viernes, 30 de julio de 2010

Cap. 31 ¿Celos?

Caminamos largo tiempo, en mi opinión demasiado tiempo. Mis piernas se habían adecuado al movimiento unos veinte minutos después de empezar a caminar, pero eso no significaba que no pudieran volver a sentirse cansadas.
Todos los músculos me molestaban, pero traté de no dejar que eso se notara en mi expresión, pues Thomas estaba realmente emocionado con la idea de llegar a Suiza relativamente pronto. Yo tomaba su brazo con fuerza y él me miraba de cuando en cuando con una de sus hermosas sonrisas pintadas en el rostro para infundirme valor. Matt caminaba a nuestro lado, siempre bromeando para hacer el camino más ameno. El sol se ponía en el horizonte, y nosotros nos hallábamos aún entre aquellas montañas que parecían un par de vigías guiándonos en el camino.
Seguimos los rieles del tren, pues en ese camino fue que Thomas vio el pueblo; según él, no faltaba mucho.
La tenue luz del crepúsculo iluminaba mi piel marfileña dándole un tono rojizo mientras seguíamos avanzando por el intrincado sendero que nos conduciría -con suerte- a una casa donde nos acogerían aquella noche para que pudiéramos asearnos y dormir 'cómodamente' en un sitio decente.
-¿Cuánto falta?- pregunté una vez más, Thomas bajó sus ojos y los posó su mirada en la mía.
-Sólo un poco más- respondió sonriendo. Debo decir que su entusiasmo era contagioso, y no tardé mucho en volver a recolectar energías para poder seguir caminando el trecho que nos faltaba.
A esa altura, Matthew había dejado de hablar y una nueva pesadez era la que ahora nos acompañaba en nuestro camino a lo desconocido. El silencio me aprisionaba los oídos y cuando estaba a punto de explotar por la desesperación, Thomas susurró:
-Ya falta muy poco. Si mal no recuerdo al torcer en aquella esquina podremos ver las primeras casas.
Lo miré. Estaba radiante de contento, sonreí ante tan hermosa imagen.
Seguimos caminando y caminando, cada vez más expectantes y alertas ante cualquier indicio de civilización. Al parecer la memoria de Thomas no fallaba; el camino daba un brusco viraje hacia el este, y cuando tomamos la curva con paso pausado pero decidido pudimos atisbar las primeras señales de hogares con chimeneas encendidas.
-¡¡Ahí está!!- gritamos Matt y yo al mismo tiempo. Nos miramos y reímos también a la vez, lo que causó otra carcajada, esta vez con Thomas incluido.
La visión de las pequeñas casitas sirvió como incentivo para hacernos caminar a paso veloz entre las rocas que se juntaban en el medio del camino, ahora iluminado por una luz blanca; pues el sol ya se había ocultado y la noche lo había relevado en un abrir y cerrar de ojos. La luna, en cuarto creciente, iluminaba con intensidad el cielo, un cielo totalmente negro como de terciopelo sin una sola estrella visible en la penumbra.
La casa que teníamos más cerca estaba totalmente apagada, no habían luces dentro ni tampoco se podía ver el humo saliendo de la chimenea; debía estar deshabitada. Caminamos un poco más, hacia una casita pequeña donde el humo si brotaba a borbotones por el pequeño agujero que era la chimenea. Las ventanas estaban cegadas con tablas, lo cual ya era parra mi algo totalmente normal.
Juntos subimos las escaleras que daban al porche, y una vez ahí nos miramos las caras esperando a que alguno hiciera algo. Al ver que nadie se decidía a moverse, Thomas levantó un puño y tocó tres veces la puerta.
Nada pasó, pero Thomas volvió a tocar y esta vez pudimos oír cómo se movía alguien adentro.
-¿Quién es?- era una voz de mujer. Sonaba asustada, como si hubiera estado esperando nuestra visita aunque no quisiera que llegara.
-Eh... Pues... - todos nos miramos las caras. ¿Quiénes éramos? la verdad, no lo sabía.
-Disculpe, buscamos refugio. Una bomba impactó muy cerca del tren en el que estábamos y necesitamos un lugar donde dormir...- Matt intervino con voz monótona. Eso no era del todo mentira... De acuerdo, quizás no habíamos mencionado que a los demás los habían salvado y que nos habíamos escapado pero técnicamente eso no era una mentira, sólo había sido no decir toda la verdad.
-¡Oh santo cielo!- se oyeron pasos del otro lado, y luego el tintineo de unas llaves.
La puerta se abrió y dejó ver a una mujer baja de edad mediana, quizás la misma que tenía mi madre. Tenía los ojos oscuros, casi negros y una cabellera castaña que le llegaba hasta los hombros
-Pasen pasen, y disculpen que no haya abierto antes. La verdad estoy un poco nerviosa, no he tenido noticias de mi esposo en meses... Está en el ejército y temía que pudieran venir a informarme que...- se le quebró la voz. Yo sabía qué era lo que temía que le informasen; era lo mismo que yo había temido cuando vi a Thomas plantado ante mi puerta vestido de soldado. Ella temía que su esposo hubiera muerto.
Ella no volvió a mencionar palabra, pero con un gesto de la mano nos indicó que pasáramos a su casa.
Los tres entramos, yo me sentía bastante cohibida aunque estaba contenta de por fin poder tomar aliento, de poder respirar tranquila. Al menos hasta que volviéramos a partir...
-Mi nombre es Camille, Camille Arsène- dijo la mujer, ya un poco más calmada.
-Yo soy Elizabeth Donovan- señalé a Matt -, él es Matthew Cromwell y él es Thomas Masen- dije por último señalando a Thomas.
-Pues es un gusto conocerlos- la mujer hablaba en francés, y me dio gusto poder presentarnos sin dudar si lo había hecho bien; quizás las infinitas repeticiones de Thomas me hubieran ayudado a mejorar un poco en ese aspecto- Supongo que tendrán hambre, y se ven un poco cansados. Arriba hay una habitación vacía; los caballeros pueden dormir allí y Elizabeth puede dormir con mi hija Amelie.
-Muchas gracias- dijo Thomas con su encantador acento francés-. Si no es mucha molestia también nos gustaría asearnos un poco, hemos estado varios días prácticamente durmiendo en el suelo- eso tampoco era del todo una falsedad.
-Oh, pero por supuesto- dudó un poco antes de continuar-. Eh... ¿son ustedes los únicos sobrevivientes? Yo oí la bomba, pero imaginé que había caído demasiado lejos como para afectarnos... ¿Cuánta gente había en el tren?
-Por fortuna no mucha, los demás están bien; pero prefirieron esperar a que los rescataran y nosotros ya no teníamos más tiempo para perder. Verá, tenemos que llegar a Suiza lo más pronto posible- me impresionó la fluidez con la que Thomas había cambiado los aspectos esenciales de la historia para que Camille no se diera cuenta de que prácticamente nos habíamos fugado.
-¿A Suiza? ¿En estas circunstancias? No me parece muy buena idea; hay muchos soldados en todas partes y la gente está muriendo a montones. Podrían quedarse aquí y esperar a que todo pasara, yo no tengo problema. Después de todo ¿por qué querrían ir a Suiza?
Fue Thomas el que contestó de nuevo:
-Pues, nosotros también somos soldados- dijo refiriéndose a Matt y a él mismo-. El padre de Elizabeth estaba en nuestro pelotón, y fue herido gravemente; logré llevarlo a Suiza y ahí lo atienden en un hospital. Necesitamos ir a verlo, sé parece una locura; pero es de suma importancia...- había vuelto a eludir la parte en la que Matt desertaba y la que se refería a que él debería estar muerto. Todo estaba saliendo genial.
-Oh... Yo... En ese caso... Pues, aquí pueden quedarse el tiempo que quieran. A Amelie y a mi no nos molestaría un poco de compañía.
-Gracias por su hospitalidad- contestó Thomas.
Matt no había hablado desde que llegó, quizás su francés fuera aún peor que el mio pues, aunque hubiera vivido en Francia yo tenía entendido que no salía demasiado de su casa.
-Bueno, arriba está el baño. Sería bueno que tomaran una ducha antes de comer. Tú puedes ir primero querida- me dedicó una media sonrisa-. ¿Tienes ropa? Podría prestarte algo de mi hija... En estos momentos creo que está en su habitación.
-Oh, no se preocupe. Pudimos conservar nuestro equipaje- le respondí realmente agradecida por su calidez. No nos conocía y nos estaba tratando como si fuéramos viejos amigos. Me di cuenta de cómo debió sentirse Thomas cuando llegó a casa de mi tía.
La casa era muy bonita, pintada en tonos claros que la hacían parecer mucho más grande de lo que seguro era. Los muebles de madera decoraban el lugar dándole un aspecto delicado a la habitación, y en los estantes habían muchas fotos en las cuales se veía a la familia completa. El esposo de Camille (o yo suponía que era ese) estaba casi en todas las fotografías; tenía el pelo más oscuro que el de su esposa, y sus ojos eran de un bonito color miel. Su hija también se veía muy guapa, tenía los ojos de su padre y el cabello más claro aún que el de su madre.
Subí con Camille por unas pequeñas escaleras que me llevaron al vestíbulo del piso de arriba, me indicó dónde estaba el baño y yo acudí gustosa a darme por fin el tan deseado baño.
El cuarto de baño era pequeño, las paredes estaban cubiertas de azulejos azules y blancos; el típico baño.
No me atreví a mirarme al espejo, sabía que mi aspecto debía ser deplorable; así que de una vez me metí a la ducha y aproveché cada cristalina gota de agua. Dejé para lo último lavarme el cabello, pero cuando no pude retrasarlo más me di cuenta de la terrible catástrofe en que se habían convertido mis dorados bucles.
Cuando por fin terminé me sentí como alguien nuevo, no, no alguien nuevo; más bien me sentí como si fuera yo misma otra vez.
Salí de la ducha y tomé de la maleta (que había llevado conmigo) lo primero que encontré. Me permití mirar mi reflejo en el espejo, y por suerte no encontré nada muy diferente a excepción de que quizás mi rostro se veía un poco flacucho por la falta de buena alimentación.
Con todo el gusto del mundo, saqué el peine de mi bolso de mano y me dediqué a desenredarme el cabello. Para mi sorpresa, no tardé demasiado.
Salí contenta y bajé con cuidado las escaleras. Cuando llegué a la planta baja vi que había una muchacha como de mi edad, quizás un poco menor, sentada en el sillón hablando animadamente con Thomas.
Una sensación extraña que no recordaba haber sentido invadió cada partícula de mi cuerpo. ¿Qué hacía ella hablando con Thomas? Nunca me había considerado una persona celosa, aunque quizás fuera porque no había tenido nunca a nadie que celar si exceptuábamos, quizás, a mi propio papá.
Me detuve en seco, traté de respirar profundo y me acerqué hacia donde conversaban animadamente Thomas y la que yo supuse que debía ser Amelie. Hasta que no estuve a unos pocos pasos de ellos, no me di cuenta de que Matt también participaba en la conversación.
Hablaban en inglés, lo cual me extrañó un poco pues Camille sólo había usado el francés aunque seguramente se dio cuenta por nuestros nombres de que eramos ingleses.
Era mucho mas bonita de lo que aparentaba ser en las fotos, el cabello era liso y los ojos brillantes, tenía rasgos muy finos; era un rostro realmente bonito...
Yo también era bonita ¿no era así? Siempre me había considerado una persona bonita, hasta hermosa; no era por ser egocéntrica, es más, nunca lo había sido pero al ver a Thomas allí sentado hablando con esa tal Amelie sentí la extraña necesidad de recordármelo.
Me detuve un momento para pensar. Yo no la conocía, no podía jusgar así a las personas eso no era algo educado. Volví a tomar aire y carraspeé para que notaran mi presencia.
-¡Hola!- saludó la muchacha animadamente- mi nombre es Amelie. Tu debes ser Elizabeth ¿no es así?
Se veía muy amable, y al parecer Thomas también lo creía pues estaba sonriendo de oreja a oreja.
-Eh.. Sí, soy Elizabeth- sonreí, aunque estuve casi segura de que lo único que mi rostro reflejó fue una mueca de desdén.
En ese momento apareció Camille en la habitación con una bandeja repleta de aperitivos.
-Oh querida ya has terminado, pues ahora es el turno de los caballeros. La ducha está arriba, primera puerta a la derecha. ¿Quién va primero?
Matt no la escuchaba, tenía los ojos clavados en la bandeja que llevaba en brazos, por lo que Thomas fue el primero en levantarse y dirigirse a la ducha.
Yo me senté en el lugar que él había ocupado unos minutos antes, al lado de Amelie. Al principio el silencio fue terrible, pues yo no estaba dispuesta a hablar con aquella niña que por alguna extraña razón producía en mi una horrible sensación de inseguridad que yo nunca había sentido y Matt estaba muy ocupado comiendo como para conversar con alguien.
Ni siquiera me importó toda el hambre que tenía, no quería moverme.
Ella comenzó una perorata sobre cosas insustanciales a las que yo no presté atención. Me sentí maleducada, y eso tampoco me agradó. Ella era muy amable, lo cual me hacía sentir aún más aversión hacia su persona.
¿Por qué me estaba comportando así? Debía ser más amable, ella me estaba permitiendo dormir en su casa, y su madre había sido adorable con nosotros. Traté de empezar de nuevo, y después de tomar un pastelito de la bandeja me involucré un poco más en los comentarios que hacía intentando que supiera que yo no era desagradable ni nada por el estilo.
Unos minutos después, -unos incómodos minutos después, unos minutos que se me hicieron eternos- Thomas bajó.
No recordaba lo guapo que era. Su piel ya no estaba llega de tierra y su cabello volvía a relucir con la negrura de una noche si estrellas como la que acabábamos de presenciar afuera.
Matt se levantó y Thomas tomó su lugar.
-¿Ya se conocieron?- preguntó sonriendo dirigiéndose a mi. Yo sabía a quien se refería.
-Sí- traté de sonreír, pero de nuevo, no me salió muy bien.
Ella sonrió a su vez y luego miró a Thomas, quizás pensado (como yo) en lo guapo que se veía.
-Le estaba contando a Elizabeth lo mucho que me agrada tener de nuevo más compañía que mi madre.
Ah ¿era eso lo que decía? No recordaba haber oído una sola palabra sobre el tema... Quizás fui mucho más grosera de lo que pensé.
-Oh, pues es agradable conocer a nuevas personas- dijo Thomas, y una hermosa sonrisa le recorrió el rostro.
Sonreí, pero esta vez no fue por el comentario, sino por la alegría que siempre me invadía al ver sonreír a Thomas. Esta sonrisa me salió perfecta, pues era una sonrisa totalmente sincera.
Thomas también tomó comida de la bandeja, debía estar tan hambriento como yo.
Cuando Matt volvió de la ducha también parecía alguien totalmente distinto, aunque la diferencia no era tan notoria como lo fue en Thomas; tal vez por la tosquedad de sus facciones.
Camille volvió a la habitación y se sentó a conversar con nosotros; o más bien con Thomas, Matt y Amelie pues yo estaba distante y no sabía qué decir ni cómo comportarme, lo cual era algo totalmente anormal en mi.
Creo que Thomas también lo notó, pues de vez en cuando lo veía lanzarme miradas de extrañeza; aunque luego volvía a conversar tan animadamente como los demás.
-Oh, claro. Espero que podamos ser buenas amigas.
Amelie se había dirigido a mi. ¿De qué estaban hablando? No había escuchado una sola palabra.
Traté de disimular y sonriendo lo más convincentemente que pude le respondí:
-Claro, amigas...

