domingo, 9 de mayo de 2010

Cap. 7 Quizás, sólo quizás...

Ahí estaba yo, parada en medio de una estación de trenes casi vacía esperando a que el tren que me llevaría a casa de mi tía se detuviera por completo para dejarme abordar. El silbato dio un chillido agudo avisando a las pocas personas que allí se encontraban que ya podían subir. Tomé mi maleta y me dirigí a la puerta abierta de aquella máquina que me esperaba quieta.
Cuando entré y tomé asiento me sentí un poco... ¿reconfortada? No, no era la mejor palabra para describir aquella sensación. Quizás fuera sólo que sentía que estaba cumpliendo los deseos de mi madre y eso me provocó esa sensación extraña. Sentí como si hubiera llegado por fin a la meta, como si después de haber corrido un maratón de varios kilómetros la carrera hubiera terminado, y, aunque no había llegado de primera, había terminado. Después me di cuenta de que realmente no había terminado la carrera, sino que apenas empezaba... Pronto tendría una nueva vida, una nueva casa y una nueva familia a la que tendría que acostumbrarme, pero en aquel momento eso no me preocupaba; sólo quería llegar a Paris, luego me preocuparía por eso...
Recosté la cabeza del asiento contiguo que se encontraba vacío -no habrían mas de diez personas en un tren con capacidad para trescientas- e intenté cerrar los ojos sin pensar en nada. Oí que el silbato volvía a sonar anunciando que estabamos a punto de partir...
El tren se puso en movimiento con una sacudida y yo traté de quedarme dormida, cerré mis párpados e intenté pensar en cosas buenas, pero no funciónó. No quería ver por la ventana para no tener la horrible visión de lo que la guerra había dejado, así que ocupé mi mente haciendo garabatos en un cuadernito que mi madre me había regalado mucho tiempo atrás. Todavía estaba demasiado avergonzada con la mujer que me había vendido el boleto, me sentía estúpida. ¡Claro que sabía que Gran Brataña era una isla! Eran sólo los nervios del viaje. Ahora que lo pensaba ¿Qué habrán creido Anthony y Benjamin cuando les dije que tomaría un tren a Paris? seguro pensaron que era una estúpida... Bueno, ya nada podía hacer y, es más, no volvería a verlos nunca porque de ahora en adelante viviría en Paris, la cuidad de la luz y del "amor". Quizás allá pudiera yo encontrar ese verdadero amor con el que había soñado desde pequeña; quizás me enamoraría perdidamente de algún muchacho francés, quizás mi vida en Francia no fuera tan desdichada, quizás, sólo quizás, la tía Lynette no fuera como yo me la imaginaba y yo viviría medianamente feliz... Quizás, sólo quizás... Me quedé dormida, todavía imaginando aquello, no soñé con nada y cuando desperté ya estaba en el sur de Inglaterra. El tren estaba a punto de detenerse e imaginé que hubiera pasado si no hubiera despertado y el tren hubiera seguido su rumbo ¿A dónde habría ido a parar? La idea me hizo reir un poco, y con las energías renovadas tomé mi maleta, bajé del tren y salí de la estación.
Yo nunca había ido a ningun lugar que no estuviera en Londres; era la primera vez que veía aquel sitio -me sentí un poco intimidada- pero no podía quedarme ahí parada como una idiota esperando que algún ratero tratara de llevarse mis pertenencias, así que comenzé a caminar y a caminar tratando de pedir indicaciones para llegar al puerto donde tomaría el barco a Francia. Por mis pocos conocimientos de geografía, deduje que llegaría a Le Havre (que era el estado francés con costa más cercano a Paris) y luego tomaría un tren que me llevaría a casa de mi tía.
Seguí caminando y pedí indicaciones a una mujer regordeta y con cara de ser amable. Señaló con bastante exactitud que camino debía tomar para llegar. Me dijo que no estaba muy lejos, que tendría que caminar un poco más de quinientos metros y llegaría. Esto me alivio un poco, me despedí de la mujer y seguí mi camino.
Me di cuenta de que aquel sitio había quedado mucho peor por la guerra que Londres, no había casi ninguna planta y todo se veía gris y vacío.
Caminé, siguendo las instrucciones de aquella mujer y pronto llegué al puerto. Compre mi boleto y ya que el barco salía inmediatamente no tuve mucho tiempo para descansar hasta que por fin estuve adentro.
Durante mi viaje, no pasaron muchas cosas dignas de ser mencionadas. El tiempo que tardé en llegar a Francia me pareció eterno, recordé que mi tía vivía en el campo y no en la ciudad como había imaginado. Cuando mamá habló de la tía Lynette mi imaginación voló al centro de París; y a una casa al lado de la Torre Eiffel. Luego supe, -cuando recibí la dirección- que vivía más bien a las afueras de París en una enorme casa en el campo y, por lo que sabía, cuando llegara me recibirían muchos sirvientes.
El barco atracó en el puerto de la ciudad de Le Havre y yo bajé y me encaminé a la estación de trenes que gracias a Dios estaba justo al lado -no tuve que pedir direcciones, ni usar mi mal hablado francés- y compré un boleto para el próximo tren a Paris, que salía, para mi fortuna, en tan sólo cinco minutos.
Cuando llegó el tren abordé, me senté apartada de las demás personas en un asiento vacio del fondo, el viaje sólo duraría dos horas. Retomé el pensamiento que había dejado inconcluso en el tren que tomé en Londres: quizás, solo quizás encontraría en París el amor. Era una corazonada más que un deseo. Y para ser sinceros me sorprendió hallarme pensando en el amor, pero al parecer este pensamiento logró que el viaje a Paris se me hiciera muy corto. Al darme cuenta, el tren se había detenido y yo me encontraba en Paris, pensando en que quizás, sólo quizas el amor tocaría pronto a mi puerta...

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ahhhhhh el amore el amore ajaja que bien q este mas animada y q no le allan surgido contratiempos!!bueno nena como no puedo resistir leere un poco mas y luego si me voy a dormir saludos!!

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