miércoles, 9 de junio de 2010

Cap. 17 Primer amor

Aquella mañana desperté con la mente y el corazón -pero sobretodo el corazón- llenos de expectativas acerca de el día que estaba por comenzar. La sencilla promesa de que Thomas estaría conmigo era algo simplemente alucinante...
Cuando desperté, encontré a Ricky aún dormido en la esquina inferior izquierda de mi cama; debía de estar muy cansado después de lo mal que había dormido la noche anterior.
Me levanté con cuidado, tratando de no mover mucho la cama para no despertar a mi mascota y me dirigí al baño. Luego de cepillar pacientemente todos mis rizos, y de asegurarme de haberme puesto la cantidad exacta de perfume, me encaminé al armario.
Tomé un hermoso vestido de un color morado claro y me lo puse. El día de hoy sería perfecto, y eso nadie lo podría arruinar.
Puse mi mano en el pomo de la puerta, y cuando estaba a punto de abrirla alguien del otro lado tocó tres veces.
Cuando abrí me encontré a David, le sonreí ampliamente y él a su vez me devolvió una gran sonrisa de alegría.
-Muy buenos días señorita. He venido a avisarle que su tía ha tenido que salir de viaje la noche de ayer. Ella quizo despedirse, pero usted ya estaba dormida y le dio mucha lástima despertarla.
En esta oportunidad no me desilusioné tanto como la vez pasada, puesto que así podría pasar todo el día con Thomas sin tener que dejar de lado a mi querida tía.
-Buenos días David. Oh, bueno le enviaré una carta para decirle que la quiero y que no se preocupe; si no ya sabes como se pone...-dije bromeando un poco.
David se rió conmigo y me dijo:
-Esa es una buena idea- me guiñó un ojo y bajó conmigo las escaleras.
Al pasar por el pasillo donde se encontraba la habitación de Thomas noté que la puerta ya estaba abierta, así que mi corazón se aceleró pues imaginé que tal vez se encontrara abajo... Esperándome...
¡Ni yo misma podía creer cuán facilmente me emocionaba por tonterías! Bueno, la verdad es que no estaba segura de que fueran tonterías ya que, aquella era la primera vez que me enamoraba de tal forma y no podía saber cómo se sentía el primer amor.
-Bueno señorita, aquí la dejo. Debo terminar mis deberes del día de hoy.- Estaba tan sumergida en mis pensamientos que oir la voz de David me sorprendió un poco. Sonreí ampliamente y le dije:
-No te preocupes, nos vemos luego ¡Que tengas un bonito día!
-Igual para usted señorita.
Él torció a la derecha, en dirección a la puerta trasera, y yo encambio me dirigí a la izquierda para buscar la leche en la puerta principal. La recojí y me dispuse a ir a la cocina para entregárcela a Marie.
Hablé un rato con ella, ya que tenía mucho tiempo sin hacerlo y a demás aquello me ayudaría a mejorar aún más mi francés que todavía no era del todo perfecto.
No hablamos mucho rato, pues al parecer, como David, ella también estaba ocupada. Me senté en la mesa y pregunté en voz alta:
-Marie, ¿Thomas no ha venido hoy por aquí?
-Disculpe ¿quién?- me dio un poco de gracia que aún no supiera su nombre; aunque pensándolo mejor, nadie había tenido todavía la descencia de presentarlos.
-Un chico alto, de pelo negro y ojos azules... Tiene durmiendo aquí un par de días.
-Oh claro. Pues sí señorita, esta mañana muy temprano cuando bajé a la cocina a comenzar con la jornada, él estaba sentado en la mesa desayunando solitariamente. En el momento en que llegue ya estaba casi terminando, pues después de un rato se levantó, y luego de dedicarme un agradable saludo se marchó.- Era la primera vez que Marie me decía algo tan largo (en francés) y yo lograba entenderlo todo a la perfección. Sonreí por el hecho de que mi francés estuviera cada vez mejor, pero a mi parecer el setenta por ciento de la sonrisa que esbozé, se debía a que Thomas sí estaba despierto.
Tomé mi desayuno rápidamente, me despedí de Marie y me dediqué a buscar al chico que hacía de mis días un hermoso cuento que, aunque no tenía principio ni fin, lograba mantenerme despierta por las noches pensando en qué pasaría después.
El primer sitio que se me ocurrió revisar fue el jardín, pero al parecer no estaba ahí. Cuando iba a subir las escaleras para buscarlo en la biblioteca, apareció Ricky meneando el rabito a manera de saludo.
-¡Vaya que estabas cansado! Creo que es la primera vez que duermes tanto.- en respuesta a mi comentario, ladró juguetonamente y salió corriendo al jardín que estaba a mis espaldas. Quizás tuviera pendiente un juego con una pobre ardilla que sería perseguida por los alrededores de la casa por más de dos horas.
