jueves, 1 de julio de 2010

Cap. 23 Inconvenientes

Estábamos a punto de salir de la casa de Matthew. Después de la conversación que habíamos tenido el día anterior, hablamos hasta muy tarde en la noche, por lo cual estaba de nuevo tan cansada que ni siquiera la dura cama me incomodó.
Esta vez, Thomas me despertó muy temprano para poder salir en plena luz del día y que estuviéramos más lejos cuando la noche llegara de nuevo. Luego de saludarnos tan cariñosamente como siempre, comentó:
-¿Qué te parecería que Matt nos acompañara? Podría ser de mucha ayuda, recuerda que vino sólo desde Italia, y quizás conoce muchos sitios para dormir o algún atajo…- notaba la ansiedad en su voz, como si temiera que mi respuesta fuera negativa. Sabía lo mucho que le costaría dejar de nuevo a su amigo… Aunque yo hubiera preferido estar sola con Thomas, lo que decía tenía bastante sentido. A demás, dos cabezas siempre piensan mejor que una; tres pensarían todavía mejor. Tardé un poco en responderle, y en mi semblante debían notarse rastros de duda, pues agregó-: ¿recuerdas cuando bajaste a la cocina ayer y nosotros estábamos hablando? Yo estaba tan sumido en la conversación que no noté cuándo llegaste, pero quizás te hayas dado cuenta que estábamos hablando acerca de un viaje. Pues, Matt me relataba cómo llegó aquí, y todo lo que tuvo que pasar para poder estar de nuevo a salvo. Nuestro camino, aunque más largo, es un poco más fácil de recorrer, y con su ayuda, todo podría ser incluso más sencillo.- enfocó en mi su mirada, y sus ojos se volvieron suplicantes. ¡Con qué facilidad podía convencerme!. Si me hubiera mirado así desde el principio, no hubiera tenido que dar ninguna explicación. Su manera de mirarte era tan hipnotizante que una vez que te perdías en sus ojos, ya no había vuelta atrás. Sacudí un poco la cabeza, traté de concentrarme de nuevo y le dije:
-De acuerdo.
La más ancha de las sonrisas se dibujó en su semblante, y eso era otra cosa que yo no podía resistir.
-¡Genial! Iré a decírselo a Matt, te aseguro que no te arrepentirás.- guiñó uno de sus perfectos ojos azules y salió de la habitación. Mi corazón latía tan rápido, que mi respiración se hizo pesada, y tuve que sentarme en el suelo para intentar bajar mi ritmo cardíaco. ¿Por qué siempre lograba ponerme así? Era demasiado perfecto, demasiado tierno, inteligente, noble, hermoso, era demasiado… Perfecto. La palabra le calzaba a la perfección. Nada en el podría mejorarse. Era todo lo que yo hubiera podido pedir e incluso mucho más.Minutos más tarde llegaron Thomas y Matt con una pequeña maleta extra con lo que suponía serían las pertenencias de nuestro nuevo acompañante. Inmediatamente me levanté del suelo y tomé el brazo de Thomas.
-Es hora de marcharnos.- anuncié con tono animado.
Bajamos las escaleras y nos dirigimos a la puerta principal. Con una pequeña llave, Matthew cerró la puerta y entonces estuvimos listos para partir. Yo estaba a punto de preguntar qué camino debíamos tomar, pero cuando iba a abrir la boca para hablar, Thomas se me adelantó diciendo:
-La estación de trenes más cercana está al sur, ¿no?- Matt lo miró extrañado, una mirada que no comprendí, hasta que dijo:
-Thomas, una bomba cayo en esa estación hace algo más de una semana. ¿En qué mundo vives muchacho?
Sentí que el piso se movía bajo mis pies, sin una estación de trenes, tendríamos que recorrer un largo camino a pie y en plena guerra. Eso no era para nada seguro.
-¿¡Qué!?- la voz de Thomas sonaba casi tan desesperada como el tono de mis pensamientos.-¿Y ahora que haremos? No podemos llegar a Suiza sólo a pie, eso sería un gigantesco desastre. Tu y yo quizás soportaríamos, pero no pondré a Elizabeth a recorrer tal distancia caminando. ¡Esto es una locura! Tardaríamos siglos en llegar.. Debe haber otra opción, una manera de llegar sin recorrer toda la distancia a pie.- hablaba tan rápido que costaba entenderle, al parecer estaba realmente molesto. Casi parecía que hablaba consigo mismo. Me sentí un poco mal, pues de no haber sido por mi quizás habrían emprendido el camino sin quejarse, ellos eran soldados y aguantarían, pero yo jamás en la vida sería capaz de caminar tanto con el miedo de que una bomba me cayera encima de un momento a otro. No era buena idea deambular por las calles en plena Segunda Guerra Mundial. Aún así, me tragué todos mis temores y con voz bajita dije:
-Thomas no te preocupes, si es la única manera de llegar, lo haré. Por mi no se detengan.
