miércoles, 12 de mayo de 2010

Cap. 9 La tía Lynette

El día siguiente amaneció muy brillante. Cuando salí de la cama fui al baño a lavarme la cara y a tomar un baño. Prendí el agua y el aire pronto comenzó a llenarse de vapor. Cuando la bañera estuvo llena hasta el tope de agua caliente, me metí y en ella y cerré los párpados. Aquello parecía un sueño, era casi imposible que fuera real. Sobretodo después de tantas preocupaciones...
Terminé de bañarme y me envolví en una toalla rosa -todo en mi habotación era rosado, como si mi tía supiera que el color me encantaba- salí del baño y me dirigí al coloset donde me puse un vestido azul turquesa que me pareció bastante inocente y muy adecuado para bajar a conocer a mi tía, pero luego pensé que quizás si la primera vez que me veía era con un vestido de color turquesa, creería que se había equivocado al escoger mi color preferido, así que tomé uno rosa de los muchos que estaban ahí colgados y me lo puse. No supe porque estas extrañas conclusiones acudieron a mi mente, pero me pareció lo más correcto.
Cuando estaba a punto de salir de mi dormitorio, encontré una nota en mi mesa de noche. Decía:
"Elizabeth, mi niña. Estoy ansiosa de poder conocerte, y quiero decirte de antemano que lamento no poderte haber ido a recojer, pero estaba muy ocupada; aunque no te preocupes, recibiras una disculpa personal cuando bajes a desayunar. Cuando despiertes y te hayas vestido, ven a la cocina (que se encuentra bajando las escaleras en la puerta contigua a la de la estancia que supongo que mi querido David te mostró ayer) Besos, Lynette"
Tomé la notita y la guardé en la primera gaveta de mi nueva mesa de noche. Vaya, la tía Lynette parecía realmente amable... Ya estaba casi convencida de que me encantaría vivir en aquel lugar.
Bajé las escaleras y siguiendo las instrucciones de tía Lynette, abrí la puerta y me encontré con una imponente cocina muy blanca .ahora que lo pensaba, la mayoría de las cosas en esa casa eran blancas- y con estufas plateadas, el refrigerador era enorme, casi el doble del que tenía en casa. Y había una mesa de vidrio con cinco sillas iguales en donde no había nadie...
Me senté a esperar a mi tía sin hacer ningún movimiento, los nervios casi habían desaparecido por completo cuando la puerta se abrió y mi corazón dio un vuelco dejando lugar a miles de sentimientos encontrados. Detrás de la puerta apareció una figura menuda y un poco regordeta con las mejillas llenas de colorete rosa que la hacía parecer una niña pequeña a pesar de las arrugas y el pelo canoso, venía vestido con un traje elegante de color turquesa, e inmediatamente recordé la prenda que había estado a punto de ponerme y agradecí haberme cambiado. La figura se acercaba a mi, y a cada paso que daba mi corazón latía mas rápido.
Cuando estuvo a mi lado me dio un abrazo tan fuerte que casi hacía que mis ojos se salieran de sus órbitas y con los suyos llenos de lágrimas me dijo:
-¡Querida! Yo soy tu tía Lynette. Cuanto había ansiado conocerte... ¡Cómo te pareces a tu madre mi niña! Es algo increible el parecido entre ustedes. Veo que heredaste los ojos de mi familia- dijo riendo y abriendo bastante los suyos que para mi sorpresa eran exactamente iguales a los míos- No puedo creer que estés aquí, te prometo que la pasaras de lo mejor en mi casa.
Yo estaba estática, no lograba mover ni un músculo, pero el alivio que me produjo saber que mi tía Lynette no era como la había soñado, me sacó de aquel estado y pude decir:
-¡Oh tía! También estaba ansiosa por conocerte. Tu hogar es maravilloso, y muchas gracias por mi habitación, no podía ser mejor de lo que es. Todo aquí es perfecto.- dije, dedicándole la sonrisa mas sincera que tenía.
Me miró con esos ojos iguales a los míos y me hizo recordar a mi madre, cada vez que me miraba y me encontraba con esos ojos que eran como los que yo tenía, sentía una cosa extraña que invadía todo mi cuerpo y me hacia pensar en cuanto la quería.
Cuando mi tía me miró así, estos recuerdos hicieron que mis ojos se llenaran de lágrimas cristalinas y ella me abrazó de nuevo. La acababa de conocer y ya sentía que la quería...
Desayunamos juntas, y el resto del día estuvimos hablando acerca de nuestras vidas y tratando de conocernos un poco más. Tuve el presentimiento de que seríamos grandes amigas, y pronto todas mis preocupaciones se vieron disueltas. Paseamos por el jardín y recojimos algunas flores, manzanas, naranjas y una fruta que no había visto antes. Las manzanas y naranjas estaban deliciosas y descubrí que me encantaba esa extraña fruta que jamás había visto, y pronto se convirtió en mi favorita. Me avergonzaba un poco no saber su nombre, así que decidí no preguntarselo a mi tía y llamarla "puchi". El nombre era ridículo y quizás un poco infantil pero a mi me encantaba. En la casa había también una enorme biblioteca que no tardé en descubrir, y todas las tardes iba y leía algo diferente y muy interesante, a veces sola y otras veces en compañía de mi querida tía Lynette
Y así transcurrieron mis primeros días en París, hablando, jugando, leyendo y comiendo "puchis"...

1 motivos para escribir(::

Ariusk dijo...

Ajajaja y ese nombre tan umm tierno? jeje puchis que comico ah no sabes como me alegra q la tia se una buena persona de verdad que si!!!! estoy debatienome entre seguri leyendo o no pero ya es tarde asi q llegare hasta el 10 por el dia de hoy!! Besos linda!

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