viernes, 25 de junio de 2010

Cap. 22 Héroes...

Desperté, y cada centímetro de mi cuerpo estaba engarrotado a causa del incómodo colchón. Me levanté de la cama y traté de estirarme un poco.
Tomé mi bolso y me vestí con lo primero que encontré para luego bajar a desayunar. En aquel lugar hacía mucho frío, y constantemente una suave brisa se colaba por los huecos de entre las tablas que tapaban las ventanas. Estando allí era imposible no recordar que estabamos en guerra.
Bajé cuidadosamente las escaleras que rechinaban sonoramente cuando se las pisaba y caminé hacia lo que creía que era la cocina. Thomas ya estaba ahí con Matt, y al parecer ya habían desayunado, pues los platos sucios reposaban ahora encima de la mesa sin que nadie hiciera ademán de recojerlos.
-¡Buenos días!- saludé cariñosamente.
-¡Buenos días señorita!- dijo Matt con una sonrisa tonta deformando sus nada delicadas facciones.
-Muy buenos días Elizabeth.- la sonrisa que curvó los labios de Thomas mientras hablaba no tenía ningún parecido a la que segundos antes había esbozado su compañero. La comparación causaba un poco de gracia, pero traté de no reirme para no ser descortés- ¿Dormiste bien?
-De maravilla- mentí.- ¿Qué hora es?- ahora que lo recordaba, no podía ser de mañana ya que habíamos llegado a esta pequeña casa al rededor de las cinco de la madrugada.
-Algo así como la una de la tarde, creo.- me respondió Matthew con un encojimiento de hombros.
-¿¡Qué!? ¿tan tarde?-mi voz sonaba alterada, no me esperaba que el día hubiera avanzado tanto. No podíamos perder mucho tiempo o llegar a Suiza en unos pocos días,como era el plan, sería totalmente imposible.
-No te preocupes- tranquilizó Thomas- estaba pensando en que hoy deberíamos quedarnos en casa de Matt para descansar un poco.
-Bueno...-no protesté, por dos razones principales: la primera era, que la verdad estaba muy cansada, y un día de descanso no me vandría nada mal. Y la segunda razón fue que por lo que había visto, Matt era un amigo cercano de Thomas y quizás querrían pasar un tiempo juntos. ¿Tiene hambre señorita?- preguntó Matt cortézmente.
-Por favor, no me diga señorita. Llámeme sólo Elizabeth.- le dije sonriendo dulcemente, y recordando cuando le decía a Thomas casi exactamente las mismas palabras.- Y la verdad es que si estoy un poco hambrienta.- mientras decía esto noté que Thomas me miraba fijamente con expresión tierna en el rostro. Sus ojos parecían perdidos viendo algo que sólo él veía. Me sonrojé un poco al darme cuenta que me estaba mirando a mi.
-No le de pena, aquí está en su casa. Ya le sirvo el desayuno.- dijo Matt pensando que la razón de mi sonrojo había sido él mismo.
-Muchas gracias.- respondí, dicimulando un poco y muy agradecida por que no hubiera notado la manera en que Thomas me miraba.
Thomas se levantó, y como todo un caballero me ofreció la silla contigua a la de él. Le sonreí coquetamente y me senté a su lado. La cocina era pequeña, pintada de un color amarillo ocre y con una pequeña mesita cuadrada en el centro.
El desayuno olía delicioso, aunque no logré adivinar exactamente qué estaba comiendo y preferí no preguntar. Cuando me di cuenta de que Matt no iba a recoger los platos, por pura cortesía los apilé todos juntos y los llevé al lavabo. Estaba topado de platos sucios y con comida, pero traté de no fijarme mucho en eso y lavar tan sólo los tres platos que me correspondían y sus respectivos tenedores y cuchillos.
Matt y Thomas estaban absortos en una conversación acerca de algún viaje que Matt había hecho recientemente, o eso creía, pues por las pocas palabras que pude comprender de la acelerada y grave voz de Matthew, lo que contaba tenía que ser sobre una aventura.
Traté de ignorarlos, y con un sueve movimiento encendí el agua. El sonido pareció poner alerta a Matt, que inmediatamente detuvo su relato para decirme:
-Ohh, muchas gracias Elizabeth. Pero no tienes por qué hacerlo, ustedes son los invitados. Por favor deja eso, yo luego me encargo.
-No te preocupes Matt, no me molesta. Ustedes sigan hablando.- le dije sonriendo tranquilamente.
-Insisto, no te preocupes por eso.
-De verdad, no me molesta.- esta vez pareció aceptar, pues después de dedicarme una mirada agradecida, enfocó sus ojos de nuevo en Thomas y siguió hablando.
Terminé muy rápido, y para no interrumpirlos subí a la habitación en la que habí dormido la noche anterior y de mi bolso de mano saqué el pequeño libro que había guardado para situaciones como esta. De terrible aburrimiento.
No estaba muy concentrada en la historia, sólo pasaba las páginas y miraba las miles de letras juntas sin siquiera tratar de descubrir que significaban.