Su rostro, que momentos antes estaba desencajado por la rabia y la frustración, ahora se volvió tierno. Y su voz que había estado alterada, se tornó dulce.
-No nos detenemos por ti.- sonrió y negó con la cabeza.- sería una locura hasta para el soldado más entrenado. No te preocupes, encontraremos una manera de resolverlo. Mientras Thomas hablaba, Matt había estado sosteniéndose en tabique con dos dedos y moviéndo la cabeza de un lado a otro en gesto negativo.
-Thomas, Thomas. Siempre tan terco.-rió bajito.- alguna vez deberías dejarme terminar de hablar. El tren mas cercano explotó, pero esa no era la única estación de trenes de Francia, ¿o sí? La segunda más cercana está un poco más al sur. No tendremos que recorrer toda la distancia a pie.- dijo Matthew con el tono de voz que se emplea para explicarle a un niño pequeño que dos más dos suman cuatro.Por un instante nadie habló, y pude notar cómo Thomas se tapaba la cara fingiendo estar avergonzado.
-Emm… Pues, lo siento Matt.- rió un poco.- creo que soy un poco terco.- volvió a reír tan armoniosamente como siempre.
-¿Un poco? A mi parecer, 'poco' no es la palabra adecuada para ponerle una cantidad a tu terquedad.- dijo Matthew riéndose con él.
-Bueno, 'muy' terco. De acuerdo, ahora que nuestro pequeño inconveniente está resuelto, es hora de ponernos en marcha.- dijo sonriendo.
Volví a tomarlo del brazo, ya que instintivamente cuando se había enfadado me aparté un poco de él para dejarle su espacio.
Matthew le indicó a Thomas una dirección, utilizando palabras técnicas que yo no comprendí, aunque entre ello parecían entenderse. Caminamos juntos en la dirección opuesta de la que habíamos tomado para llegar a aquel lugar.
Mayo ya había llegado, dejando atrás todos los hermosos recuerdos albergados en el mes anterior -que iban desde mi cumpleaños hasta el momento en que había decidido fugarme con Thomas-. Pero igual que como había pensado cuando estaba a punto de marcharme de lo que recientemente se había convertido en mi hogar, viejos sueños dejados aparte, momentáneamente, dejan espacio a nuevos sueños; y en este caso también nuevas experiencias y recuerdos.
El sol inclemente calentaba cada superficie expuesta a sus rayos, incluyendo nuestra propia piel. Aunque el calor era casi insoportable, en ningún momento solté a Thomas, y a él, al parecer, no le molestaba. Matt se mantenía en silencio, y Thomas tampocó habló; como yo no tenía nada que decir, también permanecí callada, así que lo único que se oía era el débil crujido de la grava bajo nuestros pies.
Una sensación nueva, que yo nunca había experimentado me invadió repentinamente. Un sentimiento de desesperación muy diferente a el que ya había experimentado en el pasado innumerables veces. El silencio me estaba desquiciando poco a poco, y el terrible calor no era de mucha ayuda. Pensé por un momento en separarme de Thomas, pero la misma desesperación vilvió aún más fuerte cuando lo planteé; no podía estar lejos de él, necesitaba sentirlo cerca, conmigo para estar segura de que no se esfumaría de un momento a otro.
Me sorprendió encontrarme a mi misma pensando de esta forma, ya que la sensación de que Thomas era tan sólo producto de mi desesperada imaginación había desaparecido hacía ya mucho tiempo, pero por alguna razón muy adentro en mi subconciente, una parte de mi oculta en mi propio interior seguía temiendo que no fuera real, o quizá que de un instante a otro se artara de mi y decidiera dejarme.
Inconcientemente, me apreté más a su brazo; y él debió haber notado el aumento en la tensión, pues se detuvo un instante para mirarme confundido por el extraño gesto y luego de besarme en la coronilla continuó caminando conmigo a su lado. Siempre conmigo a su lado.
A medida que el día avanzaba, nos adentrabamos más en caminos que para mi eran totalmente desconocidos, y cuando la aterciopelada negrura de una noche estrellada nos privó de la luz que necesitabamos para seguir, empezé a preocuparme de tener que pasar la noche allí mismo, totalmente expuestos.
