viernes, 18 de junio de 2010

Cap. 19 Confesiones, planes y decisiones...

Cuando desperté aquella mañana, el día estaba nublado y gris.
-Genial.- dije sarcásticamente habando conmigo misma.
¡Que mala suerte! Justo el día anterior había estado pensando en lo poco que llovía en aquel sitio. Me resigné a que tendría que pasar el día adentro, y me vestí para bajar a desayunar.
Al llegar a la planta baja de la casa, miré hacia todas partes buscando a Thomas, pero no estaba en ningún lado... "Quizás sigue durmiendo" pensé muy poco convencida, ya que según me había dado cuenta, él solía despertarse muy temprano pues en el ejército así lo hacían y debía haberse acostumbrado.
Desayuné en soledad y al terminar subí a mi habitación a buscar a Ricky. Al pasar por el pasillo en el que estaba su alcoba, la puerta estaba abierta. No le di mucha importancia y seguí mi camino.
Cuando estuve de nuevo abajo con Ricky en mis brazos -pues todavía no era lo suficientemente grande como para no poder cargarlo- miré de nuevo cada rincón pero no vi a Thomas en ninguna parte. Comenzé a sentirme un poco ansiosa, pero traté de no hacerle mucho caso.
Ya que estaba lloviendo, tendría que quedarme adentro y aburrirme a muerte si Thomas no estaba a mi lado...
No tenía muchas ganas de leer, así que ir a la biblioteca no era una opción, y tuve que quedarme en la sala jugando con Ricky. Si es que se le podía llamar jugar a sentarnos en un sillón a vernos fijamente.
Los minutos comenzaban a pasar y cada vez estaba más aburrida, así que fui en busca de David para preguntarle si había visto a Thomas, o en segunda instancia, hablar con él un rato. Caminé en silencio por la casa y al llegar al corredor que daba a la puerta trasera me encontré a David caminando en dirección contraria a la mia.
-¡Buenos días David!
-¡Buenos días señorita!
-David, ¿por casualidad no has visto a Thomas hoy por aquí?- le pregunté rogando que la respuesta fuera un sí.
-Pues sí, se despertó muy temprano y fue a la biblioteca sin desayunar.
-Oh, gracias David- le respondí realmente agradecida.
Aunque no tenía ganas de leer, me dirigí sin pensarlo a la biblioteca; pues estar con Thomas era todo lo que yo quería hacer, aún cuando tuviera que estar en silencio observándolo mientras las páginas de algún libro tomaban total pocesión de sus pensamientos.
Que envidia le tenía a ese libro que tenía la suerte de estar en sus manos y ser el centro de toda su atención, esa atención que yo día a día luchaba por conseguir. Recordé las supuestas 'indirectas' del día anterior y no pude evitar sonreir para mis adentros pensando en que quizás porfin estuviera logrando capturar un poco de ella.
Entré sigilosamente en la biblioteca, y para mi sorpresa cuando lo miré no estaba leyendo...
Estaba apoyado en el balcón mirando hacia afuera, mientras la inclemente lluvia empañaba las ventanas.
No me atrevía a hablar, y como él no había notado que yo estaba ahí, me pareció buena idea mantenerme callada y simplemente pararme a su lado hasta que él decidiera que quería conversar.
Me situé a su lado y el silencio se mantuvo por varios minutos, hasta que ladeó la cabeza y muy bajito susurró:
-Elizabeth, tengo algo importante que decirte.- su voz sonaba lejana y un poco ronca, no era para nada la voz que yo moría por oír, esa voz con la que soñaba de noche y que de día llenaba mi mente...
Se me desmoronó el alma, pues me imaginé que quizás estuviera a punto de declararme su amor o de decirme que no podía vivir sin mi. Todo lo que en ese momento pasó por mi cabeza eran pensamientos agradables. Jamás imaginé que era lo que en realidad estaba a punto de confesar...
-Dime...- le respondí aún más bajo, pues la emoción que sentía ahogaba mi voz.
-Esto es... Dificil- dijo como si tratara de reunir coraje y encontrar las palabras adecuadas para decirme lo que sea que tuviera que contar.- Nunca pensé que sería tan duro para mi...- la frase quedó inconclusa, y noté un tono de histeria en su voz que me hizo dudar de que lo que tenía para decir fuera algo bueno.
Volvimos a quedarnos ambos en silencio, yo esperando a que hablara y él sin saber que decir.
-Debo irme...- no lo comprandí en el momento en que lo dijo, y pensé que se refería a irse de la bibloteca o algo así, a algún lugar lejos de mi para ordenar sus pensamientos, pero lo menos que pensé fue que se refería a irse de mi vida.
