lunes, 24 de mayo de 2010

Cap. 13 Fiesta "sorpresa"

Todas las noches dormía con mi nuevo osito de felpa. Cuando abría los ojos por las mañanas, lo abrazaba y lo ponía sobre la cama para que de nuevo en la noche fuera mi acompañante. Ya que mi tía al parecer estaba demasiado ocupada ultimamente, dediqué los últimos cinco días antes de mi cumpleaños a enseñar a Ricky nuevos trucos y maromas. Los aprendía todos sin mucho esfuerzo y realmemte rápido. Era un perrito muy inteligente, y no era porque lo dijera yo, que era su dueña. Muy pronto descubrí que al terminar de entrenar estaba tan cansado que no me despertaba por las mañanas.
Apenas me despertaba bajaba a buscar la leche y luego me quedaba un rato hablando con Marie para practicar mi francés. Esa semana desayuné con mi tía solamente una o dos veces.
Ponía verdadero empeño en que yo no me enterara de nada; y a decir verdad yo no oí nada de ninguna fiesta hasta la noche anterior al 6 de abril.
-Mi niña- me dijo con cara de emoción- me gustaría que te acostaras temprano esta noche para que mañana tengas las energías renovadas y disfrutes al máximo tu fiesta. El vestido ya está listo, le he pedido a David que lo cuelgue en tu armario.
-¡Oh tía muchísimas gracias! Por todo... Iré a buscar a Ricky y me voy a dormir de inmediato.
Le planté un beso en la mejilla y salí dando brincos por los pasillos. En el camino me encontré con mi querida bolita de pelos , que al verme tan contenta se emocionó sobremanera y me persiguió hasta mi habitación meneando el rabito.
No me atrevía a abrir mi closet hasta el día siguiente, así mi tía podría ver la sorpresa en mi rostro cuando me viera usando el vestido de mi madre.
Corrí rápidamente a la ducha y tomé un largo baño. Después de ponerme el pijama me acurruqué entre aquellas gruesas sábanas de seda y para mi sorpresa me quedé dormida casi de inmediato.
Soñé con mi madre; pero no era "mi mamá" sino una Elizabeth más joven, más parecida a mi tal y como la había visto en las fotos. Estaba en una casa y sólo cantaba y bailaba. Cuando miré bien me di cuenta de que era mi casa antigüa de Londres y de que mi madre llevaba el vestido que yo había sacado de su baúl...
En el sueño yo sólo la miraba. Creo que en ningún momento le quité la vista de encima.
Cuando ya llevaba mucho tiempo observándola, ella dio un giro muy grácil y quedó parada frente a mi. Sonrió ampliamente y me dijo:
-Mi niña, no sabes lo orgullosa que estoy de ti...
Me desperté sobresaltada y me di cuenta de que mis ojos estaban húmedos. Sequé con rapidez mis lágrimas y me senté al borde de mi cama. Ya era de día... ¿Que habría sido aquel sueño? ¿Me estaría hablando realmente mi madre o era tan sólo un producto de mi imaginación?
Si soy sincera, jamás supe las respuestas de ninguna de esas dos preguntas.
Miré a mi alrededor todavía desorientada, muy pronto tuve los ojos de Ricky a centímetros de mi rostro. Seguramente me habría oido despertarme y me quería venir a felicitar. Me lamió numerosas veces el rostro y después de: "ladrar" en señal de aprecio me lamió, de nuevo.
Salí de mi habitación aún en pijama y descubrí a David y a mi tía tratando de subir a hurtadillas por las escaleras quizás para despertarme.
Como no me vieron no quise romperles la ilusión y volví a acostarme en mi cama con las sábanas tapandome hasta la cabeza para que mi gesto no me delatara.
Tenía razón. Después de unos pocos segundos pude oír cómo habrían la puerta y se acercaban a donde yo me encontraba "duermiendo".
-FELIZ CUMPLEAÑOS- Gritaron al unísono. Realmente me sobresalté, pues no esperaba tanto ruido. Mi actuación fue perfecta.
-¡Gracias! ¡Muy buenos días!
Mi tía Lynette se acercó a mi y como siempre que me abrazaba, sentí que mis ojos se salían de sus órbitas. David me abrazó también, pero el fue un poco más cuidadoso, como para no partirme los huesos tal y como parecía que mi tía quería.
A lo largo de la mañana nadie dejó de felicitarme. Habían algunos criados de los que ni siquiera me acordaba y de pronto me encontraba abrazándolos y dándoles las gracias emotivamente.
Resulta que Marie me había preparado una torta para el desayuno, como anticipación de la que tendría en mi fiesta de aquella noche. Cuando traté de ir a recoger la leche, mi tía me dijo que Marie lo había hecho ya; que hoy era mi día especial y que no tendría que hacer nada.
Entre los más destacados de mis regalos se encontraban unos aretes de diamantes con un collar que le hacía juego, una pila de los libros que yo moría por devorar páguna a página desde hacía varios meses y el hermoso vestido que mi tía había querido que yo usara aquella noche... Era realmente bello, pero no le llegaba a los tobillos al de mi madre. Tal vez fuera sólo por razones sentimentales, pero eso era lo que yo creía.
Cuando ya todos me hubieron saludado y felicitado, mi tía me tomó de la mano y me dijo que ya era hora de que me preparara.
Subí a mi cuarto y tomé un largo baño de espuma. Después de esto me dirigí a mi closet y abrí la puerta...
Ahí estaba el vestido de mi mamá.
Era totalmente perfecto, y mis ojos se llenaron de lágrimas mientras yo estaba parada ahí, en soledad pasando mi primer cumpleaños sin mi familia...
Traté de no perder la compostura. Sequé mis ojos y tomé aquel hermoso vestido.
Lo puse frente a mi y lo observé largo rato.