Thomas Masen(:

Hola!! Estuve a punto de decidirme por Cromwell, pero me pareció que Masen le iba muy bien :D ¿les gusta? Espero que sí =) Díganme lo que opinan sobre el nombre y sobre el nuevo capítulo sisisisi? jaja aww espero tener varios comentarios en el cap que acabo de publicar. Bueno, eso está en sus manos ¿o no?
Un besote y muchas gracias por leer mi historia. Me he dado cuenta de que cuando te vas acostumbrando a escribir, lo haces cada vez mejor. Los primeros capítulos son muy cortos, así que estuve pensando en arreglarlos un poco ¿qué les parece?
Gracias de nuevo a pk (: jaja siempre esta ahí comentando y aun cuando casi la mando al psiquiatra :O jaja! Y gracias a Ariusk que me dejó un comentario en cada uno de los capítulos, dándome su valiosísima opinión :D ! GRACIAS por su apoyo.
Oh, se que no tiene nada que ver con la historia, pero quería comentarles que de verdad deberían oír iYiYi de Cody Simpson *-* es bella! jaja creo que me enamoré de él :$ xD
De nuevo gracias a todas! Y sorry por la tardanza, no había tenido tiempo de escribir y ayer estuve un poco enferma, pero ya estoy bien :D

Un beso(:
La autora

Cap. 30 "Todo es cuestión de confianza"