No me había fijado mucho en el paisaje, pues me asustaba pensar en lo lejos que me encontraba de mi hogar. Mayormente me concentraba en observar a Thomas, que me proporcionaba una deliciosa distracción para esos terribles momentos de confusión. Me obligué a mi misma a mirar a mi al rededor, pues necesitaba serciorarme de que habría cerca algún lugar para dormir, pero lo único que había lo sufieciéntemente cerca para que mis ojos lograrag verlo aún en la oscuridad, era el caminito de tierra sobre el que caminábamos y las pequeñas casitas, cada vez mas separadas enormes árboles entre ellas. Matthew con su rojizo cabello parecía haber olvidado que estábamos con él, pues caminaba en silencio sin siquiera mirarnos.
De pronto, como si hubiera escuchado lo que pensé y quisiera contradecirme, dijo:
-De acuerdo, me parece que es momento de detenernos. Mientras más temprano descansemos, menos tendremos que avanzar entre penumbras y más temprano podremos despertarnos mañana.- dijo con voz ronca y sin poder dicimular del todo su preocupación.
-¿Dormiremos aquí? ¿A la intemperie?- preguntó Thomas dando voz a mis pensamientos.
-Pues claro que no muchacho. ¿Acaso crees que soy tan imprudente siquiera como para considerar eso una opción?.-su tono sonaba ofendido, y me di cuenta que la preocupación que creí haber visto en su semblante, no era más que cansancio. El cansancio que yo misma sentía.- Mira- dijo luego de una pausa- hace algo más de unos días, todas estas casas fueron deshabitadas, pues sus dueños, impulsados por el temor y la conmoción que causó la destrucción de la estación de trenes, decidieron marcharse con sus respectivas familias o ir al campo. Muy pocas personas siguen viviendo aquí, y los únicos que todavía lo hacen, se quedaron tan sólo porque no tenían a donde ir. La gente está muerta de miedo, ya no saben ni a dónde ir y a nadie le importa tener que dejar todo lo que tienen en cuanto a bienes materiales si eso implica poder estar con la familia.
Esta última reflexión de Matt, me abrió los ojos. Aunque tengas todo el dinero del mundo, no tienes nada sin una familia. Quizás por esta razón mi tía Lynette había decidido iniciar su fundación para ayudar a las personas más necesitadas: aunque lo tenía todo, le faltaba el cariño y la calidez de una familia. Yo, que había perdido a la mayoría de mis parientes más cercanos, estaba iniciando ahora una nueva vida. Una vida que me uniría a mi papá más que nunca, una vida que quizás tomara a Thomas como parte de ella...
Si lo pensaba un poco, en un tiempo muy corto había conseguido sumar a mi muy recortada familia personas realmente especiales: Thomas, mi tía, David, Marie, todos aquellos que vivían en casa de mi tía, Ricky y -el miembro más recientemente agregado- Matthew, que ahora formaba parte de ella aunque lo hubiera conocido hacía poquísimo tiempo. Mi padre nunca había dejado de ser parte de mi familia, aunque estuviera muy lejos, y aún mi madre y Andrew seguían estando conmigo, y los llevaba siempre en el corazón. No, debía rectificar: mi familia no estaba recortada, sino todo lo contrario. Había crecido considerablemente.
Estas divagaciones me distrajeron un poco, y cuando puse de nuevo los pies sobre la tierra, entre Matt y Thomas ya se habían tomado la tarea de decidir minuciosamente a qué casa tratar de entrar. Nos dirigimos a una desvensijada casita con paredes pintadas de un color beige oscuro. Por suerte, no había nadie, y la cerradura cedió al primer intento.
Comimos algo de lo que Matt llevaba en su bolso, y luego se esta improvisada cena, nos despedimos cariñosamente y como habían sólo dos habitaciones, Matt y Thomas fueron a una y yo a la otra, para descansar y estar reconfortados y preparados para lo que sea que se presentara al día siguiente.
La cama era, a decir verdad, mucho más cómoda que la de la casa de Matt, -aunque tampoco era 'cómoda', sólo algo menos mala que la de Matt- así que aproveché al máximo lo que quizá sería mi última noche en una cama medianamente mullida y me fui a dormir satisfecha de lo que en poco tiempo había logrado: hacer crecer a mi hermosa familia.

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Jejeje es un buen pensamiento ese de Elizabeth en vez de ver las cosas de manera negativa sacarle algo bueno!!

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