agradable sensación de familiaridad me invadió cuando me vi rodeada de mi madre, mi padre y mi hermano...
Mi antigüa casa de Londres no había cambiado, era tal y como la recordaba. Estábamos los cuatro en la puerta principal, mi madre lloraba en silencio y mi padre sólo podía mirar al vacío mientras mis sollozos eran lo único que se oía.
-Andrew no te vayas. Por favor quédate conmigo.- él estaba en la puerta, ya vestido de soldado esperando a que llegara el transporte que lo llevaría a la base militar donde le sería asignado su pelotón. Estaba a punto de marcharse para no volver...
-Elizabeth, no te preocupes por mi, tu debes cuidar a mamá y a papá. Muy pronto estaré de regreso, te lo prometo.- me abrazó largo tiempo y me besó la frente. Nuevas lágrimas corrieron por mis mejillas y luego se despidió de mi madre y de mi padre.
-Te quiero Andrew.- dije con la voz ahogada en mis propias lágrimas.
-Yo también. Pronto volveremos a estar juntos.- sus ojos acaramelados brillaron con la intensidad de su mirada. Quería creerle, pero era tan difícil...
Salió de la casa y su dorado cabello -que era muy parecido al mio pero de un tono un poco más oscuro-, se empapó de inmediato bajo la lluvia. El transporte había llegado, y él dio media vuelta y se despidió con la mano por última vez...
De pronto, miles de sentimientos encontrados se apoderaron de mi. Era algo tan extraño...
Me desperté sudando y con el corazón latiendome muy rápido por la angustia. Hacía tanto tiempo que no soñaba con él...
El cielo seguía oscuro, por lo que deduje que era muy entrada la noche o muy temprano en la madrugada. Traté de volver a dormir, pero millones de pensamientos sobre mi hermano me impedían siquiera respirar.
Me levanté de la cama y fui al baño a secar las lágrimas que empapaban mi rostro. Traté de respirar profundo y relajarme... "No pasa nada, fue sólo un sueño..." pensé una y otra vez hasta que mis sentidos volvieron a la normalidad y lentamente volví a quedarme dormida.
No soñé con más nada aquella noche, pero tampoco pude dormir del todo tranquila con la imagen de mi hermano saliendo de casa por última vez aún en mis pensamientos.
El día siguiente llegó claro y despejado, la lluvia ya había cesado, y rezé porque no volviera a llegar al menos por el día de hoy. Me levanté cuidadosamente para no caerme, pues la falta de sueño me había dejado un poco mareada.
Mi reflejo en el espejo me sorprendió un poco, mi cara estaba hinchada por el llanto y unas profundas y amoratadas ojeras de veían claramente debajo de mis pestañas. No podía dejar que Thomas me viera así, o pensaría que no estaba preparada para irme y se negaría a que lo acompañara.
Contra todas mis costumbres abrí la gaveta de maquillaje que mi tía había dejado para mi. Lavé mi cara precavidamente para disminuir la hinchazón y con un poco de polvo tapé las ojeras. Funcionó mejor de lo que había pensado, parecía nada hubiera pasado.
Miré a Ricky que seguía dormido, y pensé por vez primera que tendría que dejarlo...
Lo extrañaría demasiado, y siempre pensaría en él, pero como había estado pensando el día anterior, viejos sueños dejan espacio a los nuevos; y pronto volvería a verlo. O eso creía...
Sacudí de inmediato los malos pensamientos de mi mente y me repetí a mi misma que no era un adiós, sino tan sólo un hasta luego. A demás, tenía todo un día para estar con él pues no partiríamos hasta el día siguiente.
Me vestí y bajé a desayunar. Thomas me esperaba en la cocina con una media sonrisa en el rostro, sabía cuanto le costaba dejarme acompañarlo...
-Buenos días señorita- dijo resaltando la última palabra y luego me guiñó un ojo.
Yo reí un poco y le contesté:
-Buenos días caballero. ¿Me daría usted el gusto de ser mi acompañante durante el desayuno?
-Pues el gusto será todo mío.- dijo haciendo una ligera reverencia.
Le dediqué la más tierna de mis miradas y nos dirigimos juntos a la cocina donde Marie nos sirvió el desayuno despues de saludarnos tan alegre como siempre, sin siquiera llegar a sospechar lo que en secreto estabamos planeando.
El desayuno se desarrolló en silencio, y sólo nuestras miradas hablaban entre ellas mientran ambos nos concentrábamos en no decir nada comprometedor frente al personal de la cocina.
Aunque el día estaba hermoso, cuando terminamos de comer fuimos directo a la biblioteca para dejar todo listo para el día siguiente. Yo tomé un libro de geografía e investigué toda la información que pudiera recordar sobre Suiza, mientras Thomas paseaba taciturno por la biblioteca.
Suiza
Capital: Berna
Superficie: 41.293,2 km
Idiomas: alemán, frances e italiano
Moneda: Franco suizo
Población: 7.725.200 habitantes
Fue todo lo que pude recordar, mi mente estaba demasiado llena de preguntas sobré mi futuro cercano como para dar espacio a algo más.
-¿Dónde nos encontraremos para salir?-pregunté cuando me di cuenta de que ese escencial detalle no había sido planeado.