-Thomas, esto es una locura. ¿Cómo lograremos pasar sin que nos vean? Yo creo que deberíamos...- no pude terminar la frase, pues él había puesto su dedo índice sobre mis labios, logrando que mi corazón se desbocara y mis pensamientos se desordenaran. El pánico que me invadía segundos atrás se disipó de inmediato y lo único que pude hacer fue poner cara de pocos amigos para que él no notara el efecto que tenía su roce sobre mi entereza y mi cordura.
Se acercó mucho a mi, tanto que podía sentir su respiración en la piel de mis mejillas -ahora sonrojada- y, sin poder escapar de la intensidad de su mirada, hasta la bien formada máscara de amargura que me había formado hacía unos momentos me pareció algo ridículo.
Fijó sus eternos ojos en los míos, y muy bajito musitó:
-Nada va a pasar. Confía en mi, por favor. ¿O es que acaso crees que los hubiera retenido aquí si no tuviera un plan de escape?- una hermosa sonrisa le iluminó el semblante y con el dorso de la mano acarició mi mejilla- Vamos Beth, un poco de confianza.
La espesa niebla de su cercanía nublaba mis pensamientos, y no me dejaba concentrarme para poner en orden mis ideas y exponer mi argumento. Me alejé un paso y miré alrededor: todos los rostros que ya eran tan conocidos para mi estaban allí, sin prestarnos atención y mirando fijamente a la entrada de la cueva, esperando que los ayudaran a bajar; sólo un anciano permanecía sentado, pues nuestra estadía en aquel lugar lo había debilitado significativamente.
Matthew estaba a mi lado, y miraba el entorno con los ojos como platos, aún en estado de shock.
Mi mente se despejó cuando me encontré ya mas lejos de Thomas, y entonces comenzó a pensar a toda máquina. Thomas tenía un plan ¿sería realmente efectivo? Debía serlo, llevaba días planeando lo que estaba por suceder si lo que me dijo era cierto... Cerré con fuerza los ojos, tomé una bocanada de aire y me planté de nuevo al lado de el único ser que lograba producir tal efecto en mi persona con tan sólo mirarme de la manera tan... no había manera para describir su mirada. Ni el más romántico de los poetas hubiera podido poner en palabras lo que yo sentía cuando me miraba, o cuando su aliento me rozaba la piel, cuando lo sentía a mi lado tomando mi mano, cuando su melodiosa voz inundaba mis oídos con la dulce armonía del coro de mil pajarillos... Cuando mi corazón latía desesperado por alcanzar a la parte que por tanto tiempo le había faltado, sabiendo que estaba tan cerca y al mismo tiempo tan lejos...
En fin, volví a sacudir esos pensamientos de mi cabeza, ya que hubiera podido pasar horas pensando en lo que me sentía cuando Thomas estaba cerca. Lo miré a los ojos y con la voz más segura que pude improvisar le dije:
-Bueno, si tienes un plan...- la firmeza que le había impreso a mi voz se quebró cuando las voces de los rescatistas se oyeron más cercanas, los nervios se adueñaron de mi logrando de nuevo que mi mente se desordenara, con la simple diferencia de que la vez anterior había sido algo dulce, tierno; y esta vez era sólo pánico lo que impulsaba mi corazón a latir cada vez más rápido- Thomas, están cerca. ¿Qué hacemos?- lo que había estado a punto de decir al principio se me olvidó por completo, sólo pude preguntar aquello antes de entrar en completo estado de pánico. Mi voz era un susurro, pero la de él sonó completamente segura cuando con tono calmado habló bajo para que sólo Matt y yo pudiéramos oírle.
-De acuerdo, llegó el momento. Debemos ir hasta el final de la cueva y pegarnos mucho a la pared, desde la entrada no se verá nada y estoy casi seguro de que ellos no entraran, la gente caminará para salir y ellos los ayudarán a bajar por la pendiente.
-¿Ese es tu brillante plan? Por el amor del cielo Thomas, eso no funcionará. Sería mejor idea bajar con los demás y correr cuando no estén mirando ¿no te parece?- me impresionó y a la vez me alegró, oír de nuevo la voz de Matt sin ningún dejo de amargura y con su típico tono sarcástico impregnando cada palabra, no pude evitar sonreír, aunque la sonrisa desapareció instantáneamente cuando una voz de hombre sonó desde muy cerca "Vamos muchachos, casi llegamos". Ya casi estaban arriba...
Aunque Matt tenía razón en cuanto a que lo que estábamos a punto de hacer muy posiblemente no funcionaría, me parecía más factible esperar escondidos que echar a correr. Tenía muchísima hambre y me sentía muy débil para salir corriendo hacia yo no sé donde.
-Matt, hace cuanto tiempo que no usas las piernas como es debido. ¿Te crees capaz de correr tal distancia?- Thomas no esperó a que le respondieran, y sonriendo burlonamente, agregó:- No lo creo. Vamos, debemos darnos prisa.
Matt trató de protestar, pero Thomas lo tomó de un brazo y lo arrastró hasta el final de la cueva donde había un pequeño desnivel en la pared que podría ocultarnos si nos pegábamos bastante a la parte más hundida.
-Hemos venido a llevarlos a casa. Bajen con cuidado y por favor no se desesperen ni traten de salir corriendo- la misma voz de hombre que había escuchado unos minutos antes ahora se oía desde adentro de la cueva. Ya están aquí, pensé desesperada mientras me pegaba aún más a la fría roca de la pared.
Algunos se quedaron plantados, pues no todos hablaban francés y el hombre había utilizado ese idioma al dar sus instrucciones. Los que comprendieron salieron con cuidado, ayudados por más personas que habían llegado y los que no lo hicieron al principio pronto entendieron, por el comportamiento de los demás, que debían salir de la cueva. Seguramente era algo que habían estado deseando desde hacía mucho tiempo, tanto como yo.
El plan de Thomas funcionaba a la perfección; los hombres no se adentraron en la cueva, y sólo ayudaban a los demás a bajar con cuidado. Poco a poco el lugar se fue vaciando, pero el hombre mayor al que había visto sentado mientras todos los demás se levantaron para no perderse ningún detalle, no se había movido un palmo.
-Eh, creo que ese hombre no puede levantarse- una voz nueva, también masculina, aunque más juvenil que la anterior resonó en la cueva (ahora vacía) mientras el eco de sus pasos se hacía cada vez más cercano-. Iré a ayudarlo.
Pude sentir a Thomas tensándose a mi lado, aquello no lo habíamos planeado.
Los pasos se oían cada vez más cerca, no me atreví ni siquiera a echar un vistazo temiendo que así pudieran descubrir nuestra posición. Aguanté la respiración mientras el hombre pasaba casi a nuestro lado y pude atisbar su cabello castaño mientras ayudaba al anciano a ponerse en pie mientras le pasaba un brazo por la cintura y se encargaba de sostener casi todo su peso.
Los pasos se oían cada vez más lejos, y poco a poco volví a respirar. Thomas creyó conveniente echar una rápida mirada al exterior, y pude sentir como se relajaba de nuevo mientras susurraba:
-Ya están bajando. Es mejor que permanezcamos aquí hasta que todos se hayan ido.
Nadie contestó.
Cuando por fin pudimos despegarnos de la piedra, habían pasado quizás sólo unos segundos, pero a mi me parecieron horas enteras. Miré a Thomas con ojos entornados, no podía creer en nuestra suerte; ese hombre había pasado a escasos metros de nosotros sin darse cuenta de nada.
-¿Lo ven? Todo es cuestión de confianza- dijo claramente satisfecho, aunque pude notar que su voz sonaba un poco ronca como si el temor que yo sentí tan sólo unos segundos antes también lo hubiera sentido él y aún tuviera el corazón el la garganta (tal como yo) y eso le impidiera hablar con normalidad.
-Thomas Masen, eres-un-completo-genio- dijo Matt pronunciando pausadamente cada palabra, y subiendo el tono cada vez un poco más para hacer énfasis en su comentario-. ¡Yo sabía que funcionaría!
Lanzó un puñetazo al aire y luego le dio un amigable golpe en el hombro a Thomas. Sonrió como un niño pequeño al que le hubieran dado muchos regalos por su cumpleaños. Matt era, en muchas formas, como un niño; y cada vez que lo pensaba me reía en mi fuero interno, ya que cuando ves por primera vez a aquel hombre tan fornido y amedrentador, lo menos que te imaginas es que sea tan... no lo sé, tan... ¡niño!
-¡Oh claro! "Por el amor del cielo Thomas, eso no funcionará"- citó Thomas con su voz melodiosa en un desastroso intento de imitar la grave voz de su amigo-. Claro, siempre creíste que funcionaría. Uy, cómo dudarlo- su voz era sarcástica, pero tan juguetona y animada como siempre.
-Vamos, sabes que parecía una locura. ¿qué hubieras pensado tú si te hubieran planteado un plan como ese en medio de tanta desesperación?- preguntó Matt, y aunque la pregunta fue retórica no pude evitar contestar:
-Pues, que todo es cuestión de confianza- sonreí ampliamente mientras repetía las palabras de Thomas.
-Tu tampoco te escapas, no parecías muy convencida ¿eh?- me miró con reproche, pero luego me guiñó un ojo.
Los tres reímos a coro, y luego me acerqué a Thomas para tomar su brazo entre los míos. Nos miramos un instante, y antes de que nuestras miradas empezaran una de sus interminables charlas secretas, bajé la vista. Él me besó la frente y Matt puso los ojos en blanco ante tanta melosidad.
-Vamos, ¿cuándo terminarán de admitirlo?- puso énfasis en la última palabra, ambos sabíamos qué era lo que teníamos que 'admitir' aunque nadie lo hubiera dicho en voz alta.
