miércoles, 19 de mayo de 2010

Cap. 11 Este es mi hogar

Una mano en mi hombro me despertó...
Abrí los ojos sobresaltada y ahí estaba ella. Mi tía estaba parada frente a mi saludando emocionada con la mano. Me levanté de un salto y fui a abrazarla, ella, me devolvió el abrazo más fuerte que había recibido nunca.
-¡Mi niña! Cuánto te he extrañado, ni te lo imaginas. Te traje un montón de cosas que estoy segura que te encantarán.
-¡Tía! Yo también te extrañé mucho. No tenías por qué...- dije un poco avergonzada- Estoy muy contenta de que hayas vuelto, ahora podrás mostrarme el jardín como lo prometiste.
Una ancha sonrisa curvó sus labios carnosos pintados cuidadosamente de un color rojo carmesí y en sus ojos verdes una chispa de emoción iluminó todo su rostro. ¡Qué fácil era hacer feliz a mi tía! Recordé lo que había estado pensando la noche anterior antes de dormirme y me di cuenta de que no tenía sentido volver a estar deprimida. Con eso no ganaría nada, a demás, mi hermano y mi madre ahora estaban felices juntos; y cuando mi padre volviera estaba segura de que podríamos vivir los tres juntos con mi tía. Me alegraba tanto que ella estuviera aquí... Y al parecer me había extrañado mucho, porque se puso contentísima cuando mencioné nuestro paseo por el jardín -más de lo que yo hubiera imaginado- y dijo:
-¡Pero por supuesto cariño! Hoy podemos hacer todo lo que tu quieras para compensarte por tan prolongada ausencia. -me miró con ojos de disculpa y agregó- a demás, se que quizás te parezca extraño que tenga que realizar un viaje de trabajo en plena guerra, así que tenía pensado explicarte a qué me dedico...
-¡Claro tía! Pero, ahora tengo mucha hambre. ¿Qué tal si hablamos después de desayunar?
-De acuerdo, bajemos- sus intensa mirada de cariño traspasó mis ojos y recorde a mi madre... Hacía mucho tiempo que nadie me veía de esa manera. Mi mamá me miraba exactamente de esa forma, y el que sus ojos fueran idénticos, me hacía sentir aún más triste... Pero esta vez no permití que eso me deprimiera, más bien, me encantó. Así nunca olvidaría a mi madre ni cómo solía mirarme.
Tal vez mi tía se dio cuenta del ligero gesto de tristeza que esbozé en respuesta a esa tierna mirada porque, como si supiera exactamente en qué estaba pensando, me dijo:
-No estés triste corazón... Se que extrañas mucho a tu familia. Quizás aquí hayan varias cosas que te recuerden a tu madre, estoy segura de que eso te dificulta superar su ausencia. Pero, te voy a decir un secreto- dijo guiñandome un ojo- en esta casa hay muchas cosas que pertenecían a Elizabeth, cuando te sientas preparada sólo tienes que decirlo y yo puedo mostrártelas. No dudes nunca en contarme nada, yo estaré siempre aquí para ti.
Sonreí con la mayor franqueza que pude expresar con sólo un gesto, y simplemente asentí.
Bajamos juntas a la cocina, y recordé que no había ido a buscar la leche aquella mañana, así que antes de sentarme a la mesa pasé por la puerta principal, recogí la leche y se la lleve a Marie, que me saludó con una gran sonrisa.
Mi francés había mejorado bastante desde que llegué, y aunque David y mi tía hablaban inglés -por lo cual no era necesario que aprendiera a hablar francés- Marie y casi todos los demás empleados no hablaban mi idioma, así que me esforzé por aprender un poco y hasta el momento había podido sostener varias conversaciones cortas con Marie y con otras personas que trabajaban allí.
Me senté a la mesa y mi tía sonrió ampliamente. Hablamos sobre varios temas triviales y cuando terminamos de comer subimos a la biblioteca, que era nuestro lugar preferido para conversar.
Ya sentadas ambas en las cómodas butacas de aquel lugar repleto de estanterías llenas de libros mi tía comenzó a hablar sobre su trabajo y sobre lo que tenía que hacer y sobre las razones por las que tenía que salir de viaje tan a menudo.
Resulta que mi querida tía Lynette, se encargaba de distribuir medicinas, ropas y alimentos a las personas más necesitadas. Me dijo que tenía mucho tiempo haciéndolo y que desde que se había iniciado la guerra la gente estaba mucho más necesitada de lo que yo podía imaginar. Aunque ella sabía que no era necesario ir ella misma a repartir todos estos artículos escenciales, le encantaba ver la cara de felicidad que las personas, que comunmente no tenían nada, ponían cuando se les entregaba la más minima muestra de afecto. Me prometió que un día iría con ella a repartir alegría, pero que este no era el momento más indicado para hacerlo ya que en plena guerra no es muy conveniente salir y ella no quería arriesgarme.
Pasamos horas hablando sobre las experiencias que había vivido con estas personas en los lugares más remotos del planeta y sobre qué haría yo si estuviera en su lugar.
Jamás habría imaginado que mi tan delicada tía Lynette tendría un trabajo de esta magnitud. Saberlo me hizo sentir aún más respeto por ella y me alegré todavía más de tener la suerte de vivir en su hogar.
Marie muy amablemente se apereció en la biblioteca alrededor de las dos de la tarde con nuestro almuerzo, ya que estabamos tan absortas en las vivencias de mi tía que ninguna de las dos era conciente de todo el tiempo que habíamos pasabo hablando. Después de almorzar sugerí que ya era hora de pasear por el jardín y ella aceptó gustosa.