-Umm... En la puerta de tu habitación a la 1:30 a.m. ¿estás de acuerdo?- preguntó mientras el nerviosismo que había estado ocultando se hacía notar más y más cada vez que nuevas palabras brotaban de su boca.
-Está bien...
La tarde transcurrió mientras nos asegurábamos de que los dos recordáramos que teníamos que hacer y a donde tendríamos que ir. A las seis en punto me dirigí a mi cuarto, para prepararlo todo para nuestra partida.
Tomé todo el dinero que me había dejado mi madre -que a decir verdad era bastante- y lo guardé en un bolso de mano con mis pertenencias más personales. Como una foto de mi familia, una de mi mamá y mi tía Lynette que había sacado de el baúl de la primera y un pequeño libro para estar precavida a las horas de posible aburrimiento que quizá estaban por venir. En la maleta más fácil de cargar que poseía guardé mi ropa más resistente para estar preparada a cualquier sutuación que se presentara, algunos zapatos y mi peine para poder cepillar mi cabello fuéramos donde fuéramos.
Ahora la parte más dificil... No había pensado profundamente en esto ya que sabía que sería demasiado doloroso.
En un papel escribí con mi letra más hermosa:
"Querida tía Lynette,
Mi estancia contigo ha sido maravillosa, no te imaginas como disfruto de tu compañía y lo mucho que te quiero. Eres para mi una madre, como ya debes saber.
Cuando leas esto yo estaré camino a Suiza con Thomas. Quiero que sepas que no me he ido por tu culpa, tu no has hecho nada malo así que no te culpes por esto; pero necesito ver a mi padre.... (no mencioné lo mucho que me costaba dejar a Thomas ya que no me pareció algo relevante)
Pronto nos volveremos a ver, eso te lo puedo prometer; y entonces seré yo quien te cuente las experiencias de mi viaje. Cuando vuelva me gustaría acompañarte a uno de los tuyos, y que así tengamos vivencias juntas que luego podamos contarle a cualquiera que esté dispuesto a escucharnos.
Mil gracias por todo lo que me has dado y el amor que me has brindado, jamás me sentí tan querida como me sentía estando contigo. Eres la mejor tía del mundo entero. Cuando vuelva te abrazaré tan fuerte que no podrás respirar.
Te quiere demasiado, tu 'hija' Elizabeth"
Doblé el papel y lo introduje en un sobre. Mi tía llegaría un cuatro días, y cuando llegara yo ya estaría muy lejos. Dejé la carta sobre mi cama. A la mañana siguiente David la encontraría cuando notara mi ausencia y subiera a revisar; la leería y se la guardaría a mi tía Lynette. Todo estaba perfectamente planeado.
Las lágrimas brotaron inclementes de mis ojos, y un agudo dolor en el pecho me hizo sentir por un instante que quería quedarme, aunque luego de considerarlo, la idea de dejar a Thomas me dolió aún más.
Alzé en vilo a Ricky y lo miré a los ojos por largo tiempo, cuando volviera estaría tan grande que ya no podría cargarlo.
Me costó un mundo dejar de mirar a mi mejor amigo, a mi compañero más fiel, a aquel que me daba un amor incondicional que solamente una mascota puede dar a su dueño. Besé su peluda frente y el lamió mi mejilla, sus ojos tiernos me miraban sin comprender. Estaba segura de que él sabía que algo pasaba.
-Volvere pronto, te lo prometo. Eres el mejor perrito del mundo y te quiero demasiado como para permitirme no volver a verte.- Volví a besarlo en la coronilla y me dirigí a mi mullida cama a dormir un poco antes del largo viaje que estaba por realizar.
Mis sueños fueron confusos e irreales, nada digno de mencionar.
Desperté alrededor de la una, justo a tiempo... Fui al baño y tomé una larga ducha, para luego arreglarme y vestirme con mi ropa más cómoda. Durante este laapso de tiempo sólo pude pensar en mi hermano, y como cuando me fui de Londres y vine a Paris, quise poder irme como él lo había hecho "Sin mirar atrás..."
1:25 a.m.
Faltaba poco. Mi corazón comenzó a latir violentamente y me acerqué a Ricky que dormía plácidamente en mi cama para acariciarlo y besarlo de nuevo.
1:29 a.m.
Ya era hora, tomé mis cosas y salí de mi habitación.
Justo cuando abrí la puerta encontré a Thomas parado frente a mi esperando para tomar mi bolso, con el suyo en la otra mano.
-Me alegra que seas puntual.- dijo en un susurro casi inaudible.-Aún no se por qué te dejo venir conmigo.
-No es momento para arrepentirse, vamos- dije igual de bajito y sonriendo ampliamente.
Bajamos juntos las escaleras y nos dirigimos a la puerta trasera, pues la principal estaba cerrada con llave por las noches.
Puse mi mano en el pomo de la puerta, y la abrí. Esa era mi entrada a una nueva vida, no permitiría que fuera la salida de una antigüa.
-¿Lista?- susurró Thomas a mi oído.
-Nunca antes había estado tan lista.
-Pues vamos.
-Sin mirar atrás...- fue lo único que pude responder.

2 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ahhhhhhhh q reloca jeje me dio mucha tristeza q dejara a Ricky ah y la porbre tia cuando se entere!! pero sigo leyendo!!

Anónimo dijo...

i lov u so much my dear(;
by: funny u know(:

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