lunes, 3 de mayo de 2010

Cap. 2- Conclusiones equivocadas

Después de aquel día, sentí que la relación entre mi mamá y yo (que siempre había sido muy especial) había cambiado por completo. Creí que ya no se guardaba nada para ella misma, que se desahogaba conmigo…
Quizás fue una inmadurez de mi parte pensar que ella, una mujer adulta, le contaría todo a una niña que apenas comenzaba a vivir, que no tenía ninguna experiencia dando consejos o ayudando a la gente con problemas que, para colmo, no eran pequeños en lo más mínimo –la muerte de un hijo y la ausencia de un esposo no era el concepto que yo tenía de “problema pequeño”- pero, tal vez por estas mismas razones (la inexperiencia y demás) pensé que sabía todo acerca de su sufrimiento, acerca de lo que ella sentía.
Después de algún tiempo descubrí, para mi desgracia, que no era así. Un día quise hablar con ella para continuar con mi plan de “intento ser fuerte”-eso nunca cambió, siempre tuve la intención de que ella pensara que yo estaba bien pasara lo que pasara- pero cuando me dirigí hacia su habitación vi que la puerta estaba cerrada, y esto me pareció tan extraño que la abrí para ver que pasaba.
Cuando abrí la puerta me di cuenta de que hubiera querido no hacerlo, encontré a mi madre tendida en su cama llorando amargamente y tosiendo de una manera inhumana, parecían los quejidos de un animal sollozante que se encontraba al borde de la muerte. Me asusté, realmente me asusté mucho; pero no podía dejarla sola en ese estado y menos si ella no pensaba comentárselo a nadie y sufrir en soledad –en ese momento me di cuenta que llevaba demasiado tiempo sufriendo sola, sin compañía de nadie y que quizás eso había sido lo que había causado el deterioro de su salud en un lapso de tiempo tan corto-. Carraspeé un poco para hacerle notar que estaba allí y ella, como había imaginado, intento levantarse y dejar de llorar, pero cuando intentó contener la tos se dio cuenta de que no podía más; se tendió de nuevo en su cama y me miro con ojos ojerosos…
-¡Oh querida! Que desdicha que me hayas encontrado en tal estado… No tienes por qué preocuparte, yo estoy bien; tan sólo que he estado muy cansada últimamente y necesitaba descansar.- Observó la expresión de incredulidad en mi rostro y agrego:- De verdad, estoy bien. Todo el polvo que levantan esos infernales aviones me ha causado una alergia, y ya sabes que me pasa cuando me ataca una de esas alergias; es tan solo algo pasajero, ya veras.
No esperé a que siguiera inventando malas excusas y me marché molesta, en parte con mi madre y por otra parte conmigo misma. Nunca llegué a saber con certeza que me molestó de mi misma en aquel momento, tal vez había sido lo incrédula que fui al pensar que mi madre confiaba en mi o quizás tan sólo fue la rabia que lo invade a uno cuando le mienten de esa forma tan descarada.
Ya en mi habitación, me recosté de mi cama de dosel y mire las paredes, que habían sido pintadas por mi padre ya bastante tiempo atrás de un color rosa pálido que me hacía recordar mi niñez. Recorrí mi dormitorio con la mirada, todo estaba igual a cuando él lo había dejado; excepto tal vez, que la enorme ventana que estaba en la pared lateral, donde yo solía apoyarme y mirar hacia abajo a las distintas personas que pasaban por la calle, estaba ahora tapeada con tablas, ni siquiera un juguetón rayo de sol hubiera logrado colarse por ahí. Y de repente sucedió…
Ese ruido al que tanto le temía, aquel que tanto había esperado no volver a oír, llenó con estrépito mi habitación sacándome por completo de mis divagaciones. Una bomba había caído muy cerca de mi hogar; y si habían lanzado una los despiadados soldados del ejército enemigo, no pensarían dos veces para arrojar una segunda…
Salí corriendo al dormitorio de mi madre y con cuidado la ayude a bajar por las escaleras y nos escondimos en el refugio que habíamos construido cuando se inició la guerra, en el patio trasero de la casa. Entramos por la portezuela que habíamos instalado y bajamos unos cuantos escaloncitos hacia una pequeña estancia en donde había solamente una camita y una alacena repleta de comida de larga duración. Hasta ese momento sólo habíamos entrado a nuestro pequeño refugio en una ocasión, cuando hace algún tiempo una bomba cayó en el jardín de un vecino dos casas más allá de la nuestra. Tenía la ligera sospecha de que tendríamos que pasar ahí la noche y, como si mis palabras hubieran sido órdenes, de pronto un gran estrépito se oyó en el saloncito. Y esa no fue la última bomba que lanzaron aquel día. Alrededor de tres bombas más se hicieron escuchar a través de las paredes. Mi madre, que estaba muy débil, se recostó en la cama dejándome un espacio junto a ella. Me acosté a su lado e inmediatamente ella se quedo dormida. Al contrario, yo no pude dormir esa noche; allí en esa pequeña estancia me di cuenta de cuan deteriorada estaba la salud de mi madre y de que, de no ser tratado pronto, podría… no quería pensarlo siquiera, ella podría morir… De tan sólo pensarlo se me hizo un nudo en la garganta y sentí una extraña sensación en el centro de mi pecho; era algo así como si alguien intentara arrancarme el corazón a pedazos.

2 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Nena me gusta la manera en la que escribes y narras en verdad que si, pobre, pobre de Eli en verdad espero su madre no seponga peor xq no me la quiero imaginar sola!!! y estan en que primera o segunda guerra mundial?? jeje sigo leyendo!!

Mary(: dijo...

jajaja en la segunda(: mas adelante lo dice :D un beso

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