Me sonrojé como nunca, y de pronto comenzó a hacer mucho calor aunque justo en ese momento una fría brisa se coló por el agujero de la entrada. Yo me preguntaba exactamente lo mismo: ¿cuándo terminaríamos de admitir lo que sentíamos?
-Cierra la boca Matt- dijo Thomas cortantemente, aunque aún sin mirarlo pude imaginar una hermosa sonrisa curvándole los labios.
-"Cierra la boca Matt"- imitó este con sorna, y luego tomó una de las maletas que aún estaban en la cueva, pues nadie las había tomado. Pude reconocer la mía, apartada y pegada a la pared donde la había puesto Matthew junto a la suya y la de Thomas cuando llegamos a la cueva.
La abrió, pero al ver que sólo había ropa, volvió a cerrarla y la tiró a un lado.
-Tengo hambre. ¿Dónde escondes la comida?- preguntó dirigiéndose a Thomas.
-En mi maleta, tráela y para que todos comamos. Luego tendremos que partir.
El interpelado caminó rápido hasta el lugar que le habían señalado, y segundos después volvió con la maleta en los brazos.
Thomas la abrió con un ágil movimiento -si tomabas en cuenta que lo hizo con una sola mano, ya que la otra aún era prisionera de mi abrazo- y sacó las últimas galletas que quedaban. Las repartió entre los tres y luego se sentó, haciendo que yo me sentara a su lado.
Matt se sentó frente a nosotros, y comió su 'desayuno' con exagerada avidez. No recordaba el hambre que tenía hasta le di el primer mordisco a mi galleta. Fue un total alivio tener algo que comer.
-¿No creen que se darán cuenta de nuestra ausencia? si se lo dicen a los rescatistas ellos volverán por nosotros...- la pregunta brotó de mis labios sin estar dirigida a nadie en especial, pero mientras hablaba mis ojos escrutaban la expresión de Thomas, que seguía a mi lado comiendo sus galletas.
-Ya lo había pensado- fue él el que respondió, Matt se limitó a seguir comiendo sin prestar mucha atención-. Por eso debemos dejar la cueva lo más pronto posible, si vuelven, no nos encontrarán aquí y no creo que se dediquen a buscarnos. De todos modos, si lo hicieran, es muy poco probable que nos encuentren.
Me sonrió, y yo le devolví la sonrisa, aunque la expectativa de dejar la seguridad de la cueva no me emocionaba tanto si no estaba segura de qué pasaría ni en dónde dormiría luego.
-Bueno, debemos irnos rápido. A mi no me pueden ver los oficiales ¿y si llegaran a reconocerme?- Matthew habló con la boca llena de comida, por lo cual apenas pude entender lo que decía. Sus ojos marrones brillaron preocupados. ¿A qué se refería?
-¿Cómo que no pueden verte?- pregunté sin poder contener mi curiosidad.
-Bueno, la verdad es que soy algo así como un... fugitivo- miró un rato al espacio, y luego rectificó-. No, esa no es la palabra adecuada. Verás, no está muy bien visto desertar de la manera en que yo lo hice; si me encuentran quizás me obliguen a "brindar servicio a la nación"- dijo con voz monótona y más grave aún, la voz con que te imaginarías con que te hablaría un comandante estricto, de nuevo, no pude evitar una sonrisa- por un largo, laargo tiempo.
Se encogió de hombros como si no le diera mucha importancia. Yo, en cambio estaba totalmente impresionada.
-¿Qué piensas hacer cuando termine la guerra y debamos volver?- de nuevo, fui incapaz de reprimir mi curiosidad.
-La es que no creo que me recuerden ni que les importe. Están muy ocupados con toda esta cuestión de la Segunda Guerra Mundial y todo eso. Aunque nunca está de más tomar las debidas precauciones.
Volvió a sonreír, yo no le daba crédito a mis oídos.
Thomas me miraba, y también sonreía cuando le habló a Matthew:
-Oh Matt y no olvides que creen que estoy muerto o algo así- todo esto parecía ser un muy buen chiste para ellos, pero yo no le veía la gracia-
-¿Cómo que creen que estás muerto?- la curiosidad volvió a vencerme.
-Deben creer que tu padre y yo morimos en el tiroteo como todos los demás. Aunque eso no es de mucha importancia, ya que al volver sólo tenemos que decir la verdad. Yo llevé a tu padre a Suiza porque estaba herido, y luego vine a buscarte a ti- volvió a sonreír, pero me pareció que esta vez era a su pesar- No te preocupes, no llevan la cuenta de los pelotones que han perdido y quizás ni siquiera recuerden lo de Matt. No es algo relevante.
Me había comido las galletas inconscientemente, pero mi hambre no amainó demasiado.
Estaba huyendo a Suiza con un desertor y un hombre 'muerto' para ir a ver a mi padre que también estaba 'muerto'. Genial.
-Thomas, ¿te parece que es un buen momento para contarme todo esto?
-Técnicamente, tú preguntaste- intervino Matt.
-No quería preocuparte- Thomas lo ignoró sin ningún esfuerzo-. No es algo importante, de verdad. Las posibilidades de que esto traiga consecuencias son de una en un millón. ¿Confías en mi?
Sus ojos me miraban sinceros, y con esa mirada no se podía discutir.
-S-sí- tartamudeé-.
-Gracias- sonrió arrebatadoramente.
Volvimos a mirarnos un largo rato. ¿Acaso era posible no confiar en esos ojos?
-¿Podrían dejar de chorrear miel por los ojos? ¿Cuándo nos vamos?- Matt sonaba aburrido y exasperado. Thomas lo miró fingiendo estar enfadado, y él volteó los ojos.
-De inmediato.
-¿Ya?- pregunté. No esperé respuesta y tomé mi maleta. Antes de tomar el tren había puesto mi bolso de mano adentro. Lo saqué y sopesé la posibilidad de tomar el peine... No, no era momento.
-Grandioso. Tú llevas las maletas, yo las traje hasta aquí- dijo Matt muy contento de salir de aquel oscuro agujero.
Thomas no dijo nada, pero tomó el equipaje con un solo brazo mientras con el otro (que yo había soltado al ir por mi maleta) me rodeaba la cintura. Bajamos con precaución el intrincado y empinado camino que nos conduciría de nuevo hasta el suelo, Thomas no me soltó en ningún momento y siempre estuvo pendiente de que yo me sujetara bien a la roca. Él bajó casi sin manos, una hazaña increíble, sólo por protegerme...
Obviamente nuestro descenso fue mucho más lento que el de Matt, que nos esperaba abajo con los brazos cruzados.
Noté lo extraño que se notaba volver a utilizar las piernas, y me estiré un poco para acostumbrarme a la sensación.
-¿Y ahora?- el día estaba claro; no debían ser más de las dos de la tarde. Miré a mi alrededor: no había más que vegetación.
-Pues justo cuando dejemos atrás las montañas hay un pequeño pueblito. Ahí podemos pedirle a alguien que nos deje asearnos y pasar la noche para emprender mañana nuestro verdadero camino hacia Suiza. ¿Les parece bien?
Matt asintió, pero yo dudé y Thomas lo notó.
-¿No dijiste hace un momento que todo era cuestión de confianza? Vamos, no dejaré que te pase nada, te lo prometo- asentí sonriendo ante sus ojos, rebosantes de sinceridad.
Era imposible negarse a algo cuando te miraban así, eso le daba una ventaja bastante grande; yo era totalmente incapaz de negarme a cualquier cosa que me pidiera si concentraba en mi todo el poder de su mirada...
No le di mucha importancia, para ser sinceros, me encantaba que me mirara de esa forma; sentía que flotaba, que mi mundo era él y que eso nadie me lo podría quitar.
Me tomó la mano sacándome de mi ensoñación y nos encaminamos en la dirección contraria a la que había seguido el tren, hacia el pueblo que Thomas había visto quizás mientras yo dormía a su lado una noche hacía ya casi una semana.

domingo, 25 de julio de 2010

Hola =;

Hola(: bueno quería decirles algunas cosas^^ jajaja
Primero que nada un MONTÓN de gracias a pk!!! Siempre está ahí apoyandome y dandome sus hermosos comentarios que siempre me hacen sonreir y querer seguir escribiendo! Un beso para ti y espero que sigas la historia hasta el final y siempre sigas dando tu VALIOSÍSIMA opinión ;)
Bueno, también quería pedirles una cosita... :$ jajaj la verdad es que estoy un poco desanimada porque en muy pocos capitulos tengo comentarios. Me encantaría que me dijeran lo que en verdad piensan de la historia (sea bueno o malo) ya que si hay algo que mejorar o tienen alguna idea que aportar yo siempre la tomaría en cuenta. Siento que escribo para mi sola :( así que porfis comenten y diganme lo que piensan. Voten en la encuesta, que ya se va a cerrar pero pronto abriré otra :D
Otra cosa que quería decirles era que Thomas no tiene apellido :O Eso es algo TERRIBLE xD Pero para ser sincera no se me han ocurrido muchas ideas... Pensé en Thomas Hale, Thomas Webb o Thomas Clearwater (que sería una ironía ya que clearwater en ingles es agua clara, y para Elizabeth sus ojos son algo como eso). Debo admitir que ninguno me convence demasiado... Quizás para mi el que suena mejor es Thomas Hale ¿están de acuerdo? La verdad es que no me decido... Y me gustaría que me aportaran algunas ideas(: Estoy totalmente abierta a sugerencias^^
Una última cosa: también he notado que el número de seguidores no aumenta mucho :'( así que porfa, si me están leyendo sin seguir el blog, apúntense :D! No les cuesta nada =; jaja no se los estoy exigiendo, es sólo una petición ;)
Espero que sigan disfrutando de la historia tanto como yo...


Porfa recuerden comentar :D Voy a escribir mañana el próximo capítulo pero no lo publicare hasta que vea que tengo al menos un par de comentarios en "Rescate y huida"


Un beso grande
La autora(:

Cap. 29 Rescate y huida.

