domingo, 25 de julio de 2010

Cap. 29 Rescate y huida.

"Thomas te lo advierto: si llegan los rescatistas y nos envían a Francia no será más que tu culpa."
Matt nos saludaba todas las mañanas con aquel sinuoso comentario, y luego se marchaba de nuevo -siempre con aires ofendidos- e iba a conversar con aquel hombre al que había conocido en el tren. Yo, en parte estaba de acuerdo con él. Pero también sabía que una parte de la razón le pertenecía a Thomas por no querer dejar abandonados a esos inocentes sin saber siquiera que sería de ellos en un futuro cercano.
Casi una semana había pasado desde que llegáramos a la cueva. Hacía mucho tiempo que había perdido la noción del tiempo y ya no me interesaba saber qué día era ni tratar de contar minuciosamente las horas que pasaba encerrada. La comida, para mi gran sorpresa y alivio, duró mucho más de lo que me imaginaba, aunque eso no significaba que cada vez se le repartiera a cada uno una porción más escasa. A decir verdad, una semana es mucho tiempo; quizás hubiéramos estado ahí sólo unos cinco días tal vez cuatro, el problema era que el tiempo se me hacía larguísimo muy probablemente debido a la debilidad que me causaba tener que estar tan inactiva y con alimentos tan pobres. Ya ni siquiera llevaba la cuenta de las noches que pasaba en compañía de Thomas; que siempre pretendía no dormir y que luego, demasiado cansado para continuar -quizás también por la mala alimentación y demás- se rendía ante un sueño intranquilo. Por las noches lo oía susurrar, eran palabras inconexas, sin sentido alguno, a veces pronunciaba incluso frases completas con voz pastosa. Al oírlo era obvio que su subconciente no lo dejaría en paz ni siquiera dormido. "Salir de aquí, salir de aquí y llegar a Suiza" era una de las más comunes. Esa frase la repetía al menos tres veces cada noche -por la medida baja- y luego se daba la vuelta para seguir durmiendo.
Me daba cuenta de cuánto sufría. No podía descansar, tenía demasiados asuntos pendientes y su mente estába demasiado ocupada en echarse la culpa por haberme dejado acompañarlo para aligerar la pesada carga que insistía en llevar sin ninguna ayuda. Yo no podía soportar verlo así. Si yo estaba sufriendo, no era por culpa de Thomas ni a causa de que me hubiera dejado venir con él; sino por la simple razón de verlo a él sufrir, y saber que una parte de ese sufrimiento era culpa mía. Simplemente era insoportable.
La noche era oscura, y las estrellas ya no se esforzaban como antes en brillar ni en iluminarnos. Quizás fueran cosas mías, pero tenía la impresión de que ellas también lo daban por un caso perdido. Me había despertado después de tener una horrible pesadilla, y aunque ya ni siquiera recordaba de qué se trataba en conciso, ni a qué se debía, en mi menté el vívido recuerdo del aprisionante miedo que había sentido no se marchaba. Desperté sudando, y con el corazón desbocado traté de exprimirme los sesos en busca de el motivo de mi terror, pero no podía recordar nada más que una figura negra parada frente a mi en una calle vacía con muy poca iluminación, estábamos sólo los dos y un par de farolas que alumbraban el asfalto con su luz mortecina. Nunca iluminaron a la figura que me acompañaba. Todas las noches la misma pesadilla remitía en mi memoria, pero lo único de lo que podía acordarme con certeza era de aquel extraño hombre que me miraba detrás las sombras en medio de la pequeña calle adoquinada. Despertaba siempre en medio de la negrura con la misma sensación de asfixia presionándome el pecho e impidiéndome respirar.
Digo esto como si hubiéramos pasado miles de noches en aquel extraño sitio pero, ¡qué va! no podían ser mas que unas cuatro noches. Sí, mi noción del tiempo estaba bastante afectada.
Aún así, habiendo recordado esa parte escencial del sueño, no veía el motivo de haberme asustado tanto. Respiré profundo y traté de sosegarme; mi respiración pronto se acompasó y mi corazón pareció abandonar la idea de salir disparado de mi pecho. Miré alrededor: casi todos dormían. Sólo un par de personas seguían recostadas de las paredes y mirando en todas direcciónes con el recuerdo de la razón de que nos hayáramos ahí aún rondando sus cabezas y martillando cada uno de sus nervios.
Miré a Thomas que estaba a mi lado, dormido y susurrando como todas las noches.
-"Salir de aquí, salir de aquí y llegar a Suiza"- musitó con los labios apretados y el ceño fruncido. Seguía dormido, pero por su expresión se hubiera podido considerar la podibilidad de que sólo tuviera los ojos cerrados. Era obvio que no estaba descansando.
En duro suelo de piedra en el que dormíamos se hacía cada noche menos incómodo, aunque eso no evitaba que la pesadilla volviera y me atormentara de nuevo.
-Elizabeth, Elizabeth, yo... creo que...- me sorprendí, y rápidamente me di la vuelta. Hubiera jurado que estaba despierto. Dejó la frase inconclusa y después de exhalar un hondo suspiro entreabriendo sus perfectos labios, volvió a susurrar-: Elizabeth.
¡¿Qué habría estado pensando?! ¿Estaría acaso soñando conmigo? ¿Qué era lo que creía?
Lo miré con avidez, como si con esa mirada pudiera traspasar su mente y saber entonces por qué había dicho aquello. Era la primera vez que mensionaba en sueños mi nombre...
Una helada ráfaga de aire se coló en el agujero de dura roca, y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Me recliné de nuevo en el hombro de Thomas que hacía las veces de almohada y traté de conciliar el sueño antes de que la incertidumbre lograra volverme loca. Por suerte el cansancio venció, y pronto me dormí de nuevo todavía con miles de preguntas rondando mi cabeza.

