miércoles, 7 de julio de 2010

Cap. 25 Recta final

Nadie contestó. Toc, toc, toc. Esta vez, Thomas tocó la puerta; pero adentro seguía sin escucharse nada. Toc, toc, toc. Nada. Así estuvimos bastante rato, hasta que por fin aceptamos que no había nadie en casa.
-¿Dónde estarán? Deberían estar aquí...- dijo Thomas pensativo. Por su cara de preocupación, temía que algo malo les hubiera pasado a sus amigos.
Nadie comentó nada, y el profundo silencio pronto nos envolvió.
-Quizás se hayan marchado al campo- sugerí para aligerar el ambiente, pero la verdad, no funcionó muy bien... Thomas seguía contrariado, pero la noche ya llegaba y no era seguro estar afuera en la oscuridad, así que con paso firme se levantó y trató de abrir la puerta.
No abrio. No lo intentó de nuevo, y se sentó en las pequeñas escaleras de la entrada con las manos en la cabeza y gesto frustrado.
Matt se puso a rebuscar en su bolso un objeto pequeño, largo y puntiagudo. Cuando lo incertó en la cerradura, me di cuenta de que era un alambre, y con él trataba de abrir la puerta. Tuvimos que esperar un largo rato, pero después de unos minutos, la cerradura cedió y nosotros pudimos pasar. La casita era realmente acojedora, pintada de un color más oscuro que amarillo pero más claro que el ocre. Unas floreadas cortinas decoraban las ventanas -llenas de tachas- y un hermoso sillón de cuero ocupaba su lugar en una pared del fondo; en el centro de la estancia había una mesita, pequeña y de madera clara, donde reposaba un papel...
Thomas también lo había visto, así que cruzó la habitación a zancadas y de un manotazo tomó la pequeña hoja. Leyó rápidamente, asintió para si mismo y guardó la hojita en uno de sus bolsillos traseros.
-Se han ido al campo.- dijo dedicándome una sonrisa, como si me estuviera dando la razón.
-¿Por qué dejaron una nota? ¿Cómo sabrían que vendríamos?- preguntó Matt tan confundido como yo.
-Pues, cuando fui a entregarle la carta a Elizabeth, pasé una noche aquí, y les dije que cuando emprendiera el viaje de vuelta tal vez volviera a quedarme. Supongo que lo recordaron y dejaron una nota.-dijo, ya más tranquilo.
-¡Pues qué inteligentes! Dejan una nota adentro de la casa pero cierran la puerta con llave.- Matt se dobló por la cintura carcajeándose, y nosotros nos unimos a sus risas.
Aquella noche cenamos muy bien, pues las despensas y las alacenas de la casita estaban repletas. Decidimos guardar algo de comida en cada bolso, para así poder llevar lo más que pudiéramos. Luego de cenar, cada uno tomó un baño; y cuando ya nos sentíamos limpios y satisfechos, cada quien se dirigió a la habitación que había escogido y se preparó para dormir.
Aquella cama, era tan diferente a la de la casa anterior como todo lo demás, era casi tan mullida como mi cama en casa de mi tía, se podía comparar con la que tenía en Londres. La noche fue placentera, y por primera vez desde que salimos dormí toda la noche sin despertarme un instante. Tal vez se debiera a la cama, o quizás a que estaba realmente muy cansada.
Me tapé con las suaves sábanas hasta la coronilla y me sumí en mis sueños, sueños que casi en su totalidad, eran sobre Thomas...
-Buenos días señorita. Hoy debemos salir muy temprano. ¡Vamos!- la hermosa voz de Thomas fue lo primero que oí esa mañana. Aunque ni siquiera eso me hizo levantarme, estaba tan cómoda...-Vamos Beth, por favor. No me hagas lanzarte un zapato.- dijo a modo de juego. Era la primera vez que me decía 'Beth'... En sus labios sonaba tan bonito...
Hize un esfuerzo por abrir los ojos y encontré los suyos a centímetros de los mios. La proximidad me aturdió, e hice un esfuerzo por seguir respirando y fingir que me estiraba y que nada había pasado. Abrí de nuevo los ojos y esta vez estaba junto a la ventana, se movió tan sigilosamente que ni siquiera lo noté.
-Buenos días.- dije reprimiendo un bostezo.
-Buenos días.- sonrió ampliamente, dejando entrever unos blancos dientes como perlas.-Iré a despertar a Matt.- guiñó un ojo y se marchó. Me había dado cuenta, en el poco tiempo que conocía a Thomas, de que le encantaba guiñar los ojos; y claro, a mi me encantaba que lo hiciera. Reí para mis adentros, y tomé la maleta de al lado de mi cama para sacar la ropa. Me vestí apresuradamente, y luego bajé a la cocina para desayunar mientras imaginaba a Thomas lanzándole otro zapato a Matt que debía seguir durmiéndo.
Un golpe sordo y un grito ahogado, confirmaron que Matt había recibido otro zapataso. No pude evitar reirme a carcajadas, pues segundos después apareció Thomas corriendo por las escaleras y Matt atrás de él, aún en pijama, y con un zapato en la mano.
-Vamos Matt, ambos sabemos que si no te lo tiraba no te ibas a despertar-dijo Thomas con risitas entre cada palabra.
-Quizás. ¡¡Pero al menos debiste intentarlo!! Pero noo..-dijo en tono sarcástico- sólo entraste a mi habitación y sin mediar palabra me lanzaste un zapato. Claro, lánzenle zapatos al pobre Matthew que no puede tener un poco de sueño y estar cansado.- pero poco después de decir esto, al parecer no aguantó la risa, pues las carcajadas que brotaron de sus labios debieron oirse al menos en veinte cuadras a la redonda.
Thomas lo miró confundido por el cambio drástico de humor, pero de repente, entre risa y risa, Matt agregó: "si lo haces de nuevo te estrangulo, pero debemos admitir que tu cara al salir corriendo era de lo más graciosa" Thomas se unió a las risas, y yo no tardé mucho en contagiarme de ese ambiente que rebosaba felicidad y simpatía.