Al ponermelo noté que me quedaba como un guante; casi como si lo hubieran hecho a la medida. Me miré en el espejo y mi corazón dio un vuelco...
Me veía realmente hermosa... Sin ánimos de presumir, pero era cierto. Parecía una de las princesas de mis historias; es más, era mas bella que ellas. Mi cabello todavía estaba un poco húmedo, pero los dorados bucles que llegaban hasta mi espalda caían sobre mis hombros y enmarcaban mi rostro de finas facciones haciendome ver verdaderamente encantadora. El color del vestido, de un rosa pálido, resaltaba el color verde esmeralda de mis brillantes ojos.
Justo cuando me disponía a girar ligeramente para observar el vestido desde distintos ángulos mi tía entró en la habitación.
Se le cayó el alma al suelo apenas me vio. Al parecer ella también había notado que era la copia exacta de mi madre.
De sus ojos brotaron unas pocas lágrimas, quizás lágrimas de alegría o tal vez aquellas lágrimas que emanan de tus ojos cuando reprimes el sufrimiento demasiado tiempo y, cuando te parece que los recuerdos ya no te dejaran en paz, recorren tu rostro con el amargo sabor de la tristeza y la añoranza.
Cerró ligeramente sus ojos y con el dorso de la mano secó las cristalinas gotas que al humedecer sus mejillas la hacían parecer veinte años más jóven.
Expresó en voz alta lo que yo había estado pensando cuando comentó que me veía igual a mi madre.
Colocó tan solo un broche en mi cabello, formando una media cola y ordenando esmeradamente cada uno de los bucles de oro. Le pedí que no me maquillara, yo quería lucir totalmente natural, al lo que ella no se negó pues nunca se negaba a lo que yo pedía.
Oí a lo lejos que en el salón de abajo los murmullos se hacían cada vez más intensos y una suave música de fondo impregnaba el ambiente de hermosas melodías. Con cada nota mi rítmo cardíaco se iba acelerando, y cuando bajé por las escaleras acompañada de mi tía el impacto fue tal que tuve que detenerme un momento a tomar aire.
La decoración era perfecta. Rosas blancas y los pétalos de las mismas se podían observar en cada rincón dle gran salón. Listones blancos de tela de razo rodeaban el pasamanos de la escalera y la puerta que daba hacia el jardín estaba abierta causando un efecto de "cuento de hadas" pues por todo el cielo se veían pequeñas lucesitas que parecían luciérnagas y que iluminaban cada centímetro del jardín. Podías observarlas con facilidad aunque fueran apenas las seis de la tarde y la oscuridad aún no hubiera llenado por completo el cielo.
En el preciso instante en que bajé las escaleras hasta el pundo de hacerme visible para mis invitados el aire se llenó de susurros y comentarios de admiración hacia mi apariencia.
Una total alegría llenó mi cuerpo y me sentí la persona más especial de toda Europa aún en las circunstancias en las que estaba.
La noche fue ideal, tal como mi tía la había descrito. Los pocos invitados que habían podido acudir eran los vecinos y algunos de los criados que vivían conmigo.
Ricky correteó de un lado para otro brincando sobre los invitados con el lazo azul que yo le había atado justo antes de salir de mi cuarto.
Yo nisiquiera había almorzado y a mitad de la noche mi estómago comenzóa gruñir; así que me dirigí a la mesa de la comida y quedé impactada por la variedad y exclusividad de todas las botanas que mi tía había mandado a preparar.
Fue una de las noches más perfectas, aunque no habían muchas personas con mi edad, los amigos de mi tía eran realmente divertidos. Me presentó a cada uno de los vecinos y nadie dejó de lanzarme un piropo o darme un agradable comentario acerca de mi aspecto.
David me dijo que parecía una princesa y recordé aquella princesa de mi cuento que encontraba a su príncipe -que la venía a rescatar de sus desdichas- y no me sentí ahora para nada identificada con ella. Yo era la persona más feliz del mundo, no podía quejarme de nada. Lo tenía todo... Bueno, "casi" todo. Me faltaba mi familia... Pero nada se podía hacer, y lo hecho hecho está. Mantenía las esperanzas de que muy pronto regresara mi padre para así poder mostrarle y tambié contarle todo lo que había vivido.
Traté de no pensar más en ello por esa noche. Después de cantar cumpleaños y de que todos me dieran un abrazo o un fuerte apretón de manos las personas allí presetes empezaron a irse.
Muy entrada ya la madrugada se fue el último invitado y aunque estuviera muy cansada, mi tía se quedó hablando conmigo por un rato acerca de todo lo vivido aquel día.
-¿Te ha gustado tu fiesta "sorpresa"?- dijo haciendo hincapié en esa palabra (ya que las dos sabíamos que no era ninguna sorpresa que tendría una fiesta).
-El verbo gustar se queda corto tía, ha sido perfecto. La verdad si estaba sorprendida. La decoración parecía irreal y todos eran tan agradables... Gracias tía, gracias por todo- le dije por tercera vez desde que nos conocíamos y luego la abrazé fuertemente. Dormí en las nubes aquella noche, con la esperanza de pronto dejar atrás mis sufrimientos por completo.
Tome al osito entre mis brazos y con Ricky a mi lado dormí plácidamente, dentro de una burbuja de fantasía que nadie, absolutamente nadie me podría pinchar.

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ahhhhh q lindo nena en si la historia la pintas como un cuento de hadas si hay muchas cosas malas pero x como van las cosas todo parece estar bien!! sigo leyendo!!

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