jueves, 3 de junio de 2010

Cap. 16 Plan de ataque

Desperté al dia siguiente muy temprano. Abrí bruscamente la primera gaveta de mi mesa de noche. Habían dos papeles, pero sólo uno de ellos era el que yo quería ver. La nota que mi tía había dejado el primer día de mi estancia en Paris estaba justo al lado de la carta de mi padre.
Entonces, no había sido un sueño...
Thomas no había sido sólo un producto de mi imaginación y mi papá sí estaba vivo.
Miré a mi alrededor en busca de Ricky, pero no lo veía por ninguna parte. Entonces recordé que la noche anterior estaba tan distraida que ni siquiera lo llamé antes de cerrar la puerta de mi dormitorio para que él pudiera pasar. ¡Pobre Ricky! Seguro había estado toda la noche muriéndose de frío en el duro piso.
Me dirigí rápidamente a la entrada de mi alcoba, abrí la puerta y lo encontré hecho un ovillo en el suelo. Ni siquiera estaba dormido, así que cuando oyó mis pasos, de un brinco se puso de pie y me miro resentido. Lo tomé con delicadeza en mis brazos y luego de abrazarlo puse sus ojitos azules al nivel de los míos
-Lo siento Ricky, no volverá a pasar- Quizás fuera ridículo hablarle a un perro, pero debía disculparme con él, pues me sentía muy culpable por haberlo hecho pasar tan mala noche.
Cuando en su mirada ya no quedó ni una pizca de resentimiento, y sus ojos se tornaron dulces de nuevo, una extraña sensación de familiaridad recorrió mi cuerpo. Pero ¿por qué? Yo jamás había visto unos ojos tan azules, profundos e hipnotizantes como los de mi mascota, estaba casi segura...
Lo dejé pasar, ya que no era un asunto de relevancia y me metí de nuevo con Ricky a mi habitación.
Cerré la puerta silenciosamente para no despertar a nadie y me dirigí directo a mi armario. Hoy debía usar un atuendo especial para así quizás lograr llamar la atención de Thomas...
Debía idear una estrategia, un plan de ataque, tal y como se hacía en el ejército. Me reí para mis adentros, pues la idea sonaba bastante graciosa.Teniendo en cuenta que hasta ahora Thomas había demostrado ser un chico bastante tímido y reservado, se me haría muy difícil lograr hablar con él como amigos, sin presión alguna.
Aunque, si lo pensaba bien, quizás no fuera así necesariamente; tal vez no era ni tímido ni reservado, quizás tan sólo estuviera todavía aturdido por la brusca manera en que nos habíamos conocido. Mi tía ni siquiera sabía quien era, de dónde venía, ni nada que tuviera que ver con él y de pronto lo había invitado a quedarse en casa.
Sí, había sido una manera muy brusca de conocer a alguien.
Tendría que elaborar mi estrategia cuidadosamente, sin pasar nada por alto y así tal vez él se fijara en mi.
Decidí que usaría un vestido rosa, bastante inocente y a mi parecer muy adecuado para la ocasión.
Salí de mi cuarto con Ricky a mis espaldas y me preparé para bajar las escaleras cuando de pronto una puerta algunos metros más allá se abrió y de ella salió Thomas vestido con la ropa que mi tía le había dejado...
Se veía tan perfecto con ese atuendo... Sus ojos azules resaltaban con las rayas grises de la camisa de botones que llevaba puesta. Un momento... Sus ojos azules... Azules como los de... ¡Pero claro! Ya había descubierto a quién me habían recordado.
¡Los ojos de Ricky eran exactamente iguales a los de Thomas! No pude contener la risa, y sin dejar de mirarlo unas suaves carcajadas se escaparon de entre mis labios.
Thomas me miró con cara de desconcierto y dijo:
-¡Buenos días, señorita! ¿Podría yo saber qué le ha causado tanta gracia?- en sus ojos se veía claramente que estaba totalmente confundido, y esto me hizo reir un poco más.
-¡Buenos días, Thomas! Por favor, llámame Elizabeth. Oh, es sólo que acabo de darme cuenta de que tus ojos me recuerdan mucho a los de Ricky- expresado en voz alta sonaba bastante ridículo...
-Disculpe, pero ¿quién es Ricky?