La caminata por los alrededores de la casa fue realmente placentera y cuando el manto negro de la noche nos cubrio por completo, nos sentamos una junto a la otra para observar las estrellas. El cielo nocturno era verdaderamente hermoso en aquel lugar. Estaba tan alejado de la ciudad que ninguna luz impedía observar las estrellas en todo su esplendor. Parecían millones y millones de luciérnagas que flotaban todas juntas bajo la negrura de la noche. Cuando sentí demasiado agotada me despedí de mi tía y subí a mi habitación a darme un baño de burbujas después de aquel día tan perfecto. Me puse la pijama y me dormí inmediatamente.
Al día siguiente cuando desperté y bajé a buscar la leche, Marie me dijo que se sentía un poco mal, y que quizás tuviera la misma gripe que había afectado a la otra muchacha. Me impresionó haber entendido todo aquello sin ningún problema -ya que lógicamente me hablaba en francés- y le dije que se quedara tranquila, que fuera a dormir un poco y que yo prepararía el desayuno.
Quise sorprender a mi tía preparándole algo especial, así que cuando todo estuvo listo corté unas flores del jardín y las puse en un florero en la mesa, tomé una hoja de papel y escribí: ¡Muchas gracias, por TODO!
Doblé la notita y la puse al lado del plato. Cuando terminé de comer lo que me había preparado, esperé a que llegara mi tía.
Cuando la figura menuda de la "señotita Lynette" atravesó la puerta de la cocina, me encontró con ojos expectantes y cara de nervios. Después de dedicarme una mirada extrañada se fijó en la comida, las flores y la notita qu reposaban sobre la mesa.
De repente sus ojos se llenaron de lágrimas de alegría -algo que yo no me esperaba- y me estrechó fuertemente junto a su pecho. No dejó de agradecérmelo durante todo el día y me prometió que guardaría esa pequeña nota para siempre.
No sabía por qué, pero estaba segura de que todo lo que decía, lo decía con total sinceridad.
Aunque yo ya sabía cuánto me quería mi tía Lynette, esa tierna reacción me hizo asegurarme de ello.
-Es que últimamente has hecho tanto por mi...-dije tratando de no romper a llorar- Ahora se que aquí estoy en casa, que este es mi hogar. Por fin encontré el lugar al que pertenezco y todo es gracias a ti.
Pero esto fue demasiado para mi tía, que me abrazó de nuevo y me dijo con nuevas lágrimas en los ojos que yo ya era su hija y que esta era mi casa.
Los días siguientes estuvimos todo el tiempo juntas, y todos los días hacíamos algo distinto. Jamás me aburría de mi queridísima tía Lynette.
El mes de diciembre llegó, y aunque fue la primera navidad que estuve sin mi familia, me sentí en casa. Mi tía me hizo un montón de obsequios que incluían libros, ropa, golosinas y toda clase de inimaginables detalles. El mejor de ellos fue un pequeño Husky Siberiano de pelaje blanco y negro y con unos brillantes ojos azules. Tenía pedigree y su nombre era: "Sir Attimor Lord Royal" pero yo decidí llamarlo Ricky de cariño. Pronto se convirtió en mi mejor amigo y nos acompañaba a mi tía y a mi en nuestros paseos por el parque, y hasta en la biblioteca, ya que era el perrito más obediente del planeta.
Cuando enero se abrió paso por los intrincados caminos de un año que se va, la blanca nieve todavía no había desaparecido y Ricky y yo nos dedicamos a jugar afuera por horas. Siempre terminabamos empapados hasta la médula y al subir a mi habitación para secarnos llenábamos todos los pasillos de agua. A mi tía le encantaba que yo me divirtiera, pero a David no le hacía mucha gracia tener que secar el piso. Yo lo ayudaba casi todo el tiempo -cuando no tenía demasiado frío para moverme- así que el nunca se quejó.
Cuando subíamos a mi habitación, tomabamos un baño de agua caliente y Ricky se sacudía llenando de cristalinas gotas de agua el gran espejo de mi baño. Terminábamos tan cansados, que cuando caía la noche, ambos nos acostábamos en mi cama y dormíamos hasta muy avanzado el día siguiente.
Había pasado algunos meses en aquella casa y podía afirmar firmemente que: "Este era mi hogar"
El mes de marzo llegó, y ya la nieve se había esfumado, pero las flores comenzaban a brotar en los arbustos y el sol hizo acto de presencia después de muchos meses sin calentar tanto. Los pajaritos y las ardillas aparecieron también y entonces descubri que a Ricky le encantaba perseguir a los otros animalitos.
Era tan feliz...
Este es mi hogar, solía repetirme todas las noches antes de dormir y al parecer mi pequeña mascota estaba totalmemte de acuerdo con aquello.
Seguía leyendo historias de príncipes y princesas; y aunque mi príncipe aún no llegaba, yo estaba segura de que pronto aparecería. Mi padre no había respondido a mi carta y yo empezé a preocuparme... ¿Qué habría pasado? y aunque trataba de no pensar mucho en eso, de cuando en cuando este fugaz pensamiento se atravesaba por mi mente y me hacía añorar Londres, y mi familia.
Mi tía Lynette no había tenido que salir de viaje desde hacía mucho tiempo y yo me alegraba por eso. Ya casi cumpliría diecisiete, el seis de abril, y mi tía decía que organizaría una fiesta -aunque solo tuviera por invitados a las personas que ya se hayaban en la casa- lo cual era una idea que me entusiasmaba.
Y así pasaron mis primeros meses en Paris... En mi nuevo hogar donde yo era totalmente feliz.

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ahhhhh q lindo de verdad!! y el perro mas comcico ese nombre hasta con apellido y todo jajaja umm una fiesta vamos a ver q tal les va!! sigo leyendo linda!!

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