-Pues, si quieres te espero...- dije inocentemente.
-No lo entiendes, debo irme de aquí. Debo volver a Suiza y acompañar a Nicholas para decirle que todo estará bien. Él me pidió que volviera. Y debí hacerlo hace mucho tiempo pero no tuve el... valor.- nunca lo había oído hablando así. El dolor imprimido en sus palabras era más que notorio y la tristeza que su ser emanaba era más que palpable.
La luz grisásea provocada por la lluvia -si es que a eso se le podía llamar luz- iluminaba sus ojosy hacía que parecieran fríos y sombrios, no eran los ojos en los que inconcientemente me hundía, aquellos que daban una sensación de calidez que te llenaba por dentro...
-Pero Thomas... Yo no...-las lágrimas amenazaban con asomar, pero las contuve lo major que pude, respiré profundo y mirándolo a los ojos le dije:- No te puedes ir, no me dejes sola.
Una sonrisa impregnada de nostalgia curvó sus labios, y un extraño brillo en sus ojos los iluminó con sinceridad cuando me dijo:
-No tienes la menor idea de cuánto quisiera hacerlo... Pero no puedo.
Esto no podía ser, no me podía estar pasando a mi... Mi príncipe por fin llegaba y después de unas pocas semanas, así como así, debía irse y dejarme de nuevo, quizás para siempre...
Por un instante concideré la posibilidad de dejarlo ir, con la condición de prometerme que volvería; pero, ¿y si no lograba hacerlo? ¿Y si por cuestiones del destino no podía llegar siquiera a Suiza con alguna de las batallas que quizás se cruzara? No, de ninguna forma podía dejarlo ir.
-Thomas quédate. Mandaremos a alguien que le de las noticias a papá. No puedes irte, por favor, no lo hagas...
-Elizabeth, te ruego que no insistas. Lo haces mucho más dificil de lo que ya es...
En ese momento un terrible rayo cortó el cielo, y acto seguido un estruendoso trueno hizo vibrar los vidrios de la ventana.
Que ironía.
En aquel hermoso lugar nunca llovía, y justamente hoy el cielo había decidido llorar las lágrimas que luego a mi me tocaría derramar por la partida de mi primer y único amor.
Levanté la vista y lo vi a los ojos. Sus perfectas facciones estaban deformadas por el dolor y el sufrimiento, me había rogado que no le insistiera y yo seguía haciéndolo. Me odié a mi misma por causarle tanto dolor, pero no podía dejar que se fuera.
-Thomas se razonable, deja que enviemos a alguien que vaya a Suiza por ti y así...-no pude terminar la frase, pues las lágrimas que había estado guardando en mi interior ya no consiguieron espacio para alojarse, pues tal vez mi corazón estuviera totalmente inundado, y mis sueños y deseos ahogados.
Se colaron de mis ojos varias de esas escurridizas lágrimas, y para mi sorpresa al verme llorando Thomas se acercó y me estrechó fuertemente contra su pecho. Inmediatamenmte me sentí protegida en su abrazo, como si ese fuera el lugar al que yo pertenecía...
-Iré contigo.- lo dije sin dudar, mi voz sonóo fuerte y no había rastro de duda alguna en mis palabras.
-Elizabeth... No puedes. Es demasiado peligroso, yo no podría arriesgarte a que...- lo interrumpí.
-Thomas, si no me dejas ir contigo sabes que me escaparé, y estando sola quizás me perderé, así que considerando todo, lo mejor es que me dejes acompañarte.
-Oh Elizabeth eres imposible... Tan testaruda y tan dulce...- no podía creer lo que estaba diciendo, ¿era esto alguna clase de declaración? Quizás sí, o quizás no...
Reí bajito, tanto que casi ni yo misma me escuché.
-Entonces... ¿cuándo nos vamos? debe ser de noche para que no nos vean, y mientras más pronto mejor pues si llega mi tía sera mas dificil y yo no podría...- esta vez fue él el que no me dejó terminar poniendo un dedo en mis labios.
-Yo no he dicho que irás conmigo. Es demasiado arriesgado.
-Ohh vamos Thomas. No seas así.- puse mi mejor carita de niña malcriada e hice algunos pucheros.
Estaba totalmente decidida a acompañarlo, quizás fuera una idea descabellada, pero dejarlo ir no era para nada una opción. Mis sentimientos cambiaron inmediata y radicalmente. En un momento una profunda tristeza traspasó mi ser como una lanza, y al otro estaba... ¿entusiasmada? con la idea de huír con Thomas.