-Mi mascota- sonreí y señalé con un gesto de la mano a la bolita de pelos que en ese momento trataba de morder los zapatos de Thomas. Él se rió por lo bajó y agregó.
-Pues la verdad es que sí son bastante parecidos. Es usted muy detallista, ¿no es así?
-Pues eso creo- dije soltando unas risitas.
-¿Quiere que la acompañe a desayunar, 'Elizabeth'?- dijo, haciéndo incapié en mi nombre para que yo notara que había recordado no llamarme señorita.
Le dediqué la más brillante de mis sonrisas y asentí con la cabeza.
Mi tía ya había desayunado, y estaba en la biblioteca. Pasé por ahí un momento para saludarla y volví a la cocina con Thomas a mi lado.
Cuando estuvimos sentados en la mesa preguntó:
-¿Y tu madre? Nicholas me ha hablado mucho de ella, y me gustaría conocerla.
Todo a mi alrededor comenzó a dar vueltas, yo no me esperaba eso...
-Pues, yo...
Mis ojos se llenaron de repentinas lágrimas, y Thomas no lograba deducir por qué estaba yo llorando.
-Es que, mi mamá murió varios meses atrás, verás, lo que pasó es que...-le conté toda la historia, sin obviar ningún detalle, no supe por qué le dije todo tan directamente y sin dar ningún rodeo; pero así lo hize y después de pensarlo un poco me pareció la mejor manera, quizás fuera porque Thomas inspiraba confianza con su sola prescencia... Le conté la razón por la cual había decidido no decírselo a mi padre y el se mostró de acuerdo. Estuve llorando todo el tiempo que hablamos y él me miraba con ojos de comprención y un poco de tristeza.
Cuando terminé de relatar la larga historia de mi madre, mi viaje a Paris y demás Thomas me abrazó repentinamente, según yo con la intención de consolarme, pero aunque fuera sólo por esa simple razón; no pude evitar que mi corazón quisiera salir disparado de mi pecho al sentir su roze en mi piel...
-Te comprendo más de lo que crees, y me parece que lo que hiciste fue muy valiente. Cuando yo era muy pequeño mi madre también murió. Ella era una persona estupenda, pero mi padre... Bueno, él no era precisamente el mejor papá que uno puede imaginar. Era militar, murió en un tiroteo hace unos pocos meses; quizás Nicholas te lo haya comentado.
Asentí ligeramente y lo miré a los ojos, perdiéndome en su mirada.
-Ohh, lo siento tanto... Seguro te pareces mucho a tu madre.
Rió tan bajito que casi no lo escuché, y asintió con la cabeza cabeza tan impersectiblemente como yo lo había hecho antes.
-Thomas, te ruego que no le digas nada a papá, se pondría frenético, y en su estado no me Parece que sea algo bueno.
-No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo.- dijo guiñándome un ojo y haciendo que mi corazón se acelerara y latiera tan rápido como el de un colibrí.
Tenía razón, no era tan tímido como parecía; tan sólo había que romper el hielo.
Deseché mis ideas de desarrollar un complicado plan de ataque y decidí que lo mejor sería dejar que pasara lo que tuviera que pasar.
Esa tarde estuvimos juntos paseando por los jardines, pero esta vez sí hablamos, y mucho.
La mayor parte de los temas de conversación eran cosas triviales y sin importancia. Le comenté lo ágil que era Ricky y él me pidió que le mostrara lo que podía hacer.
Al parecer, a mi peludo amigo le caía muy bien Thomas. Yo pensé que se iba a negar a mostrarle sus habilidades; pero después de algunas horas, cuando traía la pelota se la entregaba directamente a Thomas ignorándome olímpicamente.
Fue un día maravilloso que me sirvió para conocer a mi príncipe con mucha más profundidad.
Al caer la noche, todavía estabamos en los jardines y fue Ricky el que decidió que era hora de dormir cuando salió corriendo hacia mi habitación.
-¿Nos vemos mañana?- preguté tímidamente.
-No lo dudes- me dijo con la sonrisa más encantadora que había visto esbozar a una persona...

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ahhhhhhhhhh ya jeje no es el perro bien jejeje aunq me hubiese hecho gracia!! a Thmas es encantador ya sigo leyendo!!!!

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