Las horas pasaban y al parecer ellos aún no habían notado mi aucencia, y si se dieron cuenta, decidieron ignorarla.
Al rededor de las seis de la tarde, bajé de nuevo a la cocina, pues ya tenía mucha hambre. Para mi sorpresa, cuando entré, Matthew tenía lágrimas en los ojos y Thomas lo miraba comprencivo. Pasé de largo y me hice la desentendida, como si yo no hubiera notado nada.
Me senté en la mesa, no exactamente al lado de Thomas, pero sí muy cerca. La habitación estaba en completo silencio, y fue después de unos minutos cuando Matthew preguntó:
-¿Tienen hambre? El el refrigerador debe haber algo, ya me levanto.
-Muchas gracias Matt. Estoy hambriento.- contestó Thomas un poco extrañado, supuse que porque Matthew había usado el plural para preguntar si 'teníamos' hambre. Él no había notado mi presencia, quizás estuviera demasiado concentrado en la razón por la que, minutos antes, su amigo lloraba. Miró a su alrededor, y cuando su mirada se cruzó con la mía, confirmó mis sospechas diciendo-: Oh Elizabeth, no me había dado cuenta de que estabas aquí.
No se me ocurrió nada adecuado que contestarle, así que me conformé con mirarlo con una sonrisa en el rostro.
Se levantó, y recorriendo la distancia que nos separaba, se sentó a mi lado.
Poco tiempo después, Matt llegó con tres platos de algo que parecía pollo y una extraña ensalada -de noevo, preferí no preguntar-, estaba delicioso.
Comimos en silencio, quizás demasiado silencio. Ningún ruido perturbaba la paz del momento, y al principio fue agradable; pero después de un rato se hizo insoportable.
-¿Y cómo se conocieron?- dije cuando ya no aguanté más.
Ambos se miraron a los ojos por un corto tiempo, y luego Thomas asintió; como si le estuviera dando permiso de hablar.
-Bueno, es que yo también estaba en el ejército, en el mismo pelotón que Thomas.- dijo con una sonrisa que a mi parecer era algo forzada.
-Verás, ¿recuerdas que te conté que yo no tenía amigos hasta que conocí a Nicholas? la verdad es que, antes incluso de que Nicholas llegara al ejército, Matt era mi único amigo. Yo era un soldado solitario al que nadie se molestaba en mirar, pero con Matt siempre fue diferente; a él no le importaba ni mi padre ni nadie. Cuando comenzamos a conocernos, nos dimos cuenta de que podríamos llegar a ser grandes amigos, y poco a poco en eso nos fuimos convirtiendo. Un día, creo que era un martes, cuando acababamos de llegar en barco a Francia para dirigirnos a Italia, el ejército de Austria nos interceptó, y sin ningún motivo, empezó un tiroteo...
"Muchos soldados murieron de inmediato, pero algunos como...-su voz se tornó más baja, como si no supiera si lo que estaba a punto de decir era algo que debiera mencionar.- algunos como... tu hermano, Andrew, se mantuvieron luchando y protegiendo a sus compañeros. Muy pronto ya no había casi nadie con ganas de enfrentar a el enemigo, y muchos emprendieron la retirada. Matthew y yo decidimos quedarnos y luchar pues no era algo ético abandonar a tus compañeros. Andrew también se quedó...- un sabor agrio en la boca no me dejaba concentrarme del todo. Sentí como las lágrimas corrían por mis mejillas pero quería seguir escuchando, necesitaba saber qué le había pasado a mi... hermano.- Fue algo horrible, y de un momento a otro, sólo quedábamos diez soldados contra todo un ejército. Mi padre también se había quedado, era el único de nosotros con verdadera experiencia; y cuando se volvió imposible seguir ahí, nos ordenó que escapáramos.
"Al principio todos nos quedamos inmóviles, pues ahí donde estábamos, escondidos entre los arbustos y con armas que ya casi se quedaban sin municiones, escapar hubiera sido un acto suicida. Algunos no pensaron en esto, y de un salto se pusieron de pie y trataron de correr hacia donde la maleza era más densa, pero de inmediato los vieron y los mataron. Quedábamos no más de cuatro soldados, incluyendo a tu hermano, y no teníamos a donde ir ni qué hacer.
"En un acto de plena nobleza y valentía, Andrew se levantó de entre las plantas en las que nos escondíamos, tomó su arma y disparó al único soldado austríaco que estaba tan cerca de nosotros como para que sus hombres se dieran cuanta de nuestra retirada. Apenas el soldado cayó al suelo, todos corrimos hacia donde minutos antes nuestros compañeros habían intentado huír. Cuando de pronto sonó un disparo...