-No me hagas eso, ya es muy dificil para mi tener que dejart... dejar todo esto. No hagas que sea más duro,- ¿mis oidos me engañaban? ¿había estado a punto de decir que no quería dejarme? Tal fue la dicha que me inundó que no me importaba ahora lo que él dijera. Aunque no quisiera me iría con él; lo acompañaría hasta el final del mundo si eso fuera necesario.
-Thomas, no te estoy pidiendo permiso para acompañarte. Te estoy informando que iré contigo. Digas lo que digas no cambiaré de parecer. Mira, la vida me ha enseñado que uno debe luchar por lo que quiere, y que las decisiones deben ser tomadas sin dudarlo. Lo que yo quiero es estar contigo, así que no me obligues a quedarme aquí sola de nuevo...-"te necesito" estas últimas palabras sólo las pensé, no tuve el valor suficiente para confesarle cuánto lo necesitaba.
Lo que le dije, era totalmente cierto, la vida a duras penas me había demostrado que uno debe luchar por lo que se quiere y que si debemos abandonar los sueños que hace poco estabamos construyendo, debíamos hacerlo sin pensarlo dos veces; pues una nueva vida traería nuevos sueños y los anteriores no serían abandonados. Tan sólo dejados de lado momentáneamente hasta el momento de volver a retomarlos.
Eso era precisamente lo que haría, aunque Thomas dijera lo que dijera, me iría sin mirar atrás... Tal como se había ido mi hermano al ejército, tal como se había marchado mi padre, tal como yo me había transladado a Paris por mi cuenta, tal como debemos hacer cuando las decisiones por tomar son demasiado difíciles.
Solo debes irte "sin mirar atrás..."
Lo meditó un largo tiempo y yo lo dejé pensar sin hacer ni un sonido. Al cabo de unos minutos respondió:
-Aunque se que es una locura, soy demasiado egoísta para dejarte. No sé por qué hago esto. ¡Me estás volviendo loco!- me dijo jugando. una ancha sonrisa iluminó su semblante; y mi corazón dio tres vueltas en mi pecho para luego latir descontroladamente. El ambiente se relajó un poco, y ambos nos sonreimos mirándonos a los ojos y dejándo que nuestras miradas dijeran las cosas que nuestros labios no se atrevían a decir.
Estaba hecho. Me iría con él y nos dedicaríamos los dos a buscar a mi padre. Esto no podía ser más perfecto.
Lo paneé todo a su lado, dejaría en mi cama una nota para mi tía y en dos días partiríamos a lo desconocido.
Comenzaría una nueva vida, sería algo que muy pocas personas han experimentado, y que yo tendría la suerte de experimentar.
Cada momento fue sincronizado, y cada detalle planeado cuidadosamente, todo saldría bien, no había márgen de error. Mientras hacíamos esto Thomas no dejaba de decir lo egoísta que era y esa clase de cosas que eran imposibles de él. Yo me dediqué a decirle que mas bien me estaba haciendo un favor, y que así no me perdería en la calles de Paris tratando de buscarlo cuando se fuera; él reía bajito y decía que quizás estaba en lo cierto.
Bajamos a almorzar, pues Thomas no había desayunado y yo tenía ya bastante hambre. Tratamos de mantener serenos nuestros rostros para que nadie se diera cuenta de nada, y al terminar de comer volvimos a la biblioteca para dejar todo perfectamente planeado.
Cuando anocheció nos fuimos ambos a dormir, y ya estando en mi habitación después de pensar un rato me pareció que lo había convencido demasiado fácilmente, quizás fuera porque enserio no soportaba estar sin mi... Mas de lo que yo podía imaginar. No me lo había dicho con palabras, pero era algo que cualquiera hubiera podido deducir.
La lluvia no paró de caer en toda la noche, y no dejó de atormentarme con el incesante sonido que producía al golpear el techo de la casa, pero poco a poco logré quedarme dormida.
Me dormí soñando con nuestros planes, y lo perfectamente bien que todo saldría.
Las confesiones de aquel día, si es que eran confesiones lo que había pasado en la biblioteca, también tomaron parte de mis sueños, y en un momento determinado terminé soñando con Thomas arrodillado en el césped de un gran jardín rodeado de muros mientras yo oía sus palabras de amor desde un alto balcón...

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ajajajajja q vision final mas Shakesperiana jeje umm me gusto pero Diosssss Escaparse nonono es romantico pero creo q no la mejor opcionseguire leyendo un rato mas saludos!!

Publicar un comentario

Hola(: comenta lo que quieras, tu opinión siempre será importante y tomada en cuenta :D

¡Cuidado! Oh, bueno, puedes ver que hará^^

El botón que no hace nada El botón que no hace nada