-Iré arriba a vestirme y de inmediato nos ponemos en camino. Según mis cálculos podríamos llegar hoy mismo a la estación.
-¿Pero cómo? Ni siquiera hemos pasado por la que ha sido destruida. Y ambas estan hacia el sur, así que tendríamos que haberla visto ¿no?- pregunté contrariada.
-Pasamos la vieja estación en nuestro primer día de trayecto los tres juntos. ¿No lo recuerdas?- dijo Matt como si fuera algo ilógico haberlo pasado por alto. La verdad, no lo recordaba; pero luego me di cuenta de que nunca prestaba mucha atención al camino, pues una persona que siempre iba a mi lado robaba toda mi atención.
-Pues... Supongo que estaba algo distraida.-dije sonriendo.
-Me pregunto qué te habrá distraido.- dijo en tono socarrón y le lanzó una mirada significativa a Thomas. De inmediato me puse roja, y traté de hacer como si no hubiera oido el comentario de Matt.
-Me encanta.- dijo de pronto Thomas, con la vergüenza ya no recordaba que seguía allí.
-¿Ah?- dije sin entender.
-Cuando te sonrojas. Te da un aspecto totalmente adorable.- me miraba a los ojos, y la sinceridad volvía a brotar de la cascada de sentimientos en que se convertía su iris cada vez que me hablaba así. Por un segundo, volvieron a abrirse las ventanas a su corazón, y esta vez no se cerraron tan rápido.
-Oh, pues, gracias.- dije poniéndome aún más roja. Guiñó uno de sus hermosos ojos de nuevo, y de inmediato noté como se cerraban sus ventanas otra vez. Bueno, por lo menos íbamos mejorando.
En ese instante apareció Matt, ya vestido y con su maleta en mano, que luego colocó al lado de la mía "Hoy es tu turno" dijo dirigiéndose a Thomas como si tratara de explicar su comportamiento. Thomas tomó todas las maletas con un brazo, cosa que al principio no entendí, pues hubiera sido más fácil llevarlas con ambos. Ya me había resignado a que hoy no podría ir tomada de su brazo como de costumbre, pues con el peso de las maletas sólo lo incomodaría; pero justo antes de salir, comprendí por qué había puesto todo el equipaje en el brazo izquierdo, pues cuando vio que no tomaba el otro, se acercó a mi y me lo ofreció. Por supuesto, yo no me negué y de inmediato le tomé el brazo sonrojándome un poco por su hermoso gesto.
-Te repito, me encanta.- dijo bajito a mi oído para que sólo yo pudiera escucharlo, y a continuación me besó la frente.
¡Me estaba volviendo loca! Era demasiado hermoso, adorable... ¡era perfecto! y en todo el amplio sentido de la palabra. No pude más que mirarlo a los ojos con una sonrisa en los labios mientras Matt abría la puerta y nos invitaba a salir con un gesto de la mano. Emprendimos el camino pautado para aquel día, y yo no podía dejar de pensar en lo que había pasado justo antes de salir. ¿Habría sido una indirecta? Me era imposible adivinarlo. El asunto me atormentaba, pues yo necesitaba una respuesta y así jamás la obtendría. Traté de sacudirme el tema de la mente, y que mis pensamientos quedaran libres para (al menos esta vez) prestar atención al camino.
El día estaba bonito, no tanto como el anterior, pero no estaba del todo mal. Pronto me di cuenta de que quizás ya hacía mucho tiempo habíamos dejado atrás las afueras de Paris, pues al mirar a mi alrededor me di cuenta de que estábamos en algo más parecido a cómo tendría que lucir una ciudad medianamente urbana, aunque todavía se notaban aspectos de una comunidad rural y la guerra había arrebatado bastantes características que a mi parecer debieron de ser preciosas antaño. Las estaciones de trenes solían estar en sitios como este, dije recordando los dos trenes que había tenido que tomar para llegar a Paris. Caminamos largo rato, pasando cerca de casas totalmente destruidas y paisajes horribles de lo que la guerra había dejado, y esta vez Matt no nos adelantó, y ya que todos ibamos a la par, el típico silencio que había mientras caminábamos, había sido sustituido por conversaciones animadas que llenaban el ambiente de una atmósfera alegre.
De pronto, a lo lejos divisé las inconfundibles columnas de un humo gris claro que eran características de los trenes.
-¡Miren allá!- dije emocionada, y pronto todos se dieron cuenta de que por fin estábamos muy cerca. Caminamos cada vez más veloces, pues la alegría de llegar a nuestro destino nos impulsaba absurdamente rápido. Me di cuenta de que ya estábamos en la recta final, tan sólo tendríamos que tomar este tren -y quizás algunos otros más- y pronto estaríamos en Suiza y yo vería a mi padre...
Este pensamiento me impulsó a ir aún más rápido. Todavía no había anochecido, pero el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte.
Caminamos un rato más, y de repente ahí estaba: la estación con los hermosos trenes color escarlata y azul que se erigía frente a nosotros. Solté de inmediato el brazo de Thomas y corrí a comprar los tres boletos a la estación más próxima a Suiza; y fue entonces que me di cuenta de lo hermosa que estaba resultando esta nueva vida...

2 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ahhhhh Dios cual inderecta eso es mas que una pulla jajja Dios q lindo es ese chico!!!

nina dijo...

ahhh.!! como dicen aqui.!! eso no es una punta.. eso es el lapiz completo.!!!

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