"Thomas te lo advierto: si llegan los rescatistas y nos envían a Francia no será más que tu culpa."
Matt nos saludaba todas las mañanas con aquel sinuoso comentario, y luego se marchaba de nuevo -siempre con aires ofendidos- e iba a conversar con aquel hombre al que había conocido en el tren. Yo, en parte estaba de acuerdo con él. Pero también sabía que una parte de la razón le pertenecía a Thomas por no querer dejar abandonados a esos inocentes sin saber siquiera que sería de ellos en un futuro cercano.
Casi una semana había pasado desde que llegáramos a la cueva. Hacía mucho tiempo que había perdido la noción del tiempo y ya no me interesaba saber qué día era ni tratar de contar minuciosamente las horas que pasaba encerrada. La comida, para mi gran sorpresa y alivio, duró mucho más de lo que me imaginaba, aunque eso no significaba que cada vez se le repartiera a cada uno una porción más escasa. A decir verdad, una semana es mucho tiempo; quizás hubiéramos estado ahí sólo unos cinco días tal vez cuatro, el problema era que el tiempo se me hacía larguísimo muy probablemente debido a la debilidad que me causaba tener que estar tan inactiva y con alimentos tan pobres. Ya ni siquiera llevaba la cuenta de las noches que pasaba en compañía de Thomas; que siempre pretendía no dormir y que luego, demasiado cansado para continuar -quizás también por la mala alimentación y demás- se rendía ante un sueño intranquilo. Por las noches lo oía susurrar, eran palabras inconexas, sin sentido alguno, a veces pronunciaba incluso frases completas con voz pastosa. Al oírlo era obvio que su subconciente no lo dejaría en paz ni siquiera dormido. "Salir de aquí, salir de aquí y llegar a Suiza" era una de las más comunes. Esa frase la repetía al menos tres veces cada noche -por la medida baja- y luego se daba la vuelta para seguir durmiendo.
Me daba cuenta de cuánto sufría. No podía descansar, tenía demasiados asuntos pendientes y su mente estába demasiado ocupada en echarse la culpa por haberme dejado acompañarlo para aligerar la pesada carga que insistía en llevar sin ninguna ayuda. Yo no podía soportar verlo así. Si yo estaba sufriendo, no era por culpa de Thomas ni a causa de que me hubiera dejado venir con él; sino por la simple razón de verlo a él sufrir, y saber que una parte de ese sufrimiento era culpa mía. Simplemente era insoportable.
La noche era oscura, y las estrellas ya no se esforzaban como antes en brillar ni en iluminarnos. Quizás fueran cosas mías, pero tenía la impresión de que ellas también lo daban por un caso perdido. Me había despertado después de tener una horrible pesadilla, y aunque ya ni siquiera recordaba de qué se trataba en conciso, ni a qué se debía, en mi menté el vívido recuerdo del aprisionante miedo que había sentido no se marchaba. Desperté sudando, y con el corazón desbocado traté de exprimirme los sesos en busca de el motivo de mi terror, pero no podía recordar nada más que una figura negra parada frente a mi en una calle vacía con muy poca iluminación, estábamos sólo los dos y un par de farolas que alumbraban el asfalto con su luz mortecina. Nunca iluminaron a la figura que me acompañaba. Todas las noches la misma pesadilla remitía en mi memoria, pero lo único de lo que podía acordarme con certeza era de aquel extraño hombre que me miraba detrás las sombras en medio de la pequeña calle adoquinada. Despertaba siempre en medio de la negrura con la misma sensación de asfixia presionándome el pecho e impidiéndome respirar.
Digo esto como si hubiéramos pasado miles de noches en aquel extraño sitio pero, ¡qué va! no podían ser mas que unas cuatro noches. Sí, mi noción del tiempo estaba bastante afectada.
Aún así, habiendo recordado esa parte escencial del sueño, no veía el motivo de haberme asustado tanto. Respiré profundo y traté de sosegarme; mi respiración pronto se acompasó y mi corazón pareció abandonar la idea de salir disparado de mi pecho. Miré alrededor: casi todos dormían. Sólo un par de personas seguían recostadas de las paredes y mirando en todas direcciónes con el recuerdo de la razón de que nos hayáramos ahí aún rondando sus cabezas y martillando cada uno de sus nervios.
Miré a Thomas que estaba a mi lado, dormido y susurrando como todas las noches.
-"Salir de aquí, salir de aquí y llegar a Suiza"- musitó con los labios apretados y el ceño fruncido. Seguía dormido, pero por su expresión se hubiera podido considerar la podibilidad de que sólo tuviera los ojos cerrados. Era obvio que no estaba descansando.
En duro suelo de piedra en el que dormíamos se hacía cada noche menos incómodo, aunque eso no evitaba que la pesadilla volviera y me atormentara de nuevo.
-Elizabeth, Elizabeth, yo... creo que...- me sorprendí, y rápidamente me di la vuelta. Hubiera jurado que estaba despierto. Dejó la frase inconclusa y después de exhalar un hondo suspiro entreabriendo sus perfectos labios, volvió a susurrar-: Elizabeth.
¡¿Qué habría estado pensando?! ¿Estaría acaso soñando conmigo? ¿Qué era lo que creía?
Lo miré con avidez, como si con esa mirada pudiera traspasar su mente y saber entonces por qué había dicho aquello. Era la primera vez que mensionaba en sueños mi nombre...
Una helada ráfaga de aire se coló en el agujero de dura roca, y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Me recliné de nuevo en el hombro de Thomas que hacía las veces de almohada y traté de conciliar el sueño antes de que la incertidumbre lograra volverme loca. Por suerte el cansancio venció, y pronto me dormí de nuevo todavía con miles de preguntas rondando mi cabeza.

-Thomas lo repetiré por última vez: si llegan a rescatarnos y nos obligan a volver a Francia, tu serás el responsable.
La voz grave de Matt me despertó. Debía haber dormido mucho, por primera vez desde que hubiera llegado allí, pues la luz era cegadora y los pájaros cantaban su dulce melidía mientras volaban de flor en flor. Nunca me había fijado en aquel paisaje tan bonito.
-Buenos días Matt. ¿Cómo te encuentras hoy?- pregunté.
-Muy bien, gracias- dijo con voz cansina; y una vez más, se alejó a zancadas.
Thomas ya no se molestaba en contestar a sus advertencias, sólo lo miraba con gesto grave y luego negaba despacio con la cabeza.
-Buenos días-dije esta vez dirigiéndome a la persona con la que había comenzado aquel viaje y con quien pretendía terminarlo-. ¿Has dormido bien?
Yo sabía la respuesta, era imposible que hubiera dormido agusto; pero por cortesía no estaba de más preguntar.
-¡Buenos días! Muy bien- la misma mentira de todas las mañanas-. ¿Qué tal tu noche?
-No estuvo mal...- aquello no era del todo una falsedad. Sólo una parte de la noche había sido tan agónica como las anteriores.
Me sonrió, aún cuando estuviera despeinado y lleno de tierra y suciedad de la cabeza a los pies, la sonrisa era encantadora. Me pregunté por primera vez qué ofrecería mi aspecto. Debía parecer una maníaca y seguramente mi cabello estaría terriblemente enrredado y enmarañado haciéndome lucir zarrapastrosa. No me importó.
Thomas se levantó, y después de dar su internacional saludo de todas las mañanas a nuestros "compañeros de campamento" -solía llamarlos así de manera irónica, ya que si se evaluaba nuestra situación desde otra perspectiva, no parecíamos más que un gigantesco grupo que hubiera salido a acampar- añadió las palabras que yo temía escuchar:
-Ya casi no queda comida. Quizás sólo para hoy, yo opino que sería buena idea saltarnos el desayuno y dejar lo que queda en caso de emergencia. Claro, los niños si podrán comer ahora mismo- la típica repetición de la misma frase en diversos idiomas ya estaba exasperándome. El terror era evidente en todas las voces, pero yo no me preocupé demasiado. Tarde o temprano eso tendría que pasar y en el peor de los casoa tendríamos que cazar aves como todos unos cavernícolas.
Arianne, Aiden y una pequeña niña de aspecto dulce que creía recordar que se llamaba Viktoria (era alemana, hija del hombre con el que Thomas habló en el tren) eran, gracias al cielo, los únicos infantes que nos acompañaban.
Con un poco de suerte saldríamos de ésta terrible situación muy pronto, y entonces ellos podían contar la casi divertida anécdota a sus amigos y familiares. Bueno, estaba más que claro que para ellos no tenía ni pizca de gracia, pero cuando fueran mayores lo verían diferenta y se reirían del asunto. ¿Llegarían acaso a convertirse en adultos? Sacudí rápidamente ese terrible pensamiento de mi mente. La fe era lo último que debíamos perder.
Los tres niños parecían adorar a Thomas, él, muy pacientemente, a veces se tomaba el tiempo de jugar con ellos mientras sus exaustos padres tomaban una siesta.
Los tres se acercaron, y Thomas depositó en las pequeñas manitas de Arianne y Viktoria unas galletas que eran casi lo único que quedaba. Dio a la madre de Aiden, que aún era muy pequeño para alimentarse por su cuenta, su desayuno de aquella mañana.
Para mi gran verguenza, mi estómago gruñó pero luego me di cuenta de que no era la única con un hambre atroz. Varios se quejaban en voz alta y de los abdómenes de otras personas también salieron sonoros rugidos.
Caminé con Thomas a nuestro rincón, cerca de la entrada, y nos sentamos ambos en silencio. No había mucho para decir...
El avión volvió, era de esperar. Y dejó caer otra de sus terribles armas a una distancia esta vez un poco más corta de nosotros, y tuvimos la desgracia de observar como gran parte de la montaña se derrumbaba ocultando al tren entre escombros. De eso hacía algunos días... No sabía cuántos.
Observé el paisaje, por primera vez con real atención, y confirmé que podía llegar a ser bonito.
El gris y el verde eran colores dominantes, y el cielo hacía un hermoso contraste aportando su azul, claro y encantador. Como los ojos de alguien a quien creía estar conociendo cada vez mejor...
Coloridas flores también se distinguían entre la maleza de espeso verde, y de cuando en cuando los pajaritos se posaban en las ramitas de los árboles más altos para llenar los comunes silencios que se sentían a diario en nuestro refugio con sus cándidos cantos y sus voces de sopranos.
Observé de nuevo el montón de piedras y pedazos de metal en los que se había convertido el gigantesco tren, y una oleada de desazón me inundó todos los poros.
Opté por no seguir observando aquel paisaje, y traté de sonsacar la razón de que Thomas susurrara la noche anterior mi nombre. Eso que había salido a la superficie entre los turbios mares de su subconciente aún me intrigaba...
-Ehh... Thomas -no sabía cómo comenzar.
Me miró inquisitivo, y sus ojos volvieron a brillas, impidiendome respirar con fluidez y normalidad.
-¿Sí?
-¿Te habían dicho que hablas dormido?- traté de inyectarle a mi voz un tono burlo¿ón para dicimular la avidez de información. Reí bajito y lo miré, esperando.
Abrió los ojos demensurádamente, y su perfecta boca formó una 'O', simuló bajar la vista y parecer avergonzado cuando, teatralmente, respondió:
-Creo que lo había oído antes. Matt solía molestarme con eso cuando estábamos en el ejército. Dormíamos en la misma tienda con otros compañeros- explicó, riendo dulcemente. Me giñó un ojo, y volvió a reir. Se lo estaba tomando a broma, no parecía avergonzado y tampoco había notado ni una nota de preocupación en su voz.
Me uní a sus risas.
-Pues la verdad es que hablas mucho- dije haciéndo énfasis en la última palabra y tratando de parecer relajada mientras decía-: ayer hablaste bastante, creo que incluso mencionaste mi nombre...
Lo miré jovialmente, pero no me reí, Quería darle a entender sutilmente el verdadero significado de mi comentario. Esta vez pareció sorprendido, y la enorme sonrisa se borró de su rostro.
-¿Ah... sí? Quizás hubiera estado soñando algo que tuviera que ver contigo- se encogió de hombros, como si no le importara. Aunque en lo que dijo a continuación noté un tono de real preocupación. ¿O sería precaución?-. ¿Qué dije, exactamente?
-Ehh... no lo recuerdo bien. Era algo como: Elizabeth, creo que... y entonces dejaste de hablar- le sonreí, para que supiera que no me importaba, y él me devolvió una mal fingida sonrisa-. ¿Crees que saldremos pronto de aquí?
No había conseguido lo que quería: saber por qué había pronunciado mi nombre mientras dormía. Pero no quize forzar más la situación. Él se estaba poniendo un poco nervioso, y me pareció mejor resolverlo en otro momento. Se animó ipso facto.
-Espero que pronto- su sonrisa era deslumbrante, igual que siempre-. Creo que me está aburriendo la vida de ermitaño.
Rió, y yo lo hice con él. Sus ojos volaron fugazmente de los míos al rostro de Matt, que parecía absorto en una conversación con su nuevo amigo.
-Lo extrañas- no era una pregunta.
-Un poco- su tono estaba cargado de nostalgia-. Sé que tiene razón, pero no me perdonaría si abandonáramos a esta gente y luego descubriera que nunca los rescataron.
-Pues, podrías hablar con él- le sonreí para alentarlo-. Vamos, te acompaño.
Se levantó, vacilante. Yo también me levanté y entonces le tomé la mano y caminamos con paso firme hacia donde Matt se encontraba. La cueva era gigante, toda gris y cubierta de musgo; habíamos tenido la suerte de no encontrarnos con muchos bichos o serpientes en nuesta temporada de 'acampada'.
-Matthew-dijo asintiendo con la cabeza al tiempo que pronunciaba su nombre a modo de saludo.
-Thomas-respondió el aludido secamente.
-¡Hola!- agregué yo, para animar la situación. El misterio de el sueño anterior de Thomas me había levantado un poco el ánimo.
No recibí respuesta. Entonces, ya harta de su tonta pelea, los miré a ambos con gesto severo. Ignorando completamente al amigo de Matt, comencé:
-Miren, parecen un par de niños pequeños y...
Pero mi voz sonó ahogada por un estridente grito en un extralo idioma que no logré comprender. Thomas se giró bruscamente, y llevándome con él se dirigió hacia un hombre anciano pero esbelto, con unos ojos tan grises como la caverna en la que estábamos. Él sí había comprendido sus gritos.
Musitó algo en el mismo extraño idioma, y el hombre asintió. Entonces me di cuenta de que estábamos casi al borde de la cueva y que el hombre señalaba a un monton de personas que avanzaban rápidamente hacia nosotros.
-¡¡Han venido a rescatarnos!!- gritó Thomas. Lo repitió de nuevo, una y otra vez para que todos comprendieran y pronto la algarabía tomó poseción de la situación-. Deben mantenerce en calma, no queremos heridos a estas alturas-volvió a repetirlo lo que me parecieron millones de veces.
Yo estaba en shock, si habían venido eso significaba que tendríamos que acompañarlos. No teníamos un plan.
Thomas hablaba muy rápido con un hombre, creí reconocer el golpeado acento alemán.
Giré la cabeza, Matt estaba lívido y nos miraba con aprensión. Thomas hablaba con aquel hombre y yo no pude contener las ansias de preguntar:
-¿Qué pasa? ¿Qué haremos?- Thomas me miró, y sonrió.
-Él bajará para avisarles que estamos aquí. Nosotros nos vamos- dijo dirigiéndose más a Matthew que a mi. Este estaba atónito, totalmente estupefacto y miraba a Thomas como si no lo hubiera visto nunca-. ¿Vienes o no?- le dijo mirándolo con una sonrisa en el rostro.
En ese momento, las personas de abajo corrían apresuradamenta hasta las ruinas en las que se había convertido lo que dirante varios días sólo veíamos como un manchón escarlata y azul. Los rescatistas gritaban a voz en cuello, tratando de llamar a los posibles sobrevivientes.
El hombre con el que Thomas había hablado salió de la cueva, y cuidadosamente escaló hasta abajo y se dirigió a los hombres que parecían no entenderlo, pero cuando éste señaló en nuestra dirección parecieron entender, y entonces corrieron hacia nuestra madriguera.
No lo podía creer. Todo había pasado tan rápido... Thomas llamó a Matthew de nuevo, y esta vez avanzó corriendo hacia nosotros entre las otras personas que se habían puesto en pie. Algunas llorando de felicidad y otras simplemente tan estupefactas como yo. Matt se ubicó a nuestro lado en lo que me pareció una eternidad.
-Thomas...-susurré, pero mi voz sonaba ronca y el sonido que emití fue tan sólo un murmullo. Él no me oyó.
-Bajaremos por el otro lado apenas empiecen a subir- nos dijo a Matthew y a mi. Su expresión era inescrutable, estaba serio, pero podía notar que su voz era entuciasmada.
-¿A dónde iremos?- yo seguía sin creerme lo que estaba sucediendo ante mis ojos.
-A Suiza- me miró sonriente. Ahora, sólo tenía ojos para mi.