Subí las escaleras y entré en la biblioteca. Cuando abrí la puerta mi corazón se aceleró y se detuvo al mismo tiempo.
Allí estaba él, con toda su perfección, sentado en una de las butacas en las que yo había pasado tardes enteras leyendo historias de amor e imaginándome a mi príncipe sin siquiera llegar a pensar en que podría estar tan cerca de mi el primer amor.
Entré sigilosamente tratando de no hacer ruido, pues al parecer estaba muy concentrado en su lectura. Me senté en la butaca más cercana a la suya y cuando ya me sumergía en un libro, subió la cabeza, me miró, y me dijo:
-Muy buenos días, señori... Elizabeth- se corrigió automáticamente.
Me reí un poco y contesté sonriendo a su saludo.
-Buenos días Thomas.
Un silencio incómode se apoderó de la atmósfera por unos instantes, hasta que una hermosa voz angelical rompió el silencio diciendo:
-No sabía que te gustara leer.- me dijo mirándome profundamente a los ojos.
-Pues la verdad es que me encanta, es mi pasatiempo favorito.
-¿De verdad? A mi también me gusta mucho, extrañaba tener un libro entre mis manos...-dijo pensativo y mirando al espacio.
-Ohh, supongo que en la guerra no hay muchos libros que escoger. ¿Cuánto tiempo tenías allí?
-Pues, creo que un poco más de dos años... Fue algo espantoso.- era impresionante cómo habíamos logrado entablar conversación tan rápidamente. También me di cuenta de cómo un tema de conversación te puede llevar a otro totalmente distinto en sólo un momento. En un instante nos encontrabamos hablando de libros, y al siguinte me contaba sus experiencias en la guerra...
- Me lo imagino...
-Yo no tenía ningún amigo hasta que conocí a Nicholas. Todos temían hablar conmigo porque no sabían si eso podría molestar al general Anthony...-traté de hacerme la desentendida y pregunté. -Disculpa, ¿quién es el general Anthony?
-Mi padre.- dijo secamente.
-Oh, comprendo.- si yo estuviera en su lugar, me costaría mucho hablar de las experiencias que había vivido los últimos dos años, y sobretodo si la mayor parte de mis desgracias hubieran sido causadas por mi propio padre, pero al parecer Thomas no pensaba igual pues hablaba de eso con mucha naturalidad.
Justo cuando me disponía a cambiar de tema, una idea asomó en mi cabeza como si de pronto un ciego viera de nuevo.
-Thomas, si estuviste tanto tiempo en el ejército entonces tú, quizás tú...-aún me dolía un poco pronunciar su nombre, pero tenía que preguntarle...- bueno, tú... ¿conocías a... Andrew?- quizás hablé un poco más alto de lo normal, pero hablar de mi hermano me ponía ansiosa.
-Sí, lo conocía... Pero como ya te dije yo no tenía muchos amigos. Era un buen hombre, eso se notaba aún sin haberlo conocido. Su muerte afectó a todo el pelotón...
Bueno, de acuerdo, ya había sido suficiente, lo que había dicho de Andrew me había tocado en lo más profundo de mi ser -para bien- pero yo no podría soportar mucho más hablar del tema sin echarme a llorar, así que pregunté:
-Y... ¿qué leías?- dije con la voz un poco entrecortada.
-Shakespeare, Romeo y Julieta para ser más exactos.- sonrió dulcemente y logró que mi corazón se hinchara en mi pecho.
-¿De verdad? Me encanta la historia...- me podía imaginar claramente en un balcón, con Thomas debajo recitando los versos de Romeo...
Rió melodiosamente.
-A mi también me gusta mucho.
Sentí que el calor subía por mis mejillas, y yo no quería que él se diera cuenta de que me había sonrojado. Así que dije:
-¿No quieres salir un rato al jardín?, hoy el día está hermoso.
-¡Claro, vamos! Ricky se debe estar sintiendo solo- dijo y luego me guiñó un ojo provocando que el rubor en mis mejillas se acrecentara haciéndo que fuera mucho más evidente.
Se levantó de su asiento y me extendió la mano para ayudarme a mi a levantarme. Tomé su mano sin dudarlo y acepté sonriente su gesto de caballerosidad.
Bajamos las escaleras en silencio, y cuando llegamos al jardín encontramos a Ricky gruñendo a un pobre pajarito que estaba tranquilamente posado en las ramas más bajas de uno de los árboles de 'puchis'. Ahora que lo pensaba, hacía algún tiempo que no comía uno...
Me acerqué al árbol, y después de mover ligeramente las ramas para que el pájaro alzara el vuelo, tomé una de esas extrañas frutas que tanto me gustaban.