"En el momento en que nos dimos vuelta vimos a Andrew tirado en el suelo con una bala en el pecho, no sabíamos si estaba muerto; pero yo no estaba dispuesto a dejarlo morir ahí. Nuestros compañeros hicieron caso omiso de nuestras llamadas de ayuda, y ahora sólo quedábamos Matthew y yo. Entre los dos lo levantamos y lo llevamos lo más rápido que nuestras fuerzas daban a en nuevo campamento del pelotón. Si es que se podía llamar campamento a un lugar donde unos soldados ingleses se ocultaban del enemigo austríaco sin tener si quiera sus tiendas y la comida. Con las mochilas que teníamos hicimos en el suelo una epecie de cama y entre Matt y yo pusimos a tu hermano en el suelo. Sus ojos estaban perdidos, pero una media sonrisa curvaba sus labios, pues gracias a él habíamos logrado escapar, gracias a él se habían salvado cuatro soldados. Él era un héroe.
"Al verlo así, no pude más que decir gracias, y en respuesta su sonrisa se ensanchó. Murió inmediatamente después.
"Quizás creas que era innecesario contarte esto, pero si no te lo hubiera dicho no entenderías el resto de la historia. Al ver a Andrew morir de ese modo, después de habernos salvado la vida a todos, Matthew decidió que él no estaría en el ejército un segundo más. Dijo que no quería soportar cómo gente tan buena como tu hermano moría de ese modo. Tomó las pocas cosas que podría cargar en un viaje tan largo y me dijo que iría a Francia, a esconderse en una de las casas abandonadas que había a las afueras de Paris. Yo no quise acompañarlo, debía seguir luchando, y si tenía suerte morir de una manera tan noble como lo había hecho tu hermano.
"Yo no estaba seguro de que Matt hubiera llegado con vida a Paris, pero no perdía nada intentando buscarlo. No lo había visto en algo más de un año, pero mantenía vivas mis esperanzas. Necesitábamos un lugar donde pasar la noche, y supe a qué casa dirigirme ya que cuando habíamos ido hacia Italia, pasamos por este lugar y él señaló que le agradaba la pequeña casita.- dijo mirándome profundamente a los ojos.
Yo estaba en shock, no podía hablar y casi tampoco respirar. Yo no sabía cómo había muerto mi hermano, nadie se había dignado a decírmelo. Por una parte me alegró saberlo, ya que mi hermano había sido un héroe. Ahora sabía por qué tiempo atrás en casa de mi tía Thomas había dicho que su muerte afectó a todo el pelotón. Andrew era un gran hombre, eso lo sabía, pero ahora sabía también que era un héroe. Pero por otro lado, la sensación de vacío que se había apoderado de mi corazón hubiera preferido ahorrármela.
Silenciosas lágrimas corrían por mis mejillas, y ambas manos las tenía en el pecho, donde estaba el corazón, en un intento fallido por que no se desmoronara en pedazos.
Con cuidado Thomas se acercó a mi y dulcemente me abrazó. El dolor que sentía en el pecho disminuyó significativamente, y luego de un tiempo que me pareció eterno me separé de su abrazo para perderme en su mirada mientras le decía:
-Gracias Thomas. De verdad muchísimas gracias. Ahora se que mi hermano murió como todo un héroe.- mi voz sonaba quebrada, pues mientras hablaba tuve que reprimir las intensas ganas de echarme a llorar como una niña pequeña.
-Eso era.- fue lo único que respondió mientras me besaba la frente tiernamente.
Matthew observaba la escena desde el otro lado de la mesa, callado. Para mi sorpresa descubrí que las lágrimas también inundaban los ojos de Matt; por lo que decidí ser fuerte y calmarme un poco. Respiré profundo y dije:
-Ustedes también son muy valientes. Gracias por no dejar que mi hermano muriera solo.
No hubo respuesta a este comentario, pues al parecer a ellos también les afectaba el tema, aunque por supuesto, no tanto como a mi.
Thomas se sentó de nuevo a mi lado mirando al espacio con ojos de nostalgia, mientras Matt soltaba unas silenciosas lágrimas.
Me levanté de la mesa y abrazé a Matthew. Como pasaba casi siempre, su apariencia ruda no tenía nada que ver con quien era realmente.
Se calmó un poco y los tres nos dirigimos a la pequeña salita mientras hablábamos de temas agradables que nada tuvieran que ver con la guerra.
Ahora estaba contenta, por tres cosas: 1. Mi hermano era un héroe, y estaba totalmente orgullosa de ello. 2. De ahora en más, cuando hablara de Andrew no sentiría tanto dolor, y podría contar su historia a quien quisiera escucharla. 3. Thomas era mucho más perfecto para mi de lo que imaginaba... Era valiente y noble, había acompañado a mi hermano cuando los demás habían decidido dejarlo. Estabmos hechos el uno para el otro.
Como si hubiera oído mis pensamientos se levantó de su puesto al lado de Matthew y se sentó conmigo. Me abrazó tiernamente y nos miramos a los ojos. Como siempre, no hizo falta decir nada, nustras miradas hablaban por nosotros...

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ah q ternura de capi se me aguaraparon los ojos con esa historia tan triste de como murio Andrwe!!! Dios nena y Thomas y Eli al parecer enamorados pero aunq sus miradas lo digan todo no seri mala idea alguna declaracion jeje!! en fin sego leyendo saludos!!!!

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