martes, 20 de julio de 2010

Cap. 28 Instinto protector

La mañana estaba fresca. Juguetones rayos de luz iluminaban la cueva mientras en ellos las motitas de polvo bailaban al compás de una música que jamás sonó. El cielo se tiñó nostalgia y de espectación, pues nadie sabía qué podría pasar luego ni qué tendríamos que hacer para salir de aquel lugar que por un momento había sido refugio y que ahora se había tornado en una especie de prisión de sentimientos y emociones.
Durante la noche el avión apareció de nuevo un par de veces, y unas horas antes había vuelto a dejar caer una bomba; aunque quizás muy lejos ya que -aunque el sonido fue igualmente atronador- no causó gran destrucción, al menos, no cerca de nosotros... Esta vez todo el mundo se dio cuenta de lo que había pasado, y desde ese instante ya nadie pudo seguir durmiendo. Yo no dormí casi nada, prácticamente acababa de rendirme ante el cansancio y minutos después la bomba había caido. Como llegamos allí muy tarde en la noche, o quizás en las primeras horas de la madrugada, el día estaba bastante iluminado y el sol muy alto en el horizonte.
Todos habíamos reposado aunque hubiera sido un rato muy corto; todos menos Thomas. Él se había quedado a mi lado en el poco tiempo que pude dormir y no intentó siquiera cerrar los ojos; según él, debía permanecer 'alerta'. Sus instintos de supervivencia, que quizás hubiera aprendido en su época de soldado, afloraban ahora y dejaban entrever lo que fue tal vez el Thomas de antaño, un Thomas que cargaba sobre su espalda el peso de toda una tropa -peso que no le correspondía para nada- y que ahora volvía a cargarse con el peso de unas treinta y tantas personas que según lo que él creía, dependían de él para vivir. Quizás esta vez tuviera un poco de razón. Si no hubiera sido por Thomas no hubieramos podido salir del tren y tal vez el lugar donde cayó la última bomba hubiera sido en el que nos correspondería estar de haber seguido con la ruta prevista para aquel día. Pero ahora que estábamos medianamente a salvo, podría tal vez compartir todo ese peso que estaba cargando innecesariamente con alguien más. No había necesidad de que al final tuviera que sucumbir ante el cansancio y la ansiedad que pronto le produciría sentirse el responsable de tantas personas.
Sí, era un día fresco, pero en ese momento a mi me parecía unos de los más terribles que jamás había vivido. Acabábamos de comer con lo que todos traíamos en nuestras maletas, y quedaba muy poca comida. Quizás tan sólo para unos tres días.
-¿Qué haremos? No podemos quedarnos aquí para siempre...- pregunté, mientras miraba a Thomas que aunque se hubiera puesto en modo de combate, seguía siendo exactamente la misma tierna y hermosa persona que había sido siempre cuando estaba conmigo.
Me miró a los ojos, mientras desbordaba sinceridad en la cascada de los suyos, y mientras me acariciaba una mejilla, dijo quedamente:
-Pues la verdad es que no lo se.- sonrió como si no hubiera nada mas cierto que lo que acababa de decir- Pero por eso no te preocupes, pronto saldremos de aquí y continuaremos nuestro camino hacia Suiza. Lo más seguro es que en la estación noten que falta un tren y pronto empiecen una búsqueda.
-Oh... Y cuando nos encuentren, ¿a dónde nos llevarían?- hablando con él me sentía como en las nubes, incluso cuando segundos antes hubiera sentenciado aquel día como el más espantoso de mi existencia.
-Pues, quizás de vuelta a Francia. Pero cuando llegue el momento, ya arreglaremos eso.- a continuación me besó la coronilla de nuevo, como siempre hacía y colocó otra vez su brazo al rededor de mi cintura mientras se levantaba del suelo y me ayudaba a mi a levantarme.
Todos lo miraron, pues para las personas que habían tenido el infortunio de tomar aquel tren, Thomas era algo así como un líder, un héroe. Incluso para el conductor del tranvía, que prácticamente no había hablado desde que llegamos allí. Tal vez, Thomas tenía algo que decirles a esas personas; podría ser lo mismo que me dijo a mi, pues debía tranquilizar a los que tuvieran, quizás, las mismas inquietudes que yo acababa de expresar. Y efectivamente, después de carraspear para llamar la atención que ya tenía puesta en él completamente, dijo en voz fuerte:
-Bueno, se que todos están preocupados y que necesitan respuestas a muchas preguntas. En eso yo puedo ayudarlos, quizá no para todo lo que quieran saber, pero si para gran parte de sus dudas. Me gustaría que me preguntaran en voz alta, y así las personas que tengan la misma incertidumbre puedan recibir la misma respuesta que quien me preguntó.- lo repitió de nuevo en francés, luego en un idioma que creí reconocer como italiano, despúes de eso en alemán y en otros idiomas que no pude identificar. Los murmullos se propagaron rápidamente, y luego unas tímidas manos se alzaron para preguntar.
Un hombre bajo y con calva, que miraba a través de unas gafas de montura fue el primero en hablar:
-Mi nombre es Eugene Roustenberg.- de pronto reconocí al hombre que, en el tren, trataba de controlar a su mujer, una dama regordeta que no paraba de llorar- Y necesito saber cuándo saldremos de aquí, ya no tenemos casi comida y no podemos permanecer aquí para siempre.
Un murmullo de aprobación recorrió a la gente que pudo entender a el Sr. Roustenberg que había hablado en francés, y al rebotar en las paredes de la cueva y producir un eco siniestro los que no hablaban el idioma parecieron sentirse sobrecogidos.
-El señor Eugene Roustenberg me pregunta cuando saldremos de aquí.- dijo Thomas en inglés obviando la parte en la que el hombre se había referido a la falta de comida, luego repitió el mensaje en muchos idiomas para luego agregar en francés dirigiéndose al hombre-: Bueno, Mr. Roustenberg, a mi parecer an la estación ya deben haber notado que falta un tren, y en lo que a mi concierne pronto vendrán a buscarnos- lo repitió de nuevo muchas veces en distintos idiomas. Ahora el murmullo era general, todos habían comprendido lo que estaba pasando, y todos comentaban en voz baja su opinión a los demás.
-Disculpe, emm...- añadió una mujer muy alta y con un porte muy elegante que hablaba en inglés a través de unos labios pintados de un rojo carmín que recordaba a la pintura que solía usar mi tía...
-Thomas.- respondí al ver que se había detenido a causa de no saber como llamar a la persona a la que se dirigía. Él me miró con una hermosa sonrisa para luego dirigir su atención a la mujer que acababa de hablar.
-De acuerdo, Mr. Thomas. Yo me llamo Adeline ¿Cómo está usted tan seguro de eso? Yo creo que podrían darnos por muertos y quedarse donde están sin siquiera intentar localizar el tren.- Thomas la miró, a mi parecer un poco exasperado por el negativismo de la mujer. Antes de contestarle repitió una y otra vez la pregunta en muchos idiomas obviando, claro, la parte en que Adeline había dicho que podrían darnos por muertos y no venir a buscarnos.
-Pues, Ms. Adeline, la verdad es que no puedo asegurarle que eso vaya a pasar, pero me parece mejor mantener viva esa esperanza que sumirse en la negatividad.- y volvió a repetirlo en todos los idiomas que conocía.
El conductor, un hombre no muy anciano de cabello color rojizo casi como el de Matthew, añadió en francés:
-Yo si estoy seguro de que vendrán a buscarnos. El el procedimiento que se debe aplicar cuando un tren ha desaparecido, no pueden dejar de buscar sobrevivientes aunque las condiciones indiquen que es prácticamente imposible que alguien no haya muerto.- Thomas lo miró sonriendo y luego asintió. Volvió a repetirlo en diversos idiomas; y después de un rato de preguntas y respuestas la mayoría de los que allí nos encontrábamos nos sentimos lo suficientemente satisfechos para dejar de preguntar.
Fue una tarde tediosa, y a decir verdad las afirmaciones de que pronto vendrían a buscarnos no me convencieron demasiado.
Thomas y yo nos sentamos en nuestro rincón de siempre, cerca de la entrada de la cueva para que él pudiera supervisar el exterior, y cuando ya me disponía a tratar de dormir un rato aunque la noche ni siquiera hubiera caido, Matt apareció con cara de preocupación y se dirigió a Thomas cuando habló:
-Hey muchacho, si vienen a buscarnos no podemos seguirlos. Tardaríamos siglos en volver a ponernos en camino hacia Suiza, nos harán preguntas de todo lo ocurrido hasta que nos sepamos de memoria todas las respuestas, y por si fuera poco nos enviarán a hacernos un montón de análisis innecesarios. Necesitamos un plan para salir de aquí cuanto antes.- en la voz se notaba un dejo de ansiedad que dejaba ver lo serio que estaba sopesando la posibilidad de huir.
-Lo sé, pero para irnos tendremos que esperar a que vengan por ellos- y señaló a los demás. Al principio no comprendí a quá se refería, y al parecer Matt tampoco, pues se quedó mirándolo con cara de embobado. Thomas se dio cuenta y añadió-: No podemos dejar a los demás aquí sin siquiera estar seguros de que vendrán a buscarlos. Para mi eso no es una opción.- su tono era cortante, era obvio que no aceptaría ninguna réplica.
Matt bufó, y luego comentó:
-El que necesita llegar a Suiza eres tu. Ya aceptarás entonces las consecuencias.- parecía un niño pequeño y malcriado al que le hubieran negado un sabroso dulce. No pude evitar dejar escapar una risita nerviosa, pues ver a un hombre tan robusto y corpulento como Matthew Cromwell en una actitud como la que acababa de demostrar, era algo realmente gracioso.
Matt decidió irse con aire ofendido, y dejarnos a nosotros de nuevo a solas.
El instinto protector de Thomas estaba resultando realmente molesto, pues no podía pasar un día sin que se cerciorara de que todos estaban medianamente a gusto y que nadie tuviera ninguna duda o inquietud, aunque también era algo bastante tierno que demostraba su valía. No sólo era valiente, fuerte y apuesto, sino que también sabía apreciar a las demás personas y estaba el pendiente de algo más que no fuera él mismo. Era perfecto, eso ya lo sabía.
Otro día pasó sin novedad alguna, y los rescatistas no daban señales de aparecer, la comida se estaba acabando rápidamente. Empecé a pensar seriamente en darle la razón a Matthew y llevarnos entre los dos (aunque fuera a rastras) a Thomas para poder continuar nuestro camino. Después de pensarlo me odié por ser tan egoísta.
La noche volvió a llegar, y ya todos habíamos dormido un poco el día anterior. Incluso Thomas se vio necesitado de un momento de sueño. El avión no había vuelto a aparecer, y al menos eso era un consuelo. Aquella noche llena de estrellas era perfecta para dormir profundamente al lado de un ser tan hermosamente perfecto como Thomas. Me dispuce a cerrar los ojos, cuando de pronto esa voz con la que estaba dispuesta a soñar, habló y muy bajito me dijo:
-Lo siento- el comentario me sorprendió, así que abrí desmensuradamente los ojos y lo miré confundida.
-¿Por qué te disculpas?- su mirada me traspasaba, y de un momento a otro me vi contagiada por la sinceridad de su arrepentimiento y su dolor.
-Por dejarte venir conmigo, si no fuera por mi no estuvieras en esta situación de vida o muerte. Yo te traje hasta aquí y no no es culpa de nadie más sino mía que nos veamos envueltos en este desastre.- algo como eso no me lo esperaba, estuve a punto de decirle que peor hubiera sido dejarme vivir sin él, que eso me hubiera destozado desde adentro y que entonces el dolor hubiera sido mil veces peor. Pero no tuve el valor. Ya le había dicho que lo quería, y él me había contestado que él se sentía igual; pero no habíamos vuelto a hablar del tema y en ese momento no sabía si era adecuad decir algo como eso.
-Thomas no te culpes de nada, yo decidí venir. Por mi no te preocupes- "esté donde esté si estoy contigo me encuentro en el lugar al que pertenezco" estuve a punto de decirlo, pero las palabras no salían de mis labios.- Debes dejar de culparte por todo, y compartir la pesada carga que llevas con otras personas que podrían ayudarte- ese pensamiento había estado esperando poder salir desde el primer día que pasamos en aquel lugar, y ahora que era libre, no se sentía totalmente bien expresarlo; pues al parecer había dado justo en el blanco de lo que él sentía e inmediatamente su semblante se pintó de una máscara de tristeza y frustración.
-Yo...- tartamudeó unas palabras incomprendibles, y luego se calló. Me miró a los ojos y se acercó mucho a mi rostro... Era demasiado hermoso, nunca habíamos estado tan cerca.
La sorpresa de que de pronto se encontrara tan cerca de mi me hizo bajar el rostro, algo que luego lamenté pues él me estaba mirando totalmente... ¿enternecido? creo que sí. Y el peso que ejercía su manera de mirarme sobre mis pensamientos, se tornaba en una sensación totalmente dulce que nunca me cansaría de experimentar. Era mucho mejor cuando nuestras miradas se encontraban tan cerca...
Lo abrazé de improvisto, no lo había planeado pero no pude retener el impulso. Él también me abrazó dulcemente, y por un momento creí sentir lo que él sentía como si ya no fuéramos dos sino uno solo. Estábamos hechos el uno para el otro; él era para mi y yo era para él. Volví a repetir esa frase que me sabía de memoria, y me sentí de nuevo tan feliz como siempre que la pronunciaban mis pensamientos, una felicidad que sólo podía significar que estaba en lo cierto.
Yo trataba de consolarlo, y él trataba de compensarme por lo que "me había hecho". Para mi era una total locura que pensara eso, pues él era lo mejor que jamás me había pasado.
Nos separamos y nuestros ojos hablaron como nunca antes, y así poco a poco me volví a apoyar en su hombro, y me sumí en el mundo de los sueños, que siempre había resultado un refugio para mi, algo reconfortante.
Aunque hacía un frío terrible aquella noche, no sentí ni un escalofrío recorrer mi columna, pues el brillo que mi corazón emitía al estar tan cerca de su otra mitad me calentaba desde adentro, y cada centímetro de mi cuerpo se veía iluminado por una extraña luz que sólo yo veía...