-¿Te gustaría probar uno? Yo les digo 'puchis', la verdad es que no se cuál es su verdadero nombre, pero son muy ricas.- ya había tenido antes la sensación de que al poner mis pensamientos en palabras, sonaban mucho más ridículos que en mi mente; pero nunca como aquella vez. Me sentí un poco tonta y bastante avergonzada, pero al parecer Thomas no lo notó y me dijo riendo sutilmente:
-La verdad es que se ven deliciosas. Nunca había visto una fruta como ésta.- me reí bajito y el rubor de mis mejillas se dispersó un poco.
-Yo tampoco las había visto antes. Las desubrí en mi primer día aquí.
Fuimos a la cocina, y al pasar por la puerta encontré a Marie preparando el almuerzo.
-Buenos días señorita- dijo Thomas con un perfecto acento francés. Lo miré un poco sorprendida pero no comenté nada.
- ¡Hola Marie! Él es Thomas. Thomas, Marie. Marie, Thomas- dije señalándolos a la vez que mencionaba sus nombres.
-Mucho gusto mademoiselle.- al parecer Thomas hablaba francés desde mucho tiempo atrás.
-Un placer conocerlo.
Después de aquello, Thomas y yo picamos en rebanadas un par de 'puchis' y nos los llevamos al jardín de nuevo.
Cuando ya estuvimos los dos sentados le comenté:
-No sabía que pudieras hablar francés tan bien.
-La verdad es que hablo varios idiomas. Cuando era pequeño, a mi padre le gustaba mantenerme ocupado- dijo con un encojimiento de hombros.- A mi no me molestaba el hecho de aprender algo nuevo, así que nunca me negué.
-Ja, ja, ja pues debe ser muy útil saber tantos idiomas.
-Sí, sí lo es.- dijo deslumbrándome de nuevo con su sonrisa.
Nos dedicamos a comernos los 'puchis' y cuando Thomas probó el primer bocado esbozó una mueca de extrañeza, pero luego de un rato comenzó a cambiar la cara y a asentir para si ligeramente en señal de aprobación.
-Son realmente muy ricos.- comentó cuando ya se había comido su parte de la fruta.
-Lo se- dije muy contenta de que tuvieramos gustos parecidos al menos en cuanto a libros y frutas.
La tarde transcurrió lentamente, y a medida que el día iba avanzando, sentía que quería más y más a aquel extraño chico que podía causar estragos en mi rítmo cardíaco con tan sólo sonreír.
Almorzamos juntos y luego volvimos al jardín. No tuvimos señales de Ricky en todo el día, pues al parecer seguía ocupado persiguiendo a cualquiera que fuera su víctima de aquella tarde.
Al caer la noche, ambos nos miramos a los ojos profundamente. Era la primera vez que nos mirabamos directamente, sin evadir la mirada del otro. El sol comenzaba a esconderse en el horizonte, y yo comenzé a sentir que por enésima vez aquel día, mis mejillas se tornaban de un color rojo carmín.
Las primeras estrellas iluminaron el cielo nocturno y Thomas miró hacia arriba con expresión dubitativa. Como si tratara de descubrir los misterios del universo...
Cuando ya nos encontramos envueltos en la obscuridad de la noche, me dijo:
-Gracias por el día de hoy. Ha sido realmente maravilloso; espero que mañana podamos repetirlo.- Mientras decía esto me miraba a los ojos y aunque yo traté de evitarlo, no pude dejar de sumergirme en su mirada y perderme en ella...
-Eso espero... Que tengas buenas noches.- le dije un poco apenada.
-Igual para tí.- Se levantó cuidadosamente, y después de ayudarme a mi a ponerme de pie, se dirigió a su habitación.
Me quedé sola en el jardín un tiempo más. Parada en la obscuridad. Mi mente estaba llena de hermosos pensamientos acerca del primer amor, que a mi parecer, era lo más hermoso que podría pasarle a cualquier chica... Aunque quizás fuera sólo porque había tenido la suerte de que Thomas fuera la persona que había elegido para enamorarme esa primera vez.
Cuando comenzó a hacer mucho frío, llamé a Ricky y me fui con él en mis brazos a mi habitación.
Tomé un largo baño y luego me fui directo a dormir.
El día siguiente fue igual de perfecto -aunque de diferente manera- al anterior. Todos los días los pasaba con Thomas, y nunca me aburría de ello.
Comentábamos libros, buscábamos formas en las nubes, jugábamos con Ricky y a veces simplemente nos sentabamos uno al lado del otro a mirarnos por largo rato sin decir una sola palabra.
La semana siguiente transcurrió de esta manera, y pronto Thomas se convirtió en el centro de mi existencia. Aunque tal vez esto fuera totalmente normal cuando se trataba del primer amor...

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ahh esos dos ya boan miel q lindo pero no se aun me da idea lo del perro jeje creo q estoy paranoica bueno seguire leyend a ver q tal!! Saludos nena!!

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