-Thomas lo repetiré por última vez: si llegan a rescatarnos y nos obligan a volver a Francia, tu serás el responsable.
La voz grave de Matt me despertó. Debía haber dormido mucho, por primera vez desde que hubiera llegado allí, pues la luz era cegadora y los pájaros cantaban su dulce melidía mientras volaban de flor en flor. Nunca me había fijado en aquel paisaje tan bonito.
-Buenos días Matt. ¿Cómo te encuentras hoy?- pregunté.
-Muy bien, gracias- dijo con voz cansina; y una vez más, se alejó a zancadas.
Thomas ya no se molestaba en contestar a sus advertencias, sólo lo miraba con gesto grave y luego negaba despacio con la cabeza.
-Buenos días-dije esta vez dirigiéndome a la persona con la que había comenzado aquel viaje y con quien pretendía terminarlo-. ¿Has dormido bien?
Yo sabía la respuesta, era imposible que hubiera dormido agusto; pero por cortesía no estaba de más preguntar.
-¡Buenos días! Muy bien- la misma mentira de todas las mañanas-. ¿Qué tal tu noche?
-No estuvo mal...- aquello no era del todo una falsedad. Sólo una parte de la noche había sido tan agónica como las anteriores.
Me sonrió, aún cuando estuviera despeinado y lleno de tierra y suciedad de la cabeza a los pies, la sonrisa era encantadora. Me pregunté por primera vez qué ofrecería mi aspecto. Debía parecer una maníaca y seguramente mi cabello estaría terriblemente enrredado y enmarañado haciéndome lucir zarrapastrosa. No me importó.
Thomas se levantó, y después de dar su internacional saludo de todas las mañanas a nuestros "compañeros de campamento" -solía llamarlos así de manera irónica, ya que si se evaluaba nuestra situación desde otra perspectiva, no parecíamos más que un gigantesco grupo que hubiera salido a acampar- añadió las palabras que yo temía escuchar:
-Ya casi no queda comida. Quizás sólo para hoy, yo opino que sería buena idea saltarnos el desayuno y dejar lo que queda en caso de emergencia. Claro, los niños si podrán comer ahora mismo- la típica repetición de la misma frase en diversos idiomas ya estaba exasperándome. El terror era evidente en todas las voces, pero yo no me preocupé demasiado. Tarde o temprano eso tendría que pasar y en el peor de los casoa tendríamos que cazar aves como todos unos cavernícolas.
Arianne, Aiden y una pequeña niña de aspecto dulce que creía recordar que se llamaba Viktoria (era alemana, hija del hombre con el que Thomas habló en el tren) eran, gracias al cielo, los únicos infantes que nos acompañaban.
Con un poco de suerte saldríamos de ésta terrible situación muy pronto, y entonces ellos podían contar la casi divertida anécdota a sus amigos y familiares. Bueno, estaba más que claro que para ellos no tenía ni pizca de gracia, pero cuando fueran mayores lo verían diferenta y se reirían del asunto. ¿Llegarían acaso a convertirse en adultos? Sacudí rápidamente ese terrible pensamiento de mi mente. La fe era lo último que debíamos perder.
Los tres niños parecían adorar a Thomas, él, muy pacientemente, a veces se tomaba el tiempo de jugar con ellos mientras sus exaustos padres tomaban una siesta.
Los tres se acercaron, y Thomas depositó en las pequeñas manitas de Arianne y Viktoria unas galletas que eran casi lo único que quedaba. Dio a la madre de Aiden, que aún era muy pequeño para alimentarse por su cuenta, su desayuno de aquella mañana.
Para mi gran verguenza, mi estómago gruñó pero luego me di cuenta de que no era la única con un hambre atroz. Varios se quejaban en voz alta y de los abdómenes de otras personas también salieron sonoros rugidos.
Caminé con Thomas a nuestro rincón, cerca de la entrada, y nos sentamos ambos en silencio. No había mucho para decir...
El avión volvió, era de esperar. Y dejó caer otra de sus terribles armas a una distancia esta vez un poco más corta de nosotros, y tuvimos la desgracia de observar como gran parte de la montaña se derrumbaba ocultando al tren entre escombros. De eso hacía algunos días... No sabía cuántos.
Observé el paisaje, por primera vez con real atención, y confirmé que podía llegar a ser bonito.
El gris y el verde eran colores dominantes, y el cielo hacía un hermoso contraste aportando su azul, claro y encantador. Como los ojos de alguien a quien creía estar conociendo cada vez mejor...
Coloridas flores también se distinguían entre la maleza de espeso verde, y de cuando en cuando los pajaritos se posaban en las ramitas de los árboles más altos para llenar los comunes silencios que se sentían a diario en nuestro refugio con sus cándidos cantos y sus voces de sopranos.
Observé de nuevo el montón de piedras y pedazos de metal en los que se había convertido el gigantesco tren, y una oleada de desazón me inundó todos los poros.
Opté por no seguir observando aquel paisaje, y traté de sonsacar la razón de que Thomas susurrara la noche anterior mi nombre. Eso que había salido a la superficie entre los turbios mares de su subconciente aún me intrigaba...
-Ehh... Thomas -no sabía cómo comenzar.
Me miró inquisitivo, y sus ojos volvieron a brillas, impidiendome respirar con fluidez y normalidad.
-¿Sí?
-¿Te habían dicho que hablas dormido?- traté de inyectarle a mi voz un tono burlo¿ón para dicimular la avidez de información. Reí bajito y lo miré, esperando.
Abrió los ojos demensurádamente, y su perfecta boca formó una 'O', simuló bajar la vista y parecer avergonzado cuando, teatralmente, respondió:
-Creo que lo había oído antes. Matt solía molestarme con eso cuando estábamos en el ejército. Dormíamos en la misma tienda con otros compañeros- explicó, riendo dulcemente. Me giñó un ojo, y volvió a reir. Se lo estaba tomando a broma, no parecía avergonzado y tampoco había notado ni una nota de preocupación en su voz.
Me uní a sus risas.
-Pues la verdad es que hablas mucho- dije haciéndo énfasis en la última palabra y tratando de parecer relajada mientras decía-: ayer hablaste bastante, creo que incluso mencionaste mi nombre...
Lo miré jovialmente, pero no me reí, Quería darle a entender sutilmente el verdadero significado de mi comentario. Esta vez pareció sorprendido, y la enorme sonrisa se borró de su rostro.
-¿Ah... sí? Quizás hubiera estado soñando algo que tuviera que ver contigo- se encogió de hombros, como si no le importara. Aunque en lo que dijo a continuación noté un tono de real preocupación. ¿O sería precaución?-. ¿Qué dije, exactamente?
-Ehh... no lo recuerdo bien. Era algo como: Elizabeth, creo que... y entonces dejaste de hablar- le sonreí, para que supiera que no me importaba, y él me devolvió una mal fingida sonrisa-. ¿Crees que saldremos pronto de aquí?
No había conseguido lo que quería: saber por qué había pronunciado mi nombre mientras dormía. Pero no quize forzar más la situación. Él se estaba poniendo un poco nervioso, y me pareció mejor resolverlo en otro momento. Se animó ipso facto.
-Espero que pronto- su sonrisa era deslumbrante, igual que siempre-. Creo que me está aburriendo la vida de ermitaño.
Rió, y yo lo hice con él. Sus ojos volaron fugazmente de los míos al rostro de Matt, que parecía absorto en una conversación con su nuevo amigo.
-Lo extrañas- no era una pregunta.
-Un poco- su tono estaba cargado de nostalgia-. Sé que tiene razón, pero no me perdonaría si abandonáramos a esta gente y luego descubriera que nunca los rescataron.
-Pues, podrías hablar con él- le sonreí para alentarlo-. Vamos, te acompaño.
Se levantó, vacilante. Yo también me levanté y entonces le tomé la mano y caminamos con paso firme hacia donde Matt se encontraba. La cueva era gigante, toda gris y cubierta de musgo; habíamos tenido la suerte de no encontrarnos con muchos bichos o serpientes en nuesta temporada de 'acampada'.
-Matthew-dijo asintiendo con la cabeza al tiempo que pronunciaba su nombre a modo de saludo.
-Thomas-respondió el aludido secamente.
-¡Hola!- agregué yo, para animar la situación. El misterio de el sueño anterior de Thomas me había levantado un poco el ánimo.
No recibí respuesta. Entonces, ya harta de su tonta pelea, los miré a ambos con gesto severo. Ignorando completamente al amigo de Matt, comencé:
-Miren, parecen un par de niños pequeños y...
Pero mi voz sonó ahogada por un estridente grito en un extralo idioma que no logré comprender. Thomas se giró bruscamente, y llevándome con él se dirigió hacia un hombre anciano pero esbelto, con unos ojos tan grises como la caverna en la que estábamos. Él sí había comprendido sus gritos.
Musitó algo en el mismo extraño idioma, y el hombre asintió. Entonces me di cuenta de que estábamos casi al borde de la cueva y que el hombre señalaba a un monton de personas que avanzaban rápidamente hacia nosotros.
-¡¡Han venido a rescatarnos!!- gritó Thomas. Lo repitió de nuevo, una y otra vez para que todos comprendieran y pronto la algarabía tomó poseción de la situación-. Deben mantenerce en calma, no queremos heridos a estas alturas-volvió a repetirlo lo que me parecieron millones de veces.
Yo estaba en shock, si habían venido eso significaba que tendríamos que acompañarlos. No teníamos un plan.
Thomas hablaba muy rápido con un hombre, creí reconocer el golpeado acento alemán.
Giré la cabeza, Matt estaba lívido y nos miraba con aprensión. Thomas hablaba con aquel hombre y yo no pude contener las ansias de preguntar:
-¿Qué pasa? ¿Qué haremos?- Thomas me miró, y sonrió.
-Él bajará para avisarles que estamos aquí. Nosotros nos vamos- dijo dirigiéndose más a Matthew que a mi. Este estaba atónito, totalmente estupefacto y miraba a Thomas como si no lo hubiera visto nunca-. ¿Vienes o no?- le dijo mirándolo con una sonrisa en el rostro.
En ese momento, las personas de abajo corrían apresuradamenta hasta las ruinas en las que se había convertido lo que dirante varios días sólo veíamos como un manchón escarlata y azul. Los rescatistas gritaban a voz en cuello, tratando de llamar a los posibles sobrevivientes.
El hombre con el que Thomas había hablado salió de la cueva, y cuidadosamente escaló hasta abajo y se dirigió a los hombres que parecían no entenderlo, pero cuando éste señaló en nuestra dirección parecieron entender, y entonces corrieron hacia nuestra madriguera.
No lo podía creer. Todo había pasado tan rápido... Thomas llamó a Matthew de nuevo, y esta vez avanzó corriendo hacia nosotros entre las otras personas que se habían puesto en pie. Algunas llorando de felicidad y otras simplemente tan estupefactas como yo. Matt se ubicó a nuestro lado en lo que me pareció una eternidad.
-Thomas...-susurré, pero mi voz sonaba ronca y el sonido que emití fue tan sólo un murmullo. Él no me oyó.
-Bajaremos por el otro lado apenas empiecen a subir- nos dijo a Matthew y a mi. Su expresión era inescrutable, estaba serio, pero podía notar que su voz era entuciasmada.
-¿A dónde iremos?- yo seguía sin creerme lo que estaba sucediendo ante mis ojos.
-A Suiza- me miró sonriente. Ahora, sólo tenía ojos para mi.

8 motivos para escribir(::

bamby dijo...

Waw! me parece genial tu historia. Cuando termines podrías ponerlo todo junto y publicarlo para meterlo en e-book, me encantaría leerlo seguido.

Mary(: dijo...

Jajaja muchas gracias(: un besoo y espero que sigas la historia hasta el final :D

Hiram dijo...

Lindoo,, deberias hacer lo que dice Bamby :)Jajjaa!!

Hiram dijo...

mira thomas hale queda bien pero lo de nosequebroma de agua

Hiram dijo...

tambien queda bien lo de nosequebroma de agua

Ariusk dijo...

Ahhhh por fin los rescataron me pregunto xq Thomas se puso tan nervioso no creo q sea tan timido jeje!!

Nena hasta aqui me dejo el tren te lei todos los capis yte deje comen!! me gusta mucho tu forma de escribir!!! en cuanto a el apellido no lo se en verdada me acostumbre mucho al Thomas solamente!! en fin espero pronto publiques y no dudes en avisarme en cuanto lo hagas saludos nena!! Cuidateme mucho!!!

NONI TRU dijo...

WOW!! TIENES TALENTO!! JAMAS HABIA LEIDO ALGO PARECIDO!! Y LA FORMA EN QUE LO DESCRIBES, WOW ME SENTI DENTRO DE LA HISTORIA!!

PERDON POR NO HABER PASADO ANTES ES QUE CUANDO VOLVI DEL DF Y REVISE EL CHA ESTABA MUY CANSADA Y SE ME OLVIDO LEER!!

BIEN SIGUE ASI!!

Bren dijo...

aaahhhh!!! por fin!! los rescataron de ese tormento!!
no aguanto mas por leer cuando sera el primer beso de Thomas&Elizabeth
me encanta la pareja que hacen!!!

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