lunes, 19 de julio de 2010

Cap. 27 El destino nos unió...

Mi vida había sido, desde que comenzó la guerra, un embrollo de decisiones y acciones totalmente precipitadas. De pronto una guerra estalló y mi hermano, precipitadamente, se marchó; mi padre también se fue aunque no tuviera que hacerlo, nunca me había detenido a pensar en aquello, pero ahora que lo hago me doy cuenta de que si hubiera reflexionado un poco y hubiera dejado que el dolor pasara -no totalmente, nunca pasaría totalmente- tal vez se hubiera quedado con nosotras. Aunque si lo hubiera hecho, mi madre quizá no hubiera enfermado (y no es que me agrade que haya pasado) y yo no me hubiera tenido que ir a París; y por consiguiente tampoco hubiera conocido a Thomas...
En fin, el destino nos tiene deparado a cada uno de nosotros algo especial; podría decirse que cada persona tiene una "misión de vida".
Para continuar con mi reflexión: pues cuando se enfermó mi madre ella, de pronto, -pues si lo hacía de otra manera quizás no hubiera podido hacerlo nunca- me sorprendió con la noticia de que tenía una tía abuela en Paris y que quizás muy pronto tendría que vivir con ella. Otra acción precipitada.
Yo, precipitadamente, me marché sin pensarlo, sin mirar atrás... Aunque en mi defensa puedo alegar que no tenía otra opción.
En cuanto a Thomas, a mi parecer nada había sido más precipitado que la manera en que conocí a aquel muchacho que había dado un giro de 360° a mi vida con una sola sonrisa. En cuanto lo vi en la puerta supe que él era para mi; y poco a poco lo fui confirmando con su manera de ser y la manera en que nuestros ojos habían encontrado la manera de comunicarse ante la obvia negación de nuestros labios, pero luego me enteré de que no sólo le había salvado la vida a mi padre; sino que también había acompañado a mi hermano cuando el resto de los soldados habían decidido abandonarlo, y todo resquicio de duda desapareció entonces. Él era para mi. Tantas veces me había repetido esa frase en el último mes que al pronunciarla, aunque fuera mentalmente, un matiz de sentimientos extraños me invadían, y en ese momento no había manera de negarlo.
Quizá por obra del destino las anteriores decisiones "precipitadas" hubieran sido absolutamente necesarias, pues estábamos destinados a conocernos.
Él, precipitadamente, entró en mi casa y luego mi tía, también en una acción precipitada, lo había invitado a quedarse. Me enamoré de él -y no diré precipitadamente, pues cuando el corazón sabe que ha encontrado su otra mitad hay que hacerle caso, y la palabra precipitación sale totalmente de contexto-, fue inevitable. No estaba segura al cien por ciento de que él sintiera lo mismo por mi, pero creo que poco a poco lo he estado confirmando, y mis dudas se han ido disipando.
Tal vez, lo más precipitado que hice y haré en mi vida haya sido fugarme con Thomas hacia Suiza en busca de mi padre, pero jamás me arrepentiré de haberlo hecho. Y he ahí la ironía de la situación: las decisiones precipitadas pueden llevarnos por un túnel de agonías y de incertidumbre (como cuando se marchó Andrew y luego cuando murió mi madre) pero luego nos damos cuenta de que un poco de sufrimiento siempre es necesario, y quizá sea el precio a pagar, para que el destino nos muestre lo que nos tiene preparado. Cuando comprendemos eso, los anteriores sufrimientos que habían sido totalmente insoportables, ahora nos parecen lo mejor que nos ha pasado. Y si alguna vez no entendimos por qué la gente había tomado esta clase de decisiones, ahora nos es completamente claro.
Más irónico aún sería decir que no hay que precipitarse ante las decisiones precipitadas. Pero es totalmente cierto. Debemos dejar que la vida siga su rumbo, el destino se hará cargo de todo lo demás. No tratemos de cambiar nuestros destinos por el sufrimiento sentido antes de encontrar nuestro verdadero camino, la paciencia es la mejor virtud de el hombre y siempre debemos tratar de cultivarla pues, sin ella, no obtendríamos nunca la recompensa a las agonías sufridas anteriormente.
Ahí estaba yo, viendo mi vida pasar ante mis ojos mientras la gente a mi alrededor gritaba desesperada y lloraban desconsoladamente. Decidí no precipitarme por el camino al que me habían llevado las anteriores decisiones precipitadas, valga la redundancia. Traté de calmarme y escuché atentamente al encargado.
-Por favor mantengan la calma, se los pido. Debemos tranquilizarnos... todo va a resultar bien, pero primero deben calmarse.- en el rostro del hombre se veía que estaba a punto de llorar por la frustración; a demás su voz era a penas un susurro inaudible, tal vez por el miedo o por la misma sensación frustrada. No me había dado cuenta de que el hombre hablaba en francés, quizás fuera esa la razón de que algunos sigueran gritando. Tal vez eran extranjeros como nosotros y no conocían el idioma.
Thomas me envolvía en su férreo abrazo, pero esta vez no había apoyado su mandíbula en mi coronilla. Levanté la vista y lo miré a los ojos; nunca había visto esa mirada en él. Parecía aún más frustrado que el encargado, necesitaba instrucciones para salir de ahí y no las estaba consiguiendo.
-Thomas...-susurré, y de inmediato bajó la vista y me observó, de nuevo, tiernamente- ¿No crees que deberíamos ayudarlo? podríamos calmar a la gente o tu podrías preguntarle qué debemos hacer y luego decirlo en voz alta. Tiene la voz tan quebrada que no se le escucha.
-Yo... No debemos separarnos, no sé que pueda pasar.- parecía exasperado, y se estaba esforzándo por mantener la mirada dulce en el rostro.
-Bueno, entonces no nos separemos. Ven conmigo a hablar con las personas y luego iremos con el empleado. ¿De acuerdo? Hay que hacer algo Thomas, no detendrán el tren hasta que estemos informados.
-Pues...- se notaba claramente como en su interior se debatían el instinto protector que sentía hacia mi y el que podría sentir por aquellos inocentes que quizás morirían si no les dábamos nuestra ayuda.- yo... ejm... está... bien.
Le sonreí de oreja a oreja, y con un simple "vamos" nos pusimos en camino. Se había separado para dejarme caminar, pero no totalmente, y como la vez pasada había rodeado mi cintura con su brazo apretándome a su costado.
No había notado que había una pequeña niña abrazada a una mujer que debía ser su madre, no tendría más de unos cinco años y miraba confundida en todas direcciones mientras su madre sollozaba en silencio.
-Disculpe señora, necesitamos que se calme, así podrán indicarnos cómo salir de aquí y pronto todo habrá acabado...- me sentía estúpida, y las palabras salían atropelladas de mis labios. No sabía ni qué decir.
No me respondió; sus sollozos se hicieron más sonoros y pronto logró que la pequeña niña se asustara y también comenzara a llorar. Inmediatamente comprendí la frustración que debía sentir el encargado...
-Hola pequeña, mi nombre en Elizabeth.- dije ignorando a la madre- ¿Tu cómo te llamas?
Me miró con la duda claramente reflejada en el rostro, y entonces intenté en francés.
-Bonjour les petits. Elizabeth m'a appelé ¿quel est ton nom?
-Arianne- susurró bajito, mientras daba un respingo tratando de contener las lágrimas que brotaban incesantes de sus pequeños ojitos tan marrones como el chocolate.
Miré suplicante a Thomas, no sabía si mi francés pudiera funcionar tan bien con esta pequeña como con Marie, tal vez debido a los nervios o a que Marie comprendía que yo no hablaba su idioma y dejaba pasar mis errores.
-Hola, que hermoso nombre. Yo me llamo Thomas.- dijo con un perfecto acento francés y una encantadora sonrisa en el rostro- Necesitamos que te calmes para que el señor de ahí en frente pueda decirnos que hacer. ¿Cómo se llama tu mamá?- la pequeña niña miraba a Thomas mientras jalaba el vestido de su madre, que esta vez había dejado de sollozar y nos observaba atentamente.
-Me llamo Bianca.- dijo la mujer dirigiéndose a Thomas y apretando a su hija contra su pecho.
-¿Habla inglés?- preguntó Thomas, y me dedicó una mirada significativa.
-Algo- contestó, ya en inglés, pero con un marcado acento francés. Esta vez fui yo la que respondió, traté de hablar lento para que pudiera entenderme, y en algunas ocaciones me ayudaba con gestos de las manos o decía unas palabras en francés.
-Disculpe, necesitamos que mantengan la calma para que podamos salir de aquí. Es de suma importancia. Podría ayudarnos a manteniendo la calma, y si gusta podría ayudarnos a calmar a los demás.- Thomas estaba a mi lado, aún sujetandome; pero hablaba en un idioma que no comprendí con un hombre de barba rala y ojos negros como el azabache que estaba parado junto a la mujer y a la niña.
Bianca se limpió las lágrimas de las mejillas, y asintió levemente con la cabeza. Traté de sonreirle para infundirle valor, pero no me salió más que una extraña mueca. No se movió de su sitio, por lo que comprendí que no me ayudaría a calmar a los pasajeros, pero ahora al menos ella estaba tranquila.
Thomas tuvo un poco más de éxito que yo, y el hombre pronto se dirigió a el asiento donde una mujer bajita y rolliza gritaba incansablemente mientras su esposo trataba de contenerla. Me sentía envuelta en una burbuja, aunque a mi alrededor los gritos eran más que audibles, yo me mantenía en calma y trataba de apartarme de todo aquello para cumplir con lo que me había propuesto y salir de allí con vida.
-Era un alemán que ha aceptado gustoso ayudarnos- dijo Thomas mientras me sonreía tiernemente.
Caminamos hacia la mujer que había visto desde el principio cargando a un niño pequeño y envuelta en los brazos de su marido. Era la que más gritaba, y con sus gritos causaba que el bebé se desesperara aún más y llorara afanosamente.
-Hola señora, mi nombre es Elizabeth. Le rogamos mantenga la calma, necesitamos oír lo que el encargado tiene para decirnos.- probé primerp en inglés, y al parecer funcionó.
-Me llamo Charles, ella es mi esposa Christine, y él es nuestro hijo Aiden- el hombre se veía totalmente tranquilo, y presentaba a su familia sin ninguna prisa; como si estuvieramos en una situación totalmente normal. Me exasperó. No era momento de amables presentaciones.
-Pues mucho gusto, me llamo Elizebeth y el es mi...- ¿qué era Thomas para mi?- él es mi... compañero Thomas.- dije titubeando. Necesitábamos rapidez y con este hombre no la conseguiríamos.
Christine había detenido momentáneamente su llanto para observarnos inquisitiva. El pequeño bebé se acurrucaba contra el pecho de su madre aún llorando, y la mujer trataba ahora de consolarlo. Thomas les explicó la sutuación, y lo que necesitábamos que hicieran por nosotros.
La mujer no se movió ni un centímetro, aunque ya estaba más calmada, y sostuvo a su hijo aún más fuerte apretándolo contra ella. El hombre en cambio trató de ayudarnos a calmar a las otras personas.
Un cuarto de hora, un valioso cuarto de hora, fue lo que necesitamos para que el tran se mantuviera medianamente en silencio. Yo me había separado de Thomas -quien había aceptado a regañadientes- para ir a buscar a Matt que aún estaba al fondo del tren como paralizado.
-Vamos Matt, debemos oír lo que el encargado va a decir para poder salir de aquí.- él asintió con gesto ausente, y me siguió hacia el donde Thomas conversaba con el empleado. Esperé a que la boca del hombre que había recogido mis boletos se abriera, pero me sorprendió escuchar la dulce voz de Thomas hablando alto para que todos lo escucharan.
-Por favor, mantengan la calma. Ya van a avisar al conductor que puede detener el tren y nosotros saldremos por la entrada de la derecha -y señaló la puerta a la que se refería- pues está más cerca de las montañas y encontraremos refugio con más rapidez. Es de suma importancia que salgan en una fila y si empujar a nadie.- repitió el mensaje una y otra vez en diferente idiomas, y muy pronto la gente se encontraba formando filas para salir.
Un agudo chirrido indicó que el tren por fin había detenido su marcha, y poco a poco -para mi sorpresa nadie se precipitó a salir ni empujó a nadie- con ayuda de Thomas que había bajado primero, la gente fue apeándose del tren. Fui la última en bajar, después de Matt, y cuando me dispuse a saltar (el suelo estaba a una distancia considerable del tren) Thomas me alzó en vilo y me depositó cuidadosamente en tierra, no me soltó y me cubrió de nuevo en su abrazo. Me sonrrojé, una vez más.
No mas de veinte minutos habían pasado desde que cayó la última bomba, y aunque debieron haber caido muy lejos pues no habían causado daños considerables en los alrededores, el sonido todavía aturdía mi mente. La onda sonora que produjo, causó que algunas cuevas se derrumbaran, lastimosamente, en la oscuridad total que nos envolvía, nos fue muy dificil hallar una cueva decente y medianamente deshabitada -todas estaban llenas de insectos y quizás hasta serpientes- en la que pudieramos al menos pasar la noche.Thomas se separó de mi y dejó a Matt encargado de cudiarme para trepar por las montañas en busca de una cueva. Tardó bastante tiempo, pero por fin encontró una que era de su agrado; llamó a los demás y todos subimos. Los pasajeros, el conductor y el encargado avanzaban en tropel hasta el gigantesco agujero de roca que nos serviría de refugio, y una vez que todos estuvimos adentro Thomas volvió a hablar con su tranquilizadora voz.
-Bien, ahora debemos seguir en calma. Mañana buscaremos la manera de salir de este embrollo. Por ahora. ¿quién trae comida en su equipaje?- lo repitió una y otra vez en distintos idiomas, y luego algunas manos se alzaron tímidamente.
Matt había traido nuestras maletas, y nosotros teníamos algo de comida; muchos pasajeros dejaron el equipaje en el tren con la angustia por salir, y de los pocos que lo cargaron no todos tenían comida. Al rededor de seis manos seguían alzadas, y muy solidariamente todos cedieron la comida para que luego pudiéramos desayunar.
Avanzamos tanto que el tren se veía ya muy lejos, sólo una pequeña mancha azul y escarlata se distinguía del paisaje verdoso y gris.
Las estrellas brillaron con intensidad aquella noche, como si trataran de facilitarnos la difícil situación en la que nos vimos enrollados. Yo no podía dormir, pero Arianne y su madre Bianca dormían apoyadas en una pared de la cueva, mientras Aiden reposaba en los brazos de su madre, que al parecer no podía pegar un ojo y se sentaba en las piernas de Charles, su esposo.
Matthew conversaba con el mismo hombre al que había conocido en el tren, y muchas mujeres y hombres los observaban incrédulos, como si pensaran que hablar en aquellas circunstancias fuera una aberración. Pocos dormían, y los que consiguieron conciliar el sueño no estaban sumidos profundamente en el mundo de su imaginación, pues aún dormidos se los veía moverse intranquilos, y en algunos casos hasta susurrar palabras incoherentes.
Yo, por mi parte me acurruqué junto a Thomas, que había servido de traductor y prácticamente nos había salvado a todos. Los minutos pasaban lentos y aunque no había nadie más en el planeta con quien yo quisiera estar que no fuera Thomas, no precisamente estaba a gusto. No me agradaba para nada la idea de tener que pasar la noche en una cueva mientras un montón de aviones circundaban Francia lanzando armas mortales.
La gente ya no aguantaba el cansancio y poco a poco se fueron durmiendo, a exepción de unas cuatro personas que, como Thomas y yo, no consiguieron alejar de su mente los terribles recuerdos de lo sucedido.
El avión volvió, pero sólo pasó de largo sobre nosotros. El ruido fue aún más atronador que antes, pues volaba aún más bajo. Nadie se inmutó. La gente dormía, y algunos ni se dieron cuenta de que el avión había pasado. Yo traté de ignorarlo y concentrarme en que estaba con Thomas, la persona que para mi era algo así como mi 'destino'. Lo amaba con una locura intensa que no había sentido nunca, y por fortuna aunque no sabía si él sentía lo mismo, tuve la ligera sospecha de que al menos me quería. Parecía que un manto de tranquilidad hubiera cubierto a cada persona de la cueva, una atmósfera de sopor nos invadía; y a mi parecer era cientos de veces mejor que el terror que se había sentido anteriormente, aunque no era del todo agradable.
Había tomado la decisión de empezar a creer un poco más sus indirectas, la reflexión que había hecho en el tren me llevó a la conclusión de que el destino nos había unido, y que el que él estuviera conmigo era totalmente necesario. Mi amor por él creció mucho más, y me permití a mi misma creer que él sentía algo parecido. Quizás sin yo saberlo se lo habían dicho sus ojos a los mios en esas largas conversaciones que mantenían sin que nosotros pudieramos entender una palabra. Era uno de los pocos idiomas que Thomas no dominaba.
Me apoyé en su hombro aún acurrucada junto a él y muy bajito y sin mirarlo susurré:
-Te quiero.- no era la mejor manera de expresar lo que sentía, pero no podía ser tan evidente. Allí, encerrados en una cueva como nos encontrábamos, el comentario parecía un poco fuera de lugar; pero era totalmente sincero.
-Yo también.- susurró acercando sus labios a mi oído. Me besó en la mejilla y luego en la frente para luego volver a posar sus labios en mejilla.- Ahora duerme, que tenemos un largo camino por delante...
La verdad era que estaba muy cansada, y sin poder evitarlo me sumí en la oscuridad de mi mente. No pude adivinar si estaba viviendo un sueño espantoso o una hermosa pesadilla, y con ese pensamiento en mi cabeza me dormí más profundamente que cualquier persona que ahí se encontraba. Aún estaba acurrucada junto a Thomas, y esa noche él me sirvió de refugio para mis temores...

miércoles, 14 de julio de 2010

Cap. 26 Y de pronto, todo salió mal...

El tren arribaría dentro de pocos minutos, yo volví a aferrarme fuertemente al brazo de Thomas sin pensar en nada que no fuera mi padre... En mi mano libre -la que no pretendía, inconcientemente, cortar la circulación del brazo de mi acompañante- sostenía tres boletos a Dijon, Bourgogne. Era lo más lejos que ese tren podría llevarnos; luego tomaríamos otro y en un par de días nos encontraríamos en Suiza.
Mi desenfrenado corazón golpeateaba contra mis costillas a una velocidad impresionante, y sentía un extraño cosquilleo en la columna que para mi era típico; pues siempre lo sentía cuando los nervios se apoderaban de mi. Matthew estaba sentado en una banca a pocos metros de nosotros, pero yo no podía sentarme, la emoción era tal que ni siquiera era capaz de moverme. Ya que Thomas estaba atado a mi por la incesante presión que mis dedos ejercían sobre su fuerte brazo, él tampoco se sentó. De cuando en cuando me miraba con expresión divertida, como si mis nervios pudiesen palparse en el aire -lo cual no dudaba que pudiera pasar- y después de un rato, delicadamente separó un poco mis manos de su brazo, pues quizás ya ni lo sentía, y luego, para mi sorpresa, en vez de soltar mi mano y dejarla colgando en mi costado, la tomó decididamente, entrelazando sus dedos con los míos...
Y entonces todo se borró. Ya no habían nervios, ya no estaba ansiosa, ya no quería que llegara ningún tren, y ni siquiera recordaba para qué debíamos tomarlo.
Lo miré con expresión adusta, y me di cuenta de que había estando mirándome todo ese tiempo para calcular mi reacción.
Sonreí tímidamente y él me devolvió la sonrisa, pero la suya era diferente, totalmente distinta. No había ningún rastro de timidez en el hermoso gesto que acababa de esbozar, sólo había, quizás, un poco de satisfacción, lo cual no comprendí de inmediato; pero luego pensé que tal vez fuera porque él estaba seguro de que soltaría su mano, y no lo hize...
Un fuerte pitido me obligó a desconectar nuestras miradas, que habían vuelto a engarzárse; y cuando miré al frente un tren escarlata y azul nos esperaba con las puertas abiertas. Los nervios volvieron, acompañados ahora de unas intensas ganas de llegar a mi destino.
-Vamos- susurró Thomas, y cuidadosemente me jaló hacia él, que ya había dado unos cuantos pasos-. ¡Vamos Matt!- repitió, esta vez en voz más alta dirigiéndose a Matthew. Los tres nos pusimos en camino y, con ayuda de Thomas, yo fui la primera en abordar. Entregué los boletos al encargado y luego los tres nos sentamos en los asientos del fondo.
Recordé cuando tomé el tren para llegar a Paris. En aquella ocasión, no había casi nadie en la estación, pero hoy (aunque no había tantas personas como podrían haber en sircunstancias normales) el número de personas era considerable.
Sentí, por primera vez en mucho tiempo, que ya no tenía nada pendiente, que había cumplido mi cometido y que ya no tendría nada de qué preocuparme, al menos en un tiempo. Dejé que todo mi cuerpo se relajara y que mi mente se despejara. Ya no tendría que caminar por las calles de Francia en plena guerra, ni tendría que rezar para poder encontrar un sitio en dónde dormir.
Si lo pensaba bien, habíamos tenido demasiada suerte. No nos cruzamos con ninguna patrulla y las calles siempre estuvieron despejadas, por no mencionar la suerte que tuvimos de dormir en una casa todas las noches; eso si había alcanzado el máximo de mis espectativas, pues para mi hubieramos tenido suerte durmiendo clandestinamente en el jardín de alguna casa.
Otro fuerte pitido cortó el aire, y con un fuerte traqueteo el tren se puso en marcha. Mi mano izquierda seguía firmemente entrelazada con la de Thomas, yo no podía evitar mirarlo, y me complació descubrir que una deslumbrante sonrisa había curvado sus perfectos labios. Bajé la vista y miré nuestras manos, él tomaba la mía con tanta delicadeza como si temiera que de un momento a otro pudiera romperme; casi como si yo fuera una muñeca de porcelana. De nuevo subí la mirada, y esta vez nuestros ojos empezaron una conversación totalmente ajena a nuestros labios; entre ellos se entendían, y no importaba que los demás se quedaran extrañados ante tan evidente conexión, pues lo único que les importaba era usar ese extraño lenguaje suyo que les permitía comunicarse y ser sinceros entre ellos sin que el resto de nosotros tuviera que enterarse.
La transparencia de los ojos de Thomas era total y absoluta, para él era imposible mentir si uno lo estaba mirando a los ojos, pues su mirada lo delataba y ponía en evidencia lo que había estado tratando de ocultar. Desde el primer momento en que nos vimos, nuestras miradas habían creado esta extraña y hermosa conexión que sólo entre ellas comprendían. Nuestros ojos era la única parte de nuestro cuerpo que admitía lo que el uno sentia por el otro, y quizás fuera precisamente porque entre ellas no se podían mentir. De pronto recordé que Matt seguía con nosotros, y me ruborizé ante la idea de que se hubiera dado cuenta de nustra manera de mirarnos, así que bajé la vista y me dediqué a mirar por la ventana. Thomas rió bajito, y de nuevo me dio un dulce beso en la frente, cómo si supiera exactamente por qué el color había acudido a mis mejillas y pensara que era una cosa insignificante.
Busqué con la mirada a Matt, pero no lo vi por ninguna parte. Thomas, adivinando de nuevo mis pensamientos, susurró a mi oído:
-Se fue a la parte delantera del tren, al parecer tiene una conversación muy entretenida con un hombre al que acaba de conocer.- volvió a reír bajito, y yo lo miré sonriente.
Apoyé mi cabeza en su hombro y la ladeé ligeramente para no dejar de mirarlo. Él también me miraba, y yo no pude evitar ponerme roja ante la infranqueable insistensia de sus ojos. Al poco rato, sin poder evitarlo, me quedé dormida; sumida en un profundo sueño en el que yo me encontraba con Thomas en casa de mi tía, ambos estábamos en los jardines, y de pronto aparecía Ricky meneando la colita; volvía a ser tan pequeño como cuando me lo regalaron, y luego de un rato de animadas conversaciones llegó mi tía, acompañada de Marie y de David. Casi olvidé que aquello era un sueño, y estuve a punto de creerme que nunca me había marchado y que seguía en casa con todos mis seres queridos. Pero la aplastante realidad no tardó en desmoronar mis ilusiones, y una irritante voz dentro de mi cabeza me recordó que lo que casi había creido era tan sólo una fantasía. Despejé mis pensamientos, aún dormida aunque no tan profundamente como antes, y me esforzé en no soñar con nada; ni siquiera con Thomas.
Muy pronto logré mi cometido, y una profunda pero deseada negrura se apoderó de mi y me llevó de nuevo a un rocóndito rincón de mi mente en donde nada me perturbaba. Mis sueños se volvieron profundos de nuevo casi al instante. Ya no tenía noción del tiempo, los minutos me parecían horas y las horas días enteros, cuando la reconfortable negrura que me había refugiado se tornó de nuevo insoportable, mi mente se dilató y pronto desperté.
Parpadeé un par de veces para acostumbrar mis ojos a la luz, y descubrí unos hermosos ojos azules mirándome a través de unas oscuras y gruesas pestañas.
-Buenos días.- susuró Thomas a mi oído, bromeando. Le sonreí ampliamente y levanté mi cabeza que aún reposaba en su hombro. A través de la ventana se veía claramenta que el día había desaparecido para dejar encargada a la noche de vigilar el universo. Titilantes estrellas iluminaban débilmente el paisaje, y la luna, redonda como un plato y de un color blanco nacarado que impresionaba, brillaba intensamente e iba moviéndose con nosotros, como si nos acompañara. El interior del tren estaba muy iluminado. Las luces artificiales eran las que me habían obligado a parpadear un poco antes de poder enfocar mejor mi visión.
-¿Y Matt?- preguunté, aún aturdida, pues acababa de despertarme.
-Se ha dormido hace un par de horas- respondió tranquilamente sin darle mucha importancia, pues su atención estaba totalmente concentrada en mi.
Miré a mi alrededor y me fijé en todos los pasajeros; sólo Thomas y yo estábamos despiertos. Debía ser muy tarde...
-¿No tienes sueño?- pregunté sorprendida. Pues él debía estar aún más cansado que yo, ya que durante todo el trayecto él había llevado a cuestas las tres pesadas maletas.
Se encogió de hombros y sonriendo me respondió:
-Me parece que me quedé hipnotizado viéndote dormir.- lo dijo como si fuera algo obvio, como si no le diera vergüenza en lo más mínimo admitir aquello. Yo, por mi parte no pude evitar ponerme roja de nuevo.
Reí por lo bajo, para disimular el ligero rubor que había acudido a mis mejillas. Pero él no lo pasó por alto, y añadió:
-Sé que ya te lo dije, pero te lo voy a repetir- guñó uno de sus hermosos ojos-. Te ves completamente hermosa cuando te ruborizas.- esta vez no apartó la vista rápidamente, sino que se quedó mirándome, esperándo una respuesta.
El color de mi rostro se hizo aún más pronunciado, y esta vez se extendió por toda mi cara.
-Pues...- murmuré tímidamente- Gracias.- no pude evitar sonreir, pero de inmediato bajé la vista.
¿Acaso no podía ser totalmente claro conmigo? No soportaría mucho tiempo aquellas perfectas indirectas suyas que yo era demasiado desconfiada para aceptar. Me permití mirarlo de nuevo, y él hizo lo mismo. Durante un rato no se escuchó nada a demás de los sonidos de los demás pasajeros al acomodarse en sus asientos o los profundos ronquidos de Matt, los minutos pasaban lentos y conforme se iban convirtiendo en horas un terrible sopor se apoderaba de mi...
Pero de pronto un terrible ruido me sobresaltó, el mismo ruido que meses atrás había oído en mi hogar en Londres cuando la enfermedad de mi madre apenas comenzaba, un ruido al que temía profundamente, un ruido que sabía que pronto me vería obligada a oír de nuevo...
Una bomba.
Segundos antes me encontraba totalmente tranquila, sin llegar siquiera a imaginar que eso pudiera ocurrir en estos momentos, pensando que con tomar aquel tran ya estaría totalmente a salvo. Todo cambió bruscamente, y lo que minutos antes había sido un perfecto momento casi romántico con Thomas se tornó en un ambiente de terror y desesperación. Todos los pasajeros se habían despertado, totalmente confundidos por aquel terrible sonido que seguramente la mayoría ya había escuchado; cuando se dieron cuenta de lo que estaba pasando y de qué había causado aquel estrépito, se levantaron mirando hacia todas direcciones en busca del avión que había arrojado esa arma letal. Nadie tardó mucho en divisarlo, pues el atronador sonido que producía al cortar el aire con su insólita velocidad alertó a todos de su posición. Cada vez volaba más cerca del suelo describiendo círculos sobre la superficie, y por un segundo se perdió de vista, aunque el sonido seguía retumbando en los oídos de cada persona que ahí se encontraba. Todo el mundo guardó silencio inmediatamente, quizás por el terror o por la impresión; lo único que se percibía era el acompasado sonido de las respiraciones, la tensión podía sentirse sin esfuerzo alguno, y la expectación tomó posesión de mi cuerpo.
De pronto, una bomba fue arrojada de nuevo; quizás a muchos metros de distancia pues ninguno podía ver aquella enorme máquina que, encomendada por el ejército enemigo, habría arrojado la pequeña pero mortal arma que desequilibraba la entereza de los pasajeros del tren, aquel terrible sonido apagó completamente al del avión, y en ese instante aunque el avión estuviera muy lejos nadie volvíó a calmarse, la impresión ya había pasado y la gente, totalmente atemorizada y a sabiendas de las terribles consecuencias que esto podría producir, no cesaba de moverse de aquí para allá, como leones enjaulados que buscaran la salida de su prisión. Una mujer gritaba sonoramente mientras sostenía en brazos a su hijo pequeño y un hombre -que debía ser su esposo- los abrazaba a ambos y miraba al vacío con expresión traumatizada. Otro hombre se había arrodillado en su asiento y rezaba en silencio, varios pasajeros lo imitaron y otros seguían mirando en todas direcciones y se tapaban la cabeza con los brazos mientras gritaban improperios, como si esperaran que una bomba fuera a caerles encima y así pudieran evitar o al menos disminuir el daño.
-Por favor, mantengan la calma. Si vuelve a caer otra bomba el tren se detendrá y tendremos que bajarnos. Estaremos más seguros escondidos en alguna cueva que aquí.- el encargado al que le había entregado los boletos apareció por la puerta que nos separaba de la cabina del conductor con la frente perlada por el sudor y expresión aterrorizada. Habló con voz mecánica, casi inhumana por el temor y cuando traté de girar la cabeza para ver en qué lugar nos encontrábamos como para que hubieran cuevas, algo me lo impidió.
Con el temor no me había dado cuenta de que Thomas me había abrazado con gesto protector, poniendo casi todo su cuerpo a mi alrededor tratando de defenderme y que había colocado su mandíbula -ya que era bastante más alto que yo- sobre mi cabeza para protegerme completamente. Ante mi brusco movimiento retiró un poco la presión para dejarme mover, pero no me soltó. A través de la ventana atisbé un paisaje rural, cubierto de maleza y con pequeñas formaciones pedregosas por todas partes. Debíamos estar pasando entre dos montañas.
Volví a fijar mi vista en el interior del tren y vi a Matt agachado en posición fetal y abrazándose las rodillas con los brazos, sin moverse siquiera, como si una fuerza extrañaa se lo impidiera. El tiempo pasaba lentamente, y cada segundo el ambiente se volvía más tenso...
Aunque el encargado había vuelto a pedir a todos que nos mantuvieramos en calma, los gritos no cesaron, y ahora el bebé que la señora cargaba en brazos lloraba desconsoladamente mientras presionaba sus deditos en el brazo de su padre que lo envolvía. Los minutos seguían pasando, y los pasajeros y el encargado no tenían más remedio que calmarse un poco; pues gastar las energías que quizás tuvieran que emplear pronto en salir corriendo hacia un refugio era una total locura. Poco a poco la gente gritaba más bajo, y los que habían estado rezando se levantaban cuidadosamente; Matt se había puesto en pie, y parecía totalmente avergonzado por su reacción. El ambiente comenzaba a calmarse, aunque la tensión no desapareció.
De pronto el un silencio pesado se apoderó de la atmósfera, y cuando ya todos nos considerábamos salvados -pues había pasado bastante tiempo desde que se coló por las pardes metálicas del tren el sonido atronador de la bomba- así sin más, el avión reapareció en el horizonte y el desgarrador sonido aturdió cada una de las mentes que tuvieron el infortunio de escucharlo, pero no arrojó nada. Se alejó de nuevo, y esta vez la gente demasiado impactada y en estado de shock, y tal vez también demasiado cansada y con las gargantas ardiendo de tanto gritar, no se movió ni un milímetro. Sentí que habían pasado años desde que estaba tranquilamente sentada al lado de Thomas. Él me había soltado, pero sostuvo fuertemente su brazo alrededor de mi cintura empujándome hacia él. Ambos nos sentamos y yo traté de respirar profundo.. "El avión se fue, ya todo pasó" me repetí una y otra vez tratando de convencerme, pues ni yo misma me lo creía.
-¿Crees que vuel...?- pero mis palabras quedaron ahogadas por otro fuerte estruendo, el avión había vuelto, ya no hacía falta preguntarle a Thomas si creía que volvería...
Lo que no me esperaba fue el terrible sonido que acompañó a la reaparición del avión: la tercera bomba volvió a caer, y esa era la señal para que se detuviera el tren y todos tuvieramos que escapar.
Tomas se agazapó hacia mi y volvió a cubrirme con su abrazo protector, y fingiendo tranquilidad miró de nuevo al encargado, esperando sus instrucciones. Yo no lo podía creer, nada había pasado en nuestro trayecto hasta acá, donde era infinitamente más posible que algo terrible nos aconteciera, pero justo cuando pensaba que todo estaba terminando, que nos encontrabamos en la recta final, de pronto, todo salió mal...

¡Cuidado! Oh, bueno, puedes ver que hará^^

El botón que no hace nada El